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miércoles, 17 de junio de 2015

Antonio Escohotado entrevistado el 18 de noviembre del 2009, en Madrid, para Blogaliza Televisión.


-¿Cuál fue tu motivación a la hora de escribir este libro? ¿Qué te llevó a hacerlo ahora?

-Pues una necesidad de saber qué sabía yo del pasado. Tener una idea del pasado no completa, y entonces... Ha llegado una época de mi vida donde, pues tienes que ser especialmente consciente. Tienes que buscar la ecuanimidad en diferentes líneas de conocimiento y sobre un asunto tan grandísimo y monstruoso como el pasado, el pasado de mi civilización. Esto..., explicarme las cosas siempre en forma genética. Cómo surgieron..., hasta el momento de su decadencia, o si no, de su permanencia, porque también muchas son permanentes y no de caen... Esto siempre ha sido una constante de mi entendimiento. Pudiera vincularse, incluso, a un daltonismo, pienso yo, porque hay esas personas que pueden saber las cosas en plan de clasificarlas, por ejemplo, pues..., el mundo disciplinario..., un mundo de clasificaciones. Entonces, creo que al sentirme viejo, pero no vencido, decidí que el pasado era lo que me interesaba, y me puse a trabajar, frenéticamente. Pero es que luego había... Yo he tenido una asignatura pendiente, que había sido muy, muy rojo, e incluso, yo no me había dado cuenta, yo..., había sido hasta un punto incompatible con el humanismo. Yo tenía esa asignatura pendiente, digo, pero..., de milagro no he hecho yo daño a alguien, no se me ha ocurrido atracar un banco para sufragar alguna disparatada causa revolucionaria. Yo pertenezco, precisamente, a esa década tremenda que fueron los setenta, digo de terrorismo, y con esa asignatura pendiente..., se mezcló lo uno con lo otro y dije: voy a mirar la historia de los enemigos del comercio. Voy a mirar la historia de esos que siempre tienen la misma proposición: la propiedad privada es un robo y el comercio es su instrumento. Y entonces, pues ahí está. Salieron “Los enemigos del comercio”. Fíjate, estoy ahora peleando con el tomo II. El tomo II fue el primero que escribí, pero claro, con el nivel de información que ahora tengo, no me sirven las cosas que hice en el tomo II. Tienen que mejorar, y ahí estoy, luchando como un loco. A ver..., ¿cuál es la segunda pregunta?

-La segunda pregunta es: las historia de la economía de los últimos dos mil quinientos años ¿es la historia de las religiones?

-Mira, la historia de la economía es la historia de la realidad. La historia de las religiones es la historia de los sueños. Por supuesto que los sueños los sueña una persona real, durante un acto orgánico. Los sueños les gustan a los románticos y las realidades les gustan a los realistas y, por ejemplo, la economía es un..., es una cancha, como dirían los argentinos, es una cancha muy fastidiosa, difícil, porque es..., cuando luego profundizas un poco más te das cuenta de que es muy difícil. Le pasa algo parecido, pero completamente inverso, que a la geometría. La geometría es tan sencilla que los teoremas, muchas veces, no puedes acceder a ellos porque requieren que te bajas tu nivel intelectual. Esto es un verdadero problema. La economía tiene sus verdades como puños, pero luego está diluida en una tal información de detalle, en un ropaje tan bestial, que no hay quien lo aguante, o sea, vamos, sí hay quien lo aguante, pero hay que tener mucho aguante, porque se diversifica en millones de pequeñas acciones. Tú no puedes decir en economía que es que tal cosa... No se puede predecir en economía. Sabemos, desde luego, que los precios se forman por una combinación de personas que ofrecen cosas y personas que demandan cosas. Eso está claro, pero aparte de eso, ya...

-¿Se puede decir que es en el siglo XVI, creo recordar, cuando la mayor parte..., la mayor parte no..., unos cuantos de los elementos del comercio..., unos cuantos de los agentes, dejan de entenderlo y siguen estando dentro de él, pero sin entenderlo? ¿Eso tiene alguna importancia?


