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viernes, 8 de noviembre de 2013

Alberto Benegas Lynch (h.). La trascendencia de la cuestión social. Universidad Francisco Marroquín, de Guatemala, 26 de noviembre del 2008.

 
 

 
Alberto Benegas Lynch
Es la cuestión social tal vez el tema más importante de las áreas que estudian temas de ciencias sociales. Nosotros observamos autores extraordinarios, como por ejemplo Erich Fromm, que tiene una pluma notable, una versación increíble en los más diversos temas, pero cuando toca la llamada cuestión social, esto es, temas vinculados con los asuntos laborales, lamentablemente se desvía del eje central y de los aspectos medulares que ha venido defendiendo en torno a la sociedad abierta. De manera que es un punto muy controvertido, pero es un punto de gran relevancia la cuestión social.

Y creo que es interesante comenzar la consideración viendo el tema del empleo, empleo o desempleo. El segundo punto, el punto realmente relevante, es el tema de los salarios, pero para poder entender la cuestión de los salarios es muy importante elaborar y hacer alguna disquisición sobre el tema del empleo. Nosotros podemos dividir el concepto de bienes económicos… Bienes económicos son aquellos cuya cantidad es menor que las necesidades que hay por ellos; no es como el aire, que es sobreabundante y por eso no es un bien económico, donde no hay precios. Los bienes económicos se dividen en bienes económicos que se usan de forma directa, que se llaman bienes de consumo, y bienes que se usan de forma indirecta, que son bienes de producción; y estos bienes de producción, a su vez, se subdividen  en originarios y derivados; los originarios son los recursos naturales y el trabajo, y para eso hablo de este asunto, del trabajo, y los derivados son los recursos de capital o los bienes de capital. Ahora, el tema por el cual estudiamos economía y hay cátedras de economía y se habla de preocupaciones donde hay derroche o despilfarro de recursos es porque los recursos son escasos. Si los recursos crecieran en los árboles y habría de todo para todos todo el tiempo no habría problema, no habría necesidad de hablar de precios ni asignación de factores productivos  ni tendría sentido la palabra derroche. El tema es que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Ahora, si los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, tenemos que hacer un zoom sobre el tema de qué son esos recursos, y el más importante, el recurso más importante, el recurso por excelencia es el trabajo. ¿Por qué es el más importante? Porque no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso del trabajo. Sin el trabajo no hay nada. Por eso es el más importante. Ahora, ¿cómo puede ser que digamos que el tema económico es que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas y, al mismo tiempo, decimos que el trabajo es el recurso y el factor más importante, y hablamos de desempleo? Desempleo quiere decir que sobra. Acá hay una contradicción. Acá hay un problema. O sobra o falta. Sobra o es escaso. Las dos cosas al mismo tiempo no pueden ser. ¿Cómo es posible, nuevamente repito, que se diga que los recursos son escasos, y el recurso más importante es el trabajo, y al mismo tiempo hablemos de desempleo, que quiere decir que sobra? Bueno, aquí es importante prestar atención en esto. Hay dos tipos de desempleo o de sobrante de trabajo. El desempleo voluntario y el desempleo involuntario. El voluntario es el que no le da la gana de trabajar, el individuo que se está rascando, este, en fin, no es ese el problema. El problema, el drama, la tragedia es el desempleo involuntario, o sea, la gente que pretende ofrecer sus servicios y no encuentran donde hacerlo. Ahora, mi punto y la tesis que quiero marcar aquí es que donde hay arreglos contractuales libres y voluntarios entre las partes nunca, bajo ninguna circunstancia, no importa la pobreza más brutal o la riqueza más exuberante, nunca sobra el factor trabajo, nunca sobra aquel factor que es indispensable para atender las necesidades que está insatisfechas. Si los que estamos acá, en este cuarto