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domingo, 26 de julio de 2015

Antonio Escohotado en el foro de debate Derechos de la Ciudadanía en Salud Pública de 26 de noviembre del 2009


PRIMERAS PALABRAS

(Los epígrafes, los subrayados, las negritas y las comillas son del transcriptor)

Soy filósofo y lo que me importa es, eh..., conceptos claros y, en la medida de mis posibilidades, profundos. La claridad y la profundidad son indisociables, a mi juicio.

LA MEDICINA PREVENTIVA

Habíamos empezado..., había dicho mi compañera, eh..., el sistema chino, el médico no tenía un interés objetivo en la enfermedad, sino un interés objetivo en la salud, de manera que, en el momento en que el enfermo empezaba a enfermar, él dejaba de cobrar. Efectivamente, hemos llegado a tener una formidable industria farmacéutica y, a mi juicio, el más grande esfuerzo que se ha hecho, en todos los tiempos, para curar a las personas de sus enfermedades, sin perjuicio de que el interés objetivo de nuestra medicina es que las personas estén enfermas y no sanas. Es más, es bastante difícil ir y cumplir el principio de la medicina preventiva..., ir, por ejemplo, todos los años, o cada medio año, a hacerse un análisis y no encontrarse algo. Cuanto más insista uno, algo peor. La idea de la medicina preventiva, la idea de que si uno va a tiempo se conseguirá, digamos..., vivir muchos años más o con mucha más calidad de vida, creo que no toma en consideración un factor que, como filósofo, no tengo más remedio que recordarles (también lo decía Elías Canetti en una obra de teatro): sin incertidumbre no hay vida. Cualquier posibilidad de acercar a las personas a lo que realmente nos va a pasar, y todos sabemos que lo que nos va a pasar, que es que nos vamos a morir; pero cualquier posibilidad de acercarnos a cómo, qué día y de qué manera, es lo mismo que matarnos, que aplastarnos en un cenicero como una colilla. Este es, para mí, el principal inconveniente que tiene la supuesta idea de la medicina preventiva, que, en realidad, yo no la veo tanto como una idea, sino como un desiderátum de una medicina que ya tiene su interés en la enfermedad y que, así, puede prolongarse, no sólo para tratar los males reales, sino los males posibles.

LOS “TRES MALES”

Se ha hablado de tres males, como el tabaquismo, la obesidad y la sedentariedad. Fíjense que son diferentes..., o sea, en realidad el uno viene de un fármaco considerado indiscutiblemente divino por todos los indios..., por todos los indígenas que van desde el estrecho de Bering hasta la Tierra del Fuego, cuando se descubrió América; que luego se ha difundido por todo el planeta con un éxto extraordinario, que hace que ahora prácticamente una de cada tres personas fume y, sobre todo, sufrague con impuestos indirectos, por ejemplo, en gran medida la medicina, la medicina gratuita.

LA DESIGUALDAD “CRECE”

Se habla de que la desigualdad crece. Lo siento. Yo llevo cincuenta años estudiando la materia (soy historiador básicamente, aparte de filósofo): esto es completamente falso, no se lo crean ustedes. La desigualdad fue máxima durante unos sesenta siglos o así de historia recordada, donde, registralmente, las personas nacían esclavas o libres. Ha sido un extraordinario esfuerzo, del cual podemos sentirnos orgullosos todos, el quitarnos de encima, primero al esclavo y luego al siervo. El siervo fue una variante del esclavo. ¿Por qué nos quitamos a los esclavos y a los siervos de encima? Pues porque se descubrió que el ritmo de su trabajo, la eficacia productiva, no se podía comparar con la eficacia productiva de países libres. Fue, por primera vez, Montesquieu, en su gran “Espíritu de las Leyes”, el que analizando las mismas minas de cobre, que hacían la frontera entre Hungría y Turquía, con los mismos filones, pero en el caso húngaro administrado por hombres libres y en el caso turco por esclavos, descubrió que la proporción de producto que se obtenía..., los húngaros era al menos un dieciocho por ciento superior, normalmente un treinta por ciento superior. Creo que los seres humanos debemos honrarnos recordando que hemos hecho esta tarea portentosa de poner en su sitio a los amos y poner en su sitio a los siervos; que el discurso de que las desigualdades crecen, en definitiva, no es más que una manifestación, normal, de nuestra propia tendencia a confundir que, si nos despertamos jorobados, pues pensamos..., pues el mundo es el que está jorobado. El mundo está jorobado, por muchas cosas; entre otras lo estamos gastando, porque hemos inventado tantas nuevas vidas que no da de sí, el mundo. ¿Pero qué puede hacer un padre?, ¿qué puede hacer un país?, ¿qué puede hacer un planeta, por su propio género, más que crear vida, más que abrir la posibilidad de que otros vivan? ¿Qué magnanimidad puede compararse con esa? ¿Qué riqueza puede asemejarse a la de un lugar donde antes había diez y ahora hay veinte, o cincuenta, o cien...? ¿Qué clase de ingratitud y de visión a corto plazo nos oculta esto, y nos hace que sigamos con la cháchara de que las desigualdades crecen, cuando, al fin, las desigualdades empiezan a decrecer?