Es que yo creo que nunca se ha acabado de entender del todo, además de..., por parte de los agentes económicos el proceso económico en su conjunto, aparte que yo..., que nadie lo entiende. Yo desde luego ni de coña.

-Eso me tranquiliza bastante...

-No, no, no, yo ni de broma, no..., pero..., eso es..., personas que sufren una vocación, la vocación del intercambio, que no se ha tomado en cuenta..., digamos... Porque es que el mundo ha estado fascinado por guerreros y clérigos y, afortunadamente, está cambiando de idea, desde, aproximadamente, la revolución comercial del siglo XII o así y, entonces, donde reinaba la sublimidad sangrienta, empieza a reinar un prosaísmo, un poquito más respetuoso con eso..., con los derechos del hombre, con la dignidad humana.

-Los “Enemigos del comercio” es una historia de personas, de nombres propios, creo... ¿sabes mucho más sobre el ser humano que antes de escribir este libro?

-Desde luego, desde luego... Es que yo estudio para aprender... Y se aprende. Lo que pasa es que hay que tener, digamos, la paciencia, que en este caso, la verdad, es que ni siquiera me lo tomo como paciencia, porque la verdad es que me lo tomo con gran entusiasmo, en general, pero por supuesto, hay que dedicarle mucho tiempo a lo que dicen otras personas, de otras vidas, y ni más ni menos...

-¿Y alguna cosa que hayas aprendido sobre el género humano?

-Bueno, claro, volvamos..., sigo con mi colocón, sí... Yo he aprendido no sólo a escuchar, sino a aprender. En realidad me da la sensación de que todo lo que he escrito hasta ahora, y gran parte de mis pensamientos, pertenecía a un orden de búsqueda de la inteligencia expuesta en una forma elegante. Pero claro, esto es una frivolidad. Interesa mucho más tener un aparato receptor para ecos de lo permanente que, claro, el indicador de lo permanente es el pasado, Por eso es por lo que tiene esa capacidad de fascinación, que en un mundo actual de pasatiempos y pantalla, las personas tienden a confundir la vida con su vida privada. Solamente esa..., y todo lo que no pertenezca a: “pues hoy estoy de buenas, pues una de buenas, hoy estoy depre, pues una de malas...” Yo les deseo el bien a todos mis congéneres. Lo que pasa es que esa actitud de pasar el mundo por el filtro de uno mismo..., así, psicológico, con nombre y apellidos y número de teléfono, no sé..., ojalá les vaya bien, pero lo dudo... A mí no me basta. Yo necesito, buena parte del día, dedicada a que nosotros, todos nosotros, me digan, de alguna forma..., me den señales, de alguna forma... Eso es lo que ahora me alimenta.

-La pregunta del millón. ¿Podría resumirme la Revolución Francesa en pocas palabras? No te voy a decir lo del minuto. En pocas palabras.


Pues sí. En el libro lo cuento. A mí me encantan los “protas” de la Revolución Francesa. Un hombre como Saint-Just ha sido un héroe para mí, siempre. Lo que pasa es que a mí me han enseñado una historia, que ahora llamaría conmemorativa..., empezó llamándola conmemorativa un historiador francés, el primero que se atrevió, ya bien entrado el siglo XX, a tomar aquello en plan un poco objetivo, fue ese, Furet, el que la llamó conmemorativa, historia conmemorativa. Pues te cuentan una película, pero que no tiene nada que ver con lo que pasó. La película es que aquello fue una iniciativa liberal. Liberal, es decir, personas preocupadas porque el prójimo no sea presionado arbitrariamente por un tercero, estos son los liberales. Decir que la revolución francesa es una iniciativa liberal..., oiga, pues sí, me lo han dicho, se lo siguen diciendo a mis hijos y a mis nietos, pero es falso. No fue una iniciativa liberal. Fue la iniciativa totalitaria inicial. Es la manifestación lapidaria, además, yo diría que incambiable, nada puede tocarlo, de resentimiento social a lo bestia. Simplemente decir, bueno, que los buenos eran los patriotas, los malos los antipatriotas, los monárquicos, pero lo que consumó fue la operación dualista. Dividir el mundo en blanco-negro, bueno-malo. Eso se quería hacer y eso se hizo como nunca. Gracia a Robespierre y Hebert y sobre todo el peor de ellos, que es Marat, posiblemente uno de los hombres más encolerizados que la historia que la humanidad contenga, que además era suizo, como Rousseau, otro enfadado parecidísimo, de estos partidarios de que: “retrocedamos al hombre primitivo...” Ya, ya...