llegamos a una isla donde no hay nada y nosotros no llevamos recursos estoy seguro que ustedes comprenden que no vamos a decir, “ahora, aquí, que no hay fuentes de trabajo podemos descansar”. En seguida nos vamos a dar cuenta que no nos alcanzan las horas del día ni de la noche por todo lo que hay que trabajar y todo lo que hay que hacer. ¿Y cómo es el tema del empleo? Yo siembro y cosecho zanahorias y el otro lechugas y el otro…, en fin, al intercambiarnos nos estamos empleando recíprocamente unos con otros, porque nadie dijo que el salario tiene que ser en términos monetarios. Y, vamos, yo le doy cinco lechugas a alguien, el otro me da melones, en fin, así estamos empleados. Por eso la primera cosa que sugiero que se saquen de la cabeza es el tema de las fuentes de trabajo. No interesa, es irrelevante el tema de las fuentes de trabajo. El tema es “las necesidades son ilimitadas, el recurso por excelencia es el trabajo, nunca puede sobrar aquel factor que es escaso, no importa cuál sea la situación”. Ahora, si llego yo a esa isla y les digo, “miren, yo estudié veinte años para ser doctor en física nuclear, le ofrezco mis servicios como doctor en física nuclear”, y ustedes me dicen, “discúlpeme, nosotros no tenemos ni la menor idea de que es doctor ni qué es física ni que es nuclear, necesitamos a alguien que se suba y busque cocos en los árboles”. Si yo insisto en ofrecer mis servicios como doctor en física nuclear voy a estar desempleado pero ese desempleo es un desempleo voluntario. Yo tengo todo el derecho de ofrecer un servicio que ustedes no tienen la menor idea qué es y, por lo tanto, no me toman en trabajo. Yo estoy desempleado voluntariamente. Cuando estamos hablando de relaciones contractuales, cuando estamos hablando de factores laborales, estamos hablando que cuando alguien ofrece sus servicios a otros lo relevante es lo que los demás necesitan de uno, no lo que uno se le ocurre que el otro tiene que necesitar. Entonces uno tiene que…, si yo estoy ofreciendo servicios laborales a ustedes tengo que interesarme de qué necesitan y no algo en abstracto, que a mí se me ocurrió y que nadie necesita y además no saben qué es. Entonces uno se puede imaginar, “bueno, pero si hay una pobreza y una miseria brutal en esta isla, los salarios van a ser muy bajos”… Sí, pero ese es otro tema. Lo que estoy hablando ahora es que no puede haber desempleo bajo ningún concepto, en ningún lugar, si los arreglos contractuales son libres y voluntarios. “Ah, bueno, pero en determinado lugar muy pobre resulta que el salario son cinco platos de sopa”. Sí, ese el otro tema, el tema de los salarios. Estoy hablando que no hay desempleo, sobrante de trabajo, allí donde los arreglos contractuales son libres y voluntarios, donde alguien quiere trabajar y otro quiere tomar el trabajo. Si estamos en esta isla y yo me recibí de economista y otros se recibió de abogado y tenemos que lustrar zapatos y subir a buscar cocos, tenemos que bajar los escalones que sean necesarios, pero estamos diciendo que no hay desempleo, no que tenemos que trabajar en determinada área. Sí, es muy triste, muy lamentable pero ese es un punto muy, muy medular. Ahora, si eso lo hemos comprendido y nos podemos imaginar que los salarios van a ser más altos, como digo, en la medida en que haya más riqueza y más bajos en la medida en que haya más pobreza… Pero mi punto aquí es que nunca puede haber sobrante de trabajo, no puede haber sobrante de aquel factor de producción que es esencial para producir y para prestar distintos servicios, si hay arreglos contractuales libres y voluntarios. O sea, esa tragedia, ese drama que observamos, no sólo para el desempleado, sino para el conjunto de la sociedad, porque hay una fuerza laboral conjunta menor, a raíz del desempleo, nunca puede ocurrir si hay arreglos contractuales libres y voluntarios. Ahora, ¿por qué es entonces que observamos que sí hay desempleo en Alemania, en Estados Unidos, en Argentina, en tantos otros lugares? Porque no hay arreglos libres y voluntarios. Porque donde el aparato estatal, el aparato de fuerza que llamamos gobierno interviene