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domingo, 31 de mayo de 2015

Los fundamentos del comunismo y del nazismo: "Los creyentes y su necesidad de creer".

 

El grado de fuerza de un individuo (o de debilidad, por decirlo más claramente) se manifiesta en la necesidad que tiene de creer para prosperar, de contar con un elemento "estable" lo más sólido posible para apoyarse en él. El cristianismo, el islamismo, el comunismo, el nacionalismo, el nacionalsocialismo siguen siendo hoy necesarios para la mayoría, porque en ellos se encuentran coberturas frente al abismo de la incertidumbre. Así es el hombre; si necesita un artículo de fe, aunque se lo desmientan de mil maneras, no dejará de considerarlo "verdadero", de acuerdo con aquella célebre "prueba de fuerza" de la que habla la Biblia. Algunos siguen necesitando la metafísica; pero está también ese impetuoso deseo de certeza que hoy estalla en las masas, bajo la forma cientificista, ese deseo de querer poseer algo absolutamente estable (y con el calor de ese deseo preocupa muy poco contar con argumentos propios para fundar la certeza). Todo esto manifiesta igualmente la necesidad de apoyo, de sostén, ese instinto de debilidad que, en definitiva, conserva las religiones laicas y no laicas, las metafísicas, las creencias de todas clases. Por otra parte, todos estos sistemas están envueltos en humaredas de un negro pesimismo, que tienen algo de cansancio, de fatalismo, de desilusión, de miedo a una nueva desilusión, o manifiestan visiblemente también resentimiento, malhumor, escapismo exasperado de la realidad, junto a todos los otros síntomas o disfraces del sentimiento de debilidad. Incluso es siempre una muestra de la necesidad de una creencia, de un apoyo, de un asidero, de un sostén. La creencia es siempre anhelada con más urgencia cuando falta la voluntad. Cuanto menos capaz se es de ejercer la soberanía individual más se experimenta con urgencia el deseo de una realidad, de un ser o de una autoridad que ordene con energía, ya sea un dios, un líder, un estado, un médico, un confesor, un dogma o un partido político. De este modo, es lícito concluir que las religiones universales (comunismo, cristianismo, islamismo…) podrían deber su nacimiento y su rápida propagación a la incapacidad de ejercer la soberanía individual. Y así ha sido en realidad, si estimamos que esas religiones mostraron el deseo de un "debes" exaltado desesperadamente hasta el absurdo. Al predicar el fanatismo ofrecieron a innumerables almas un sostén, una nueva posibilidad de soportar lo real. Pues el fanatismo es el único escudo de los débiles y los inseguros. En la medida en que hipnotiza de algún modo la totalidad del sistema mental que descansa en la percepción del mundo sensible, provoca hipertrofia de un punto de vista conceptual y afectivo particular que predomina en adelante. En cuanto un hombre llega al convencimiento de que ha de recibir una orden, se convierte en creyente. Por el contrario se da en algunos una autodeterminación alegre y fuerte, una libertad de querer, ante la cual el espíritu desecha toda creencia y todo deseo de certeza, por haberse ejercitado manteniendo el equilibrio sobre el ligero alambre de la posibilidad, libre así del vértigo ante el abismo de la existencia. Un espíritu así es el espíritu libre por excelencia.

Adaptado de Friedrich Nietzsche

 

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