-Los grandes pensadores de la historia que podemos conocer tuvieron...

-Fueron muy lúcidos en algunas cosas.

-Fueron muy lúcidos en algunas cosas...

-Y en otras nunca.

-Y en otras totalmente extraterrestres, vamos, que parece fácil decirlo muchos siglos después, o muchos años después, pero que muchas..., es que no se me ocurre ningún ejemplo ahora, pero muchas veces te dices: pero con lo lógico que es esto que pensaba, esto otro que, en sus mismas circunstancias, no es porque yo lo vea ya, con la lección aprendida...

-Lo ves en un caso más concreto en Descartes, porque por un lado es un hombre tan racional como para inventarse la geometría analítica, que es un..., la geometría proyectiva, que es un instrumento utilísimo bueno, figúrate la cantidad de cosas que ha salido de ahí: el álgebra... Y sin embargo tiene una idea tan escindida del ser humano, que acaba teniendo que proponerse la existencia de una glándula inexistente, donde se van intercambiando partículas de materia pensante con partículas de... (“res pensante”), con partículas de “res extensa”. Dice, pues..., un señor tan razonable para lo uno..., vaya tú qué cosa...

-Bueno, y..., entonces la crisis actual, si es que estamos en crisis..., tú dirás...


-Hombre, se diría que es una crisis fastuosa, para gran parte de la población. Hace mucho tiempo, yo creo que esto es el gran evento contemporáneo, yo diría que desde mediados del XVIII, para las personas un poco espabiladas ya no hay hambre y esto es muy de destacar..., digo en Europa, claro, en las zonas civilizadas de Europa, o en América, Nueva Zelanda, Australia. Desde hace mucho tiempo, desde hace doscientos cincuenta años, para una persona espabilada...

-¿Hay un momento anterior comparable?

-La principal crisis contemporánea se puede definir como ¿de qué manera los padres o los abuelos podemos transmitir a la siguiente generación la necesidad de austeridad y trabajo incansable? Pensar que se puede tomar el pelo a la naturaleza, que se puede hacer relaciones públicas con la naturaleza, siempre que paguemos lo suficiente a la empresa correspondiente, que nos haga unos informes de consultoría y no sé qué... Eso son bobadas y, bueno, sin embargo..., si también la crisis es la crisis en la capacidad para transmitir valores, a mi juicio, para decirle a nuestros hijos: oye, no todo el campo es orégano, subnormal, aquí no hay más que lo contrario de la magia, que es el trabajo, la paciencia de lo negativo. ¿Que tú creas que el mundo se va a preocupar mucho de que tú estés o no entretenido hoy?, ¡anda ya!, cúrate de esa sandez cuanto antes. Lo que pasa es que, claro, como todas las instituciones del mundo estná montadas para que también aparezca una persona, que es el que las consume, el que realmente quiere cambiar de coche para mayor, quiere comprarse una pantalla televisiva mayor, sueña con tener un nuevo artefacto que le va a dar mayores prestaciones... Yo eso lo comprendo. Esta gente es la que está manteniendo el mundo. Esta gente es tan sagrada para mí como cualquier otra gente, pero además, encima, son agentes económicos oportunísimos. Son los que están sosteniendo el sombrajo. ¿Qué es lo que el sombrajo da? Número de vidas posibles. Una sociedad es magnánima cuando puede producir el doble, o el triple, o el cuádruple de bocas de las que tenía antes, porque eso es abrir la oportunidad de vida a una persona y eso es lo más grande que podemos imaginar. El que lo olvide, pues, bueno, demuestra con eso su propia banalidad...