en nombre de las llamadas conquistas sociales… Y ustedes me permiten esta expresión, a mí personalmente me parece una idiotez fenomenal eso de las conquistas sociales… Arruinan a la gente que más necesita trabajar, a los más necesitados y a los más pobres. ¿Qué es una conquista social? Bueno, alguien en campaña electoral dice “bueno, ustedes están ganando quinientos ahora de salario; eso es una cosa miserable e inaceptable, vótenme a mí y yo les cuadriplico el salario”. Sería una cosa muy atractiva que por un decreto podamos hacer aumentar la riqueza de la gente. Yo diría “no seamos tímidos y no empecemos con el cuatro por ciento móvil, el diecisiete, no, hagámonos multimillonarios de entrada y no ahorremos papel ni tinta y hagamos un buen decreto”. Pero lamentablemente las cosas no son así. Si el salario está a este nivel (señala con la mano) y el decreto lo pone a este (señala por encima), toda la gente que está entre este nivel (el más bajo) y este (el más alto) queda desempleada, los que más necesitan trabajar. Supongamos que el presidente hoy de Guatemala, en un rapto de sensibilidad social muy intenso, hace un decreto y dice “a partir de mañana todos los guatemaltecos van a ganar cuarenta mil dólares mensuales”, y el poder de policía va a funcionar bien, para que nadie contrate un honorario o un salario abajo de cuarenta mil dólares. ¿Pues qué se hizo con ese decreto? Todos los guatemaltecos se van a morir por inanición. Nadie va a encontrar empleo. No hay ni siquiera espacio para el mercado negro, porque el poder de policía funciona bien, nadie puede contratar debajo de ese salario. Ahora, ¿qué pasa, en general? En general es que los salarios mínimos no son cuarenta mil dólares, son un poco por arriba del salario de mercado y está perjudicando a los marginales, a la gente menos capacitada, a la gente más necesitada, es la que está barrida del mercado. Se elimina del mercado esa gente. El gerente general, el gerente de finanzas, el gerente de personal ni se entera del problema, a menos que la conquista social los supere a ellos. Si la conquista social los supera a ellos sí se van a enterar porque ellos no van a encontrar trabajo. Entonces, el punto me parece medular de nuevo es que, si hay arreglos libres y voluntarios, no hay desempleo. Si hay intromisiones gubernamentales, sea por salario mínimo, sea por vacaciones, sea por salario familiar, sea por color de ojos, por cuánto calzas, por altura o lo que fuera, está barriendo del mercado a la gente que más necesita trabajar. Y si a eso se le agrega la trampa de la inflación monetaria y se dice “bueno, vamos a inflar monetariamente para darle a la gente aquello que le prometimos en campaña, cuadriplicar, en nuestro ejemplo, los salarios…, los cuadriplicamos”, lo cual implica que el poder adquisitivo se derrite y, en términos reales, lo que estaba ganando esa persona se consumió. Y eso lo paga toda la comunidad a través del costo que implica la inflación monetaria, que ustedes saben, entiendo, lo que esto significa. Entonces, no importa la ideología, no importa la filosofía de los gobernantes, allí donde los salarios son de mercado no hay desempleo, allí donde los salarios superan al salario de mercado hay desempleo. Pongamos el caso de Estados Unidos, que me parece un caso interesante. En el este hay una serie de leyes sociales, incluso seguros de desempleo coactivos, en fin, y hay mucha gente que deambula por la calle y que no encuentra empleo. En el oeste la proporción mayor de gente es gente que trabaja en negro. Son, la mayor parte de ellos, analfabetos en inglés, muchos de ellos analfabetos en castellano también, así que analfabetos absolutos, mucha gente no quiere contratar trabajadores en negro, o sea, el mercado se reduce drásticamente y ¡oh sorpresa!, no hay desempleo. ¿Por qué no hay desempleo? Porque están todos trabajando a salario de mercado. Y si alguien levanta la mano y dice “perdón, yo no estoy con la ley de esa conquista social”, es deportado, porque se está autoinculpando. Entonces, no hay desempleo allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres y voluntarios.

