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sábado, 6 de junio de 2015

Antonio Escohotado entrevistado por Héctor Barbotta, el 1 de abril de 2007, en el diario Sur de Málaga.


Usted acaba de participar en un foro de prevención de drogas entre los jóvenes. ¿Qué es lo que hay que prevenir?
La falta de propia estima, la falta de formación.
Todo se transforma en mercancía en este mundo. Sin embargo usted aspira a que las drogas dejen de serlo.
No aspiro a que no sea una mercancía. Quiero que sea una mercancía controlada.
¿Que no lo sea es lo que provoca las calamidades ligadas al narcotráfico?
Hay muchos más temas que problemas ligados a las drogas. A problema le podemos quitar la erre y es problema. Es una forma de querer ver esto sólo con conflictividad cuando es un campo de desarrollo humano, igual que cualquier otro. Las drogas son una variante de la tecnología.
Dice usted que perder la cordura no es lo mismo que perder la rutina psíquica. Explíquemelo.
Claro. Algunas personas pueden perder la rutina psíquica sin caer en un infierno de querer matar a papá o a mamá, querer suicidarse, salir a la calle a pegar tiros. Otras no. Esas personas que no pueden entrar en su interior sin mover demonios, pues la verdad es que les convendría dar cursillos de drogas, y sobre todo droga a droga y evitar alguna.
El trabajo, internet y el teléfono móvil. ¿Cuál de estas adicciones le parece más peligrosa?
Son tres coñazos, pero en la primera, la adicción al trabajo, no creo. Es la respuesta a la situación de intemperie que tienen los seres humanos por haber nacido en un planeta como la Tierra, que está muy bien, desde luego mucho peor serían Júpiter o Marte, pero está dominado por condiciones de intemperie. A un kilómetro por abajo hacen unas temperaturas insufribles y a cinco kilómetros por arriba, también. De modo que el trabajo es una respuesta a la intemperie. En cambio, las otras dos son más que adicciones son manifestaciones de aburrimiento. El origen de gran parte de las debilidades humanas es que al no tener centro propio, algunas personas se aburren enormemente y buscan soluciones que no son exactamente las que les convienen.
¿Qué hace usted para no aburrirse?
Estudiar. Enterarme de qué hacían y qué pensaban otros en otros tiempos.
¿Hay más personas con tendencias adictivas que sustancias peligrosas?
La sustancia no tiene ninguna culpa. Es como si le echaran la culpa a los coches, a los revólveres o a la dinamita de lo que hacen los seres humanos con esas cosas. Eso es ridículo, una variante del maniqueísmo, que a su vez viene de la profecía bíblica del bueno y el malo. Recordemos que el bien y el mal son adjetivos, y que las cosas que cambian en el mundo son sustantivos. Igual que yo digo caballo, no puedo decir no caballo. Pero cada vez que digo bueno, tendré que pensar en malo. El que se quiera reducir a esto segundo, pues ya se condena a un nivel muy bajo de comprensión, e incluso de bienestar.
Hablando de maniqueísmo, ¿cómo se toma las críticas al neoliberalismo?
Ignorancia. No se ha comprendido la teoría de la creación y distribución de la riqueza. Yo tampoco la había comprendido; fui más rojo que nadie. Mi padre fue fundador de la Falange, y yo tuve que luchar como nadie. Gracias a Dios no tengo crímenes a mis espaldas por el FRAP o por la banda Baader-Meinhof. Podría haberlos tenido y me alegro de no tenerlos. Y tengo una deuda como síndrome de Estocolmo con esa estupidez, que básicamente es simplismo. El ver las cosas maniqueamente. Los liberales, la ventaja que tienen es que se dan cuenta de que dentro de toda esta intemperie, lo único que podemos hacer valer como cosa intocable es la libertad de cada cual.
Tenemos cada vez más bienestar. ¿Por qué parece que el mundo va cada vez peor?
El mundo no va cada vez peor. Como han accedido muchas más personas a lo que antes eran lujos, es cada vez más hortera, más vulgar, más degradado. Los programas de televisión se dirigen cada vez a un público menos dispuesto a disfrutar con obras arte. Hay que aceptarlo. No se puede nadar y guardar la ropa. Si queríamos una sociedad de confort, ya la tenemos.
¿Cuánto más sabemos menos creemos?
Por supuesto. Yo el verbo creer no lo conjugo. Yo hablo de experimentar, sentir, pensar, descubrir. Pero creer, no.
Estamos en Marbella y me iba sin preguntarle por la adicción al dinero.
Eso no es una adicción. Peor sería la adicción al trueque.
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