Una economía que va mal tiene intereses altísimos. Por ejemplo, los romanos, pues tenían casi un cien por cien de intereses, si lo mide anualmente. Hume comenta ¿Prosperidad de una sociedad?, igual a interés del dinero a la baja, pero claro, cuando hay tantísimo dinero le dices... ¿Cómo se relaciona el tantísimo dinero con la bajada de tipos generales sobre el dinero? Pues muy mal. Y en esas estamos. Ya depende, durante quince o veinte años le han estado vendiendo al mundo una seguridad en el riesgo, que es la ingeniería financiera, que es un fraude del principio al fin. Es decir, en vez de asegurar contra el riesgo, lo que pasa es que aquello es muy caro, el riesgo se convierte en más riesgo por la..., se lo ha creído el que ha querido, porque cualquier persona que ve que el dinero está al dos por ciento y se mete el suyo, no sé, como el que mete la mano en la cueva del basilisco, para que le den el diez, o el ocho, o el dieciocho..., pero bueno ¿qué te esperas?, o sea, ¿qué esperas? Vuelve a ser un poco esta historia, también, del que confunde su particular ser con el interés del universo. Auto-importancia, un ataque de auto-importancia, típico, en general, del ser humano, pero excitado por una sociedad del pasatiempo, como la que tenemos, donde, digamos, la insustancialidad, la falta de profundidad pues, no sé..., aparte de ser muy frecuente es, incluso, rentable... Sí, con consumidores como yo ¿dónde íbamos? Yo me lo planteo mucho. Pero claro, me siento claramente en esta misión..., no sé como se podrán inventar las generaciones posteriores lo que para la mía había ha sido el ideal del conocimiento y del estudio...

Por ejemplo, veo que se han cambiado las drogas, pero se siguen tomando con la misma brutalidad con la que se tomaban en mi tempo. En los años setenta se tomaban las drogas con tanta destructividad como la que había para general... Septiembre Negro, ETA, IRA, Fracción Roja del Ejército Rojo, Brigadas Rojas, Francia Combatiente, una..., Montoneros...

-... que se acabase el petróleo tenía que ver con un cambio de costumbres?


-Cierto..., no, sí, por eso...,de ahí viene lo del año luz, que es que la sensación..., que es que el petróleo, si se va a acabar en treinta años, entonces es que no se acaba. Vivimos en un cortoplacismo que es consustancial a la especie humana, en todas las épocas (Hume lo consideraba el mayor defecto congénito de nuestra naturaleza, el corto plazo, el valor del corto plazo). Es que, claro, tenemos treinta años, por ejemplo, que será lo que dure, no más, el petróleo al ritmo actual, si es que durase eso. Pues ya nos parece mucho. Dice: ¡uh!, treinta años, ya le toca a otro. Y luego hay la astucia de la razón en el ser humano de efectivamente lanzarse a caminos que dices, ¡pero coño!, esto no lo puedo eternizar, esto no..., y sin embargo lo hago. Yo creo que por eso salimos de la condición cavernícola, y estar ahí de pelea con un par de mamuts. Sinceramente, creo que sin riesgo no hay beneficio. Eso es esencial. Es otra de la piedras miliares de la economía..., sin riesgo no hay beneficio. Pero hay riesgos absurdos y hay beneficios intolerables. Una cosa no cambia la otra. El caso del petróleo..., hay que buscarse una energía alternativa pero, digamos..., esto es lo obvio. Es más interesante ver hasta qué punto los seres humanos siempre ha estado acojonados ante los frutos de su propio progreso. Yo empiezo el tomo II con Malthus, porque con Malthus empieza el siglo XIX. Vamos, es del noventa y ocho, o así, pero es prácticamente el siglo XIX. ¿Qué es lo que dice Malthus? ¡Oiga, que las curvas de población podrían cortarse con las curvas de producción! Que si sigue creciendo la población como está creciendo ahora en Inglaterra, debido a la revolución industrial, que, rápidamente, habrá una hambruna absoluta. Te das cuenta de que no se ha producido nada parecido en Inglaterra ¿no? Fue el libro más leído durante cincuenta años. Todavía hay tres o cuatro sectas activas neomalthusianas. ¡Gusta la alarma! Es uno de los alimentos de la conciencia. Y si valía Malthus a principios del XIX, a principios del XXI vale cualquier cosa. En ese sentido hay que decir: el ser humano no se plantea desafíos superiores a los que él mismo es capaz de resolver. Eso es algo así como la mano invisible o la astucia de la razón. Por otra parte eso no nos exime de ser, libre sí, pero responsablemente, en cada fase del proceso. ¿Que queremos libertad sin responsabilidad...?, pues somos unos farsantes. La vida se encargará de denunciarnos y demostrarnos nuestra naturaleza de payasos... Pero, a pesar de todo, hay que seguir luchando por la libertad. Yo no le veo otro camino... Frente a esto, frente a la sensación de ¡oiga que no cabemos, que es que no cabemos aquí...! Que es que no cabemos, en cuanto la gente esté un poco cómoda, igual que estamos nosotros, es imposible; esto es insostenible. Y está pasando ya. Ni más ni menos que China e India, juntas..., y Brasil... De repente miles de millones de personas están pasando, efectivamente, a nuestro nivel de consumo. ¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. Lo único que puede un historiador decir es: oiga, le recuerdo a usted lo de Malthus para ver hasta que punto el catastrofismo puede ser, primero, falso y, segundo, comida favorita de la conciencia, digamos, degradada.