Ahora, sin perjuicio de las críticas y reflexiones de ustedes, vamos a pasar al otro punto, que es el punto realmente relevante, y es ¿cómo diablos se hace para que los salarios sean más altos?. Yo creo que una buena receta es hacer todo lo contarios de lo que viene haciendo Latinoamérica en los últimos sesenta años y ahora, lamentablemente, Estados Unidos, que se han latinoamericanizado mucho. Se dice que los salarios dependen de la sensibilidad social que tengan los empleadores para con los empleados. Se dice que los salarios dependen de la sensibilidad social que tengan los gobernantes para con los gobernados. Se dice también que los salarios dependen de la estructura sindical. Que dependen de la capacidad para decretar huelgas más o menos masivas y revolucionarias. Bueno, yo quisiera transmitirles a ustedes que estas cuatro cosas no tienen ningún nexo causal con el aumento de salarios. No es que son cosas que influyen, que si el empleador es más bueno, en realidad va a ser mejor… No tiene nada que ver la bondad del empleador, pero absolutamente nada que ver. Es irrelevante, inatingente al tema que estamos hablando. El único elemento que determina el nivel de ingresos y salarios en términos reales son las tasas de capitalización., esto es, la maquinaria, los equipos, las instalaciones, las combinaciones de conocimientos para lograr esos objetivos en cuanto a que esas tasas de capitalización hagan de apoyo logístico al trabajo para lograr aumentar su rendimiento. No es lo mismo arar con las uñas que arar con un tractor. No es lo mismo pescar a cascotazos que pescar con una red de pescar. Los equipos de capital aumentan la productividad y en rendimiento y ese es el salario. Entonces, si nosotros en vez de esta ventana que tenemos acá, tenemos un mapa del mundo, digamos acá, y miramos los distintos países y comparamos Etiopía con Uganda, Alemania, la Argentina, estados Unidos, Bolivia…, en fin, vamos a ver que la gente tiene mayores salarios allí donde las tasas de capitalización son más altas y menores salarios donde las tasas de capitalización son más bajas. Todo lo demás es irrelevante. Sólo interesa la tasa de capitalización. Cuando un pintor de brocha gorda se muda de La Paz, Bolivia, a Houston, Texas, gana doscientas veces más, por ejemplo. ¿Eso, qué pasa? ¿Los tejanos son más generosos que los bolivianos? ¿Los bolivianos son más agarrados que los americanos? No, no interesa la bondad. Al revés, pueden ser mejores personas los bolivianos, pero el americano de Houston, Texas, está forzado a pagar salarios más altos porque las tasas de capitalización se lo demandan. Incluso cuanto más altas las tasas de capitalización, más son las tareas más humanas y menos de animales, digamos. Servicio doméstico, mucamas, es algo inexistente, prácticamente, en Estados Unidos o en Canadá. ¿Por qué? ¿Al ama de casa no le gusta tener mucamas? No, no las puede pagar porque las tasas de capitalización hacen que se coloquen en tareas más eficientes. Es típico de un país de África, de Uganda, que una persona, a la hora de la siesta, es abanicada por catorce personas, porque las tasas de capitalización son muy bajas. Esa persona que se hace abanicar a la hora de la siesta, si se muda a New York, y sigue con su misma manía, va a tener que pagar cinco mil dólares mensuales a cada uno y es muy caro, porque están demandados como gerentes de de Xerox u otra empresa. Entonces, el tema es las tasas de capitalización. Ahora, a su vez ¿qué se requiere para maximizar las tasas de capitalización? Tener marcos institucionales civilizados. Tener respeto a los derechos de propiedad. Por eso, en mi libro “Estados Unidos contra Estados Unidos”, destaco el pensamiento de James Madison, que dice “el objeto del gobierno es respetar los derechos de propiedad; un gobierno que no respeta los derechos de propiedad es ilegítimo”. Y eso lo mismo decía Alberdi, en la Argentina, y todos los países cuando eran civilizados. Entonces, esos marcos institucionales resultan fundamentales para maximizar las tasas de capitalización. Y voy a detenerme acá, un minuto, en esto de los marcos institucionales, porque parece una cosa fácil. Sí, tener marcos institucionales civilizados, en fin. Pero tenemos que tratar de profundizar un poco y ver cuál es el significado y el sentido del derecho, porque