Apaga esto un momento, que veo que tenemos que renovar nuestras copas.

¡Como me estoy divirtiendo!

-Ahora venía hablar sobre tu web, sobre que tienes tu libro “Los enemigos del comercio” que se puede descargar completo, capítulo a capítulo, y yo quería preguntarte si has tenido problemas con la editorial para hacer esto, y...

-Bien, no he tenido problemas porque son encantadores. Porque Ana rosa Semprún, que es la directora de Espasa, me trata con un cariño infinito, con una generosidad ilimitada. No he tenido problemas por eso, por la actitud que tienen conmigo, pero..., pero me han pedido que no haga lo mismo con el tomo dos. Y no haré los mismo con el tomo dos. He metido ya cuatro capítulos y quizá meta otros tres o cuatro, pero no todo. Tampoco hay que exagerar. Hablan de seria, seria crisis editorial en este país. Yo por otra parte, claro, es lógico, cada vez vendo menos... No se vende lo mismo aprendiendo de la drogas que “Los enemigos del comercio”. Dos tomos..., normal, yo nunca pensé otra cosa. Creo que también es un poco pesado ir por la vida pidiéndole peras al olmo y luego diciendo: ¡ay, a última hora, pues yo no lo había calculado, lo que pasa es que aquello...! Este tipo de comedia, pues cada vez me resulta menos atractivo... Y cada vez soy más intolerante hacia eso, de modo que, lo que quiero no es influir sobre otras personas. Lo que quiero es satisfacer una necesidad personal de auto-aclaración, que tengo desde..., desde siempre, y la relación que esto tenga con el “copy free”, que es como se llama, “copy free”... Es que me encanta compartir. Me encanta poder colaborar pero, debo confesar que trabajaría igual si no tuviera lectores. Lo único que hago para el lector, y hay que reconocer que es mucho, es intentar ponerlo de una forma un poco fluida, lo menos pesada posible, dentro de la pesantez general que no puedo poner en duda. Un poco menos rollo... todavía me queda por establecer algunos puentes entre los enemigos del comercio antiguos y los enemigos del comercio actuales. Para cuando termine espero que esta ideología haya sufrido alguna merma, porque en realidad a mí me tuvo acogotado durante mucho tiempo, y estoy avergonzado de tanto como pude despreciar al ser humano, tanto como pude alejarme del humanismo, pensando que sí, lo que necesitaban todos era una buena revolución.

-Quería preguntarte ahora si sabes quien está leyendo tu libro, quienes son los lectores más numerosos de tu libro, el tipo de...


-Pues verás. La crítica es definible en forma de extremo laconismo. Los periódicos fundamentales..., las secciones de cultura de los periódicos que siempre han recensionado hasta ahora mis libros, este no lo recensionan. ¡Qué le vamos a hacer! Ha aparecido en la Revista de libros una crítica donde, ciertamente, con una ira contenida..., muy contenida, un enemigo, en este caso enemiga, del comercio, pues claro..., hace una recensión que, por una parte, tiene que ser de un cierto estándar académico, pues claro, es la Revista de Libros y no se trata de un suplemento de un periódico..., tiene que hacer eso, pero entonces lo que queda es una especie de..., un género que pudiera llamar plasta-académico donde simplemente yo no sé si le parece bien o mal; simplemente no lo sé. Pero se consigue, a base de sostenerse ocho o diez párrafos. Lo que sí sé que le cae mal es hablar de los enemigos del comercio, ponerlo como tema de..., ponerlo sobre la mesa. Eso parece inoportuno y, además, confunde quizá campos diferentes. Esa es, digamos, la tónica. Todo lo demás es silencio. Sin embargo, en la red sí hay unas cuantas respuestas. Una, que me parece que se llama “el hilo rojo”, se llama “¿enemigos de qué?”, donde evidentemente me acusa de todo tipo de cosas y no vale la pena ni recordarlo. Aparte de esas, pues hay algunas que me han enseñado, incluso, que son lectores más inteligentes que yo. Por ejemplo, me han hecho ver las conexiones del libro con “Caos y orden”. Me han hecho ver que, en realidad, es una trilogía. No son estos dos volúmenes. Son una trilogía. El prólogo es “Caos y orden”, que, por cierto, no me gusta más que la primera parte del libro; la segunda me parece..., flojilla. La primera, pues, estoy de acuerdo. Entonces, en “Caos y orden” planteaba un conocimiento basado en la incertidumbre. En vez de rechazar la incertidumbre, aceptarla, y estos lectores de “Los enemigos del comercio” me han hecho ver que sí, que yo me había obligado desde entonces a un tipo de historia, vamos a decir..., parecida a la que hace un regidor..., cuando tiene muchas cámaras y tiene que retransmitir un evento..., y entonces en ese mosaico de pantallas va eligiendo en cada momento la que es, a su juicio, más expresiva. Al llegar al siglo XX, y ya en el XIX, la información se hace tan densa... Hay tantas cosas y a tanto ritmo por minuto, como antes decíamos, a veinticuatro pantallas, imágenes por segundo, que, entonces, el trabajo del historiador no es tanto seguir un caudal como manejar la cámara de mezclas, y esto lo tiene que conseguir a base de fuentes variadas, y una vez que esas fuentes se coordinan razonablemente, y eso sólo viene con el tiempo y el trabajo, entonces lo que vas a tener es una secuencia de primerísimos planos y planos más generales. El dinamismo del asunto se juega en eso. Pues darme cuenta de eso me viene de una crítica que he leído en la red a “Los enemigos del comercio”.

-Y volviendo a la red, hablábamos antes que hoy en día estamos todos a tiro de piedra, interconectados... Y, retomando el hilo de la situación actual, ¿las grandes decisiones pueden cambiar de manos, hoy en día? ¿Tú crees? Todavía no hay...

-¿Grandes decisiones pueden cambiar de mano? Ale, sé un poco más franca conmigo. ¿Qué quieres decir?

-Quiero decir si..., si la gente que no está en puestos de decisión, digamos, el ciudadano de a pie se da cuenta de que hay muchísimos más que piensan como él y que, además, está en comunicación con todos ellos..., si nos podemos plantar en algún momento...