hoy vivimos en la época de los pseudoderechos. Derecho a la carcajada profunda, a la felicidad… En fin, mi ejemplo máximo, hasta hace muy poco era la exconstitución de Brasil, donde decía que la tasa de interés, en términos reales, tenía que ser el cuatro por ciento. En fin, una cosa completamente demencial. Pero ahora tengo una mejor. Les informo. Los asambleístas de Correa, en Ecuador, propusieron que se incluyera en la constitución (no prosperó, pero lo propusieron oficialmente) incluir el derecho de la mujer al orgasmo. Me parece extraordinariamente imbécil, para mostrar que no hay el sentido de lo que significa el derecho. ¿Qué es el derecho? Si yo gano mil, la contrapartida de ese derecho es la obligación universal de respetarme los mil. Pero si yo gano mil y digo que debo ganar dos mil y el gobierno me otorga ese derecho, quiere decir que le metió la mano en el bolsillo a otro para sacarle la diferencia y dármelo a mí, lo cual lesionó el derecho de ese otro. Por lo tanto es un pseudoderecho. Vivimos en la época de los pseudoderechos. El derecho a una vivienda digna, el derecho a la educación, el derecho a la felicidad, como digo, a la carcajada profunda, al orgasmo, en fin… estas son cosas dignas de Woody Allen, pero no son serias en un régimen constitucional. La teoría o la tradición constitucional de la carta magna de 1215 en adelante era poner límites al poder gubernamental y ahora es abrir las puertas, de par en par, para que el aparato estatal pueda explotar y sacar, de la mejor forma posible, jugo a los contribuyentes o a los ciudadanos. Esto que teóricamente el gobierno, o el monopolio de la fuerza, es para proteger los derechos de la gente, es como enemigo de la gente. Entonces, esos marcos institucionales tienen que ser basados en el derecho. Ahora, ¿cómo podemos tratar de transmitir esa especie de milagro, si se quiere, que aumentar las tasas de capitalización, aumenta los salarios. ¿Cuáles son los pasos? ¿Cómo ocurre esto? Vamos a ponerlo de esta manera. Supongamos de nuevo que esto es un país (señala la ventana) y viene capital de afuera… en realidad lo que voy a decir es lo mismo que si se forma capital internamente, pero queda más didáctico si digo “viene de afuera”. Hay dos supuestos importantes para que esto que voy a decir funciones. Primer supuesto, que acá haya un mercado laboral libre, o sea, no hay las chicanas y no hay los códigos laborales, no hay esas conquistas sociales, en fin… Están todos trabajando, a cinco dólares mensuales, digamos, pero están todos trabajando, todos empleados, primer supuesto. Segundo supuesto, el capitalista que va a traer fondos tiene que estar seguro que si va a la casa de gobierno, a visitar al ministro del ramo, el ministro le va a decir “mire, yo no tengo nada que contestarle a usted, sólo, si quiere tomamos un café, a costa suya, porque no va a pagar el contribuyente, pero, si usted vende algo útil, va a ganar, si vende algo que la gente considera que no sirve, va a perder, pero a mí no me pregunte nada”. O sea, en este supuesto que estoy diciendo no existiría lo que hoy existe, en grado sumo, lamentablemente, en América Latina, que son los barones feudales, mal llamados empresarios, que hacen negocios en los despachos oficiales, que son ladrones de guante blanco. O sea, esto, en este clima, no existiría. El gobierno es para proteger los derechos, la justicia solamente y no dar favores, mercados cautivos ni privilegios. Dados esos dos supuestos ¿qué tiene que tener en la cabeza el capitalista? Sólo servir el capital, sacarle más rédito. Si empieza con fantasías, si empieza a pensar en otras cosas, en la primera asamblea de accionistas va a ser sustituido por otro. Entonces, su idea es servir el capital. Ahora, se pone a pensar, “como no se puede robar aquí”… Porque ver al gobernante y tener un mercado cautivo es un asalto. No queda bien para el estatus social del empresario robar a mano armada al vecino, entonces roban a través del gobierno. Como eso no se puede hacer… Porque abro este paréntesis para decir, como todos ustedes saben, en la vida, dejando de lado la lotería, hay sólo dos formas de enriquecerse: robando a los demás o sirviendo a los demás. No hay otra posibilidad. La ventaja de los que estoy tratando de transmitir es que, en el mercado abierto, en empresario o el