-Sería fantástico. Sería estupendo. Lo que pasa es que no sabemos bien cómo plantarnos. Da la maldita casualidad de aquello que decía Hegel, que es tan desagradable, de que todo lo real es racional..., es tan desagradable que a lo mejor hasta tiene fundamento, con lo cual, ¡hay que jorobarse!, hasta lo peor está justificado. Hay que curtir el alma para tragarse piedras como esta. Es que, en realidad, creo que ha sido un milagro crear la condición humana. Yo lo veo lo que Darwin llamaría evolución, proceso evolutivo, que se lo inventó antes y mejor Hegel, que, por supuesto, fue leído por Darwin para poder escribir Darwin lo suyo. Pues yo lo veo portentoso. Entonces, en parte, quizá, me ayuda el hecho de saber que cualquier cosa que me pase, probablemente, ahora, va a ser mucho más grave que me haya pasado nunca hasta ahora, o sea que me acerco al final. Y entonces voy entendiendo mejor, al acercarme al final, esa sensación de precariedad que yo creo que siempre ha inspirado la historia y ha hecho que salgamos de las cavernas y nos ha puesto, ahora, en esta sala, a hablar con esta brutal implementación de equipo técnico que nos rodea. Es..., quizá no haya sentido, como dicen las religiones, sentido..., sentido de redención. Quizá, yo..., no por compromiso, no por dogmatismo, no por evitar ser ateo, si no tengo motivos para creer en ninguna fe... Tampoco me gusta declararme ateo... Eso parece como si yo supiera que, efectivamente, no hay fuerzas superiores al espíritu humano... Pues no lo sé..., y como no lo sé, pues no opino. Vamos, no es que no opino... No me decido. No me resuelvo.

-Pues..., es que a mí me ha dado bastante que pensar que..., lo que hablábamos antes del software libre..., no porque sea ahí un icono sino, hablábamos del software libre porque lleva habiendo, durante muchos años, mucha gente que hace cosas y que decide que es bueno que otros las tengan.

-¡Ah, bueno!, así estamos bien.

-Entonces, y eso, lo que comentábamos, que la gente se ha dado cuenta de que no hace falta conocer a las personas físicamente y darse abrazos para trabajar con otras personas en un punto en el que coinciden con ellas, ¿no? Y entonces, en ese sentido, claro, la red es muy joven. Le pedimos muchísimo. Yo siempre digo lo mismo. Le pedimos muchísimo. Llevamos muy pocos años. Todavía no sabemos lo que puede dar de sí y queremos ya todo para ayer, pero yo tengo confianza en que sigamos en ese camino y que realmente se puedan tomar decisiones, muy simples, pero que pueden ser importantísimas, en un momento dado.


La segunda parte, básicamente, se dedica a las posibilidades de democracia directa que se derivan de la presencia de la red. La verdad es que creo que habría que matizar mucho lo que yo pensaba sobre democracia directa. Pero la red nos ha enseñado ahora dos o tres cosas fundamentales. Una, que se puede mantener gratuitamente y que se puede mantener gratuitamente gracia a cobrar al anunciante, básicamente… Pero ha producido genios del calibre de los que han creado Google y, entonces, ya nos ha puesto toda la información pertinente, en nuestras manos. Se dice pronto. Esto es mucho más que salir de las cavernas. Esto es realmente ingresar en la dimensión superior del espíritu y del conocimiento. Ahora, quien quiera y pueda, es un sabio. Ya no tiene excusa. Es fantástico. Y si luego te fijas, eso no sólo es gratis, sino que, además, está lleno de generosidad. Está lleno de personas que están tomándose un trabajo para que otras tengan información. ¡Ah! ¡Qué maravilla! Es que las personas son benevolentes, pero es que la red demuestra que las personas son benevolentes, es decir, nos obliga, nos responsabiliza con la esperanza que tienen los que trabajan ahí y con el optimismo que preside sus acciones. Lo otro…, el derrotismo…, puf, cada cual se lo comerá como pueda, pero eso es siempre indigesto, y lo digo por experiencia, y por eso me he puesto a redactar “Los enemigos del comercio”.
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