comerciante, para mejorar su patrimonio, no tiene más remedio que servir a otro, sea vendiendo computadoras o pantalones o zapatos o fruta o lo que fuera. Entonces, decía, tiene esta idea, y está bloqueada la entrada al gobierno para tener privilegios…Entonces dice “no tengo más remedio que servir”. ¿Y qué significa servir? Ofrecer bienes y servicios, en mayor cantidad de los que ya existen, o nuevos bienes y servicios. Otro paso para producir esos bienes y servicios, o bienes y servicios ya existentes en mayor cantidad, necesita del concurso laboral, intelectual o manual o las dos cosas, y como están todos empleados a cinco dólares, no tiene más remedio que ofrecer seis si quiere atraerse a alguien. Y si en vez de venir este capitalista solo, vinieran (supóngase que es un país latinoamericano) todos los capitales de Europa, Asia y Japón juntos, lo salarios aumentan de cinco dólares mensuales a cincuenta mil dólares mensuales. Y nadie hizo nada especial. Al revés, trabajaron menos, las jornadas laborales son más cortas, la seguridad laboral es mejor…, como consecuencia de las tasas de capitalización. Hay ciertos lugares donde las tasas de capitalización son muy altas, que se presenta una persona y dice “bueno, yo acepto trabajar acá siempre y cuando el entelado de la pared sea celeste claro y la música funcional sea solamente Mozart  y tal cosa…” Y cuando se lo dan no es porque son buenos, es que si no se lo dan no lo tienen. Es parte del salario no monetario, digamos. Al revés, si hay países que tienen fuga de capitales, que son ahuyentados por las barbaridades que se hacen en ese país, los salarios en términos reales tienden a bajar. Y si el stock de capital se mantiene inalterado, con los suficientes ahorros para mantener ese stock de capital, los salarios se mantienen inalterados. Estos son mis dos puntos en la cuestión social. Primero el tema del desempleo, que no hay tal si los acuerdos son libres y voluntarios, y segundo que el aumento de salarios es consecuencia del incremento de las tasas de capitalización, es decir, del aumento de inversión per cápita. Eso es lo que explica el aumento de salarios. Cuando se adoptan medidas populistas, cuando se adoptan medidas de izquierda, cuando se adoptan medidas intervencionistas, cuando alguien dice “pero eso es un disparate, se va a desperdiciar capital…” Cada vez que decimos eso, imaginémonos en el más pobre, por qué ha bajado su salario como consecuencia de que se tiró al mar este capital o se desperdició o se derrochó. Se dice “tampoco exageremos este asunto…” Se hace este dibujo: un empresario con galera, con zapatos de charol, con un abdomen fenomenal, le cruza sobre ese abdomen, esa cosa adiposa, una cadena de oro pesada, y está negociando con un individuo que está descalzo, que está mal vestido, que está hambriento, que no tiene para llegar a fin de mes o a fin de semana o a fin del día… Y se dice “¡no me van a decir que el Estado no tiene que intervenir para regular la fuerza o el poder de contratación desigual!” Yo creo que es un pésimo análisis, una mala caricatura de la realidad, porque los salarios están predeterminados por las tasas de capitalización. Es absolutamente indistinto cómo sea el volumen de la cuenta corriente de quien está negociando. Pongamos este ejemplo, supongamos que George Soros sea el millonario mayor de la comunidad y llega a México y pregunta “¿cuál es el salarios para pintar mi casa?” El salario de mercado el mil “¡ah, pero como yo soy multimillonario voy a pagar cien!” Pues no consigue quien le pinte la casa. ¿A quién le importa cuál sea la cuenta corriente de George Soros? No importa si es multimillonario. No importa si está quebrado. Tiene que pagar mil porque la tasa de capitalización marca mil. Es cierto que esto no es una cuestión que aparece escrita en el cielo todas las mañanas diciendo “hoy los salarios para tal tarea son tanto”. No, hay un tema de información, hay que averiguar, pero es un tema sencillo. Y si no díganle ustedes a cualquier ejecutivo que tome una secretaria por la mitad del salario de mercado y díganme si le dura hasta la hora del almuerzo, porque ya se informó de que el salario no es ese. El tema no es las ganas que tiene la gente de ganar. Yo tengo muchas ganas de ganar, cualquiera de ustedes también… El tema es la tasa de capitalización.

Somos contradictorios e incoherentes si pensamos que nosotros y nuestra familia tienen que tener mayores ingresos y simultáneamente apoyamos a políticos o politicastros, mejor dicho, que arruinan esas tasas de capitalización con sus medidas incoherentes y demagógicas. Que yo no sé…, a veces me pregunto, les pregunto a ustedes, es un poco tedioso, aquí a mi tocayo le pregunto, el estar repitiendo las mismas cosas… Si hubiera errores nuevos, qué interesante sería, porque sería desafiante, tenemos que utilizar la estructura neuronal para buscar nuevos argumentos, pero las mismas cosas hace sesenta años… La vida se vive una sola vez, el segundero pasa rápido. No puede ser que haya tanta gente en estado miserable, que a veces se da por vencida y piensa que esto le viene del destino, de los cielos… Y esto es un grupo de mequetrefes, no sé si tiene sentido acá esa expresión pero, digamos, que manipulan la vida de los demás.

Y quiero terminar estas reflexiones con un ejemplo de un tipo de impuesto que se utiliza habitualmente para aquello que se ha dado en llamar redistribución de ingresos. Hay un filósofo, no sé si Rigoberto Juárez-Paz coincide, junto con Reschel, me parece que Robert Nozick, son los dos filósofos más destacados de nuestra época… Nozick, que hace dos años murió de cáncer, a los sesenta y pico de años, el libro más conocido es “Anarchy, State, and Utopia”, él dice “a mí me llama la atención esto de distribución de ingresos, porque en el supermercado todos los días la gente distribuye ingresos, cuando compra Coca-Cola, cuando compra lechuga, cuando compra distintas cosas en el supermercado está distribuyendo”. Después sale del supermercado y el político le dice “vamos a distribuir ingresos”, y lo aplauden y lo apoyan. Es contradecir lo que acaban de hacer hace cinco minutos en el supermercado. Redistribuir implica volver a distribuir coactivamente lo que se había distribuido pacíficamente. Bueno, una de las políticas fiscales para esto es el impuesto progresivo. No sé si hay estudiantes de economía acá, pero, en fin, le digo que impuesto progresivo implica que la alícuota o la tasa progresa a medida que progresa el objeto imponible. Hay dos tipos de impuestos básicamente. Uno es proporcional, todos ustedes pagan el dos por ciento; el que más gana va a pagar en valores absolutos más porque el dos por ciento de mil no es el mismo que el dos por ciento de dos millones. Pero progresivo quiere decir que el que gana mil paga el dos por ciento; el que gana dos, mil el diez; el que cinco mil el cuarenta y cuatro y el noventa, en fin… Es esto. Se dice “es muy importante establecer impuestos progresivos, palos fiscales o castigos fiscales crecientes a medida que aumenta la productividad de la gente. Eso tiene por lo menos tres efectos centrales. Uno. Es un privilegio fenomenal para los ricos y castiga grandemente a los pobres. Imaginemos una pirámide patrimonial, donde los más ricos están en el vértice, los menos ricos o más pobres están en la base. Ante de establecer impuestos progresivos así era la situación. Se establece un impuesto progresivo y el que está acá paga el diez, el veinte, el treinta, el cuarenta, el cincuenta y cinco, sesenta, ochenta, noventa y tres… Yo no sé si hay acá alguien que juegue al rugby, pero digamos, los que están arriba hacen un hand off a los de abajo, bloquea la movilidad social. En la perra vida llega alguien arriba, porque es destrozado mucho antes de llegar. Donde hay impuestos fuertemente progresivos y observamos que hay gente que progresa es porque se ganó la lotería o porque está evadiendo, pero dentro del sistema es imposible la movilidad social. Es un sistema feudal el que se establece. El que nace rico, nace y muere rico y el que nace pobre, nace y muere pobre. No importan sus virtudes. Y lo importante en los procesos de mercado es que si hay alguien que está en el vértice y no da en la tecla, con el gusto de la gente tiene que bajar con la velocidad necesaria, y el que está en la base y accede, da en la tecla y atiende las necesidades de su prójimo, tiene que subir con la velocidad necesaria. Primer efecto. Segundo efecto, el impuesto progresivo tiende a ser regresivo. Imaginemos una serie de bastones, que son las alturas de los patrimonios de la distinta gente y acá está un bastoncito chiquito, que es el que menos tiene. Supongan que se cobra el noventa por ciento al que más tiene. Esa persona que más tiene va a tener un disgusto, a lo mejor una úlcera, discute con el contador, en fin… Pero básicamente no va a cambiar su nivel de vida, lo que va a reducir es su inversión, su capitalización… ¿Y qué implica esto? Que el más chiquito, en lugar de pasar de diez a quince su salario, lo baja, porque en la otra punta se destrozaron posibilidades de capitalización. Es regresivo el impuesto progresivo. Y por último, esto puede parecer complicado, pero no es, el impuesto progresivo altera las posiciones patrimoniales relativas. Todos los que estamos en este cuarto tenemos posiciones patrimoniales relativas, de dos a seis, de tres a uno, de cuatro a dos…, en fin, distintas posiciones relativas. Cuando pasa el rastrillo fiscal y es proporcional, todas las posiciones relativas quedaron intactas, pero cuando es progresivo todas las posiciones patrimoniales se alteraron. ¿Y qué importa alterar las posiciones patrimoniales relativas? Importa que los recursos son escasos y que la gente está signando esos escasos recursos de determinada manera y le da a esto al rey del chocolate y aquello al productor de zapatos y cuando pasa el impuesto progresivo todas esas posiciones se alteraron. Resulta que yo le quería dar más importancia a los zapatos que al chocolate y ¡oh sorpresa!, después del impuesto progresivo es al revés, el chocolate tiene una posición más prominente que el otro por haber pasado el impuesto progresivo. Entonces, el punto de estos próceres en el caso de Estados Unidos y de tantos otros países que se han preocupado con una visión notable de respetar derechos y tener marcos institucionales civilizados es eso. En esa dirección me parece que es importante que apuntemos y sólo vamos a clarificar estos temas en debates abiertos, en instituciones educativas que son clave y son la única respuesta a estos fenómenos que estamos viendo. No es un tema de maldad ni de mala fe. Es un tema de que no hay suficientes debates de ideas. Y estar en la punta de la silla, por si hay refutaciones aposiciones que siempre son provisorias. Yo decía hace pocos días a Jorge Fontevecchia, que dirige un proyecto editorial monumental en la Argentina ahora, que tiene el diario “Perfil” y quince revistas, que me gustó mucho una frase de un artículo que él publicó hace poco, que es una cosa muy popperiana de las corroboraciones provisorias y las refutaciones, y dice Fontevecchia “en la discusión el que pierde gana, porque se lleva la razón del otro. Esto es importante para el debate tenerlo en cuenta para estar abiertos a nuevas contribuciones y en un proceso evolutivo, que la sociedad abierta y el espíritu liberal no tiene nunca un término. Nunca podemos decir que está la situación terminada. Ernst Cassirer, en un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, que se llama “El mito del Estado”, Cassirer, filósofo político muy destacado, decía que los politicólogos dentro de cincuenta años nos van a mirar a nosotros igual que un químico moderno mira a un alquimista de la antigüedad. No está todo dicho. Uno de los lemas que más me atrae es el de la Royal Society de Londres, que es “Nullius in verba”, que forma parte de un verso de Horacio que dice que no hay palabras finales. Esto no es un tema cerrado. Tenemos que estar siempre atentas para nuevas contribuciones.
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