LOS "DESENFRENADOS" I


Platón decía que homenajes cada vez más frecuentes a Dioniso, es decir, beber cada vez más, era recomendable para las personas, a medida que las asperezas de la edad las iban lanzando en la única evidencia incontrovertible que en el mundo hay, que es que uno envejece, que la vejez es una catástrofe y acaba uno teniendo que morirseEsto, con coraje, honra a las personas; sin coraje, las degrada. Estos homenajes cada vez más frecuentes, que Platón proponía hacer al dios Dioniso, que es el dios del vino, claro, con el desarrollo de la química de síntesis y el conocimiento humano, se han ido ampliando a un catálogo de drogas muy superior, de modo que el efecto principal del vino, que era la relajación del carácter, la cordialidad..., ¿a ver quien se puede representar una cena de fin de año, o un bautizo, una boda..., sin ese elemento de cordialidad?; pues digo que el ingenio humano, la profundización del conocimiento, ha ido descubriendo otras drogas, que tienen otras virtudes, que no son la cordialidad, pero que en cambio, pues, a lo mejor no le pegan tan duro al hígado, aparte del gravísimo problema que tenemos con el alcohol de que, a mi juicio, al menos una de cada tres personas tiene “mal vino”. Es decir, tiene cosas que ocultar a los demás y a sí mismo y, cuando toma vino, el superyó, lo que podemos llamar el Pepito Grillo, esa conciencia crítica, se acalla. Sí, se acalla para él, pero los demás lo padecen muy gravemente. Por supuesto, incluso tiene una parte considerable en la violencia de género.

LOS “DESENFRENADOS” II (LIBERTAD Y SERVIDUMBRE)

En cuanto a que: “oiga ¿y yo por qué voy a pagar por uno que fuma tabaco, uno que se pasa la vida comiendo palomitas, viendo la tele y que acaba con un trasero de este calibre...? Vamos a ver, ¿qué es lo que le cuesta más caro a la sanidad pública, el desenfrenado o el hipocondríaco? A mí me parece que la razón de las listas de espera no está en el desenfrenado. Yo, por ejemplo, soy una persona que ha querido mucho la vida y he tenido mucha suerte. No voy al médico desde mil novecientos setenta y dos, que fue cuando tuve la segunda hepatitis, y procuraré no ir nunca, salvo que tenga algún tipo..., bueno, me encuentre con un dolor fuerte o una fiebre, pero no me ha sucedido desde el setenta y dos; pero he sido muy desenfrenado, me han gustado los placeres, he cogido la vida como..., no sé, como..., como un jugador de fútbol, eh..., coge un balón para hacer una buena jugada. ¡Ah, caramba! Yo no le he costado nada a la seguridad social... ¿Y todas estas personas que ahora tienen esto, y lo otro, y piden hora, y van, y vuelven, y siguen volviendo...? ¿Estas personas no cuestan? ¿No sería conveniente coger a todo el personal que se presenta en la seguridad social y pasarle una prueba de: “oiga, es usted un aprensivo neurótico”?, porque para usted no tenemos otra cosa más que una sesioncita de psicólogo. Pero claro, con una sociedad que prefiere pensar que las desigualdades crecen..., ¿cómo no vamos a pensar que el desaprensivo no existe para las listas de espera de la seguridad social? En realidad el problema viene todo de personas que son desenfrenadas. A mí me parece que estamos proponiendo un crecimiento del gobierno a expensas del autogobierno y que cantamos los riesgos de la libertad porque adoramos la seguridad desde la servidumbre. Me parece que el hipocondríaco, el aprensivo, tiene una versión paranoica de la muerte, que coincide perfectamente con los intereses de la medicina institucional y del gobierno burocrático de la ciudadanía, en el sentido de que ¡la muerte es un asunto burocrático! Estará usted mucho mejor muriendo el veintitrés de marzo que muriendo el siete. ¡Hombre, claro, imagínese!, trátese esto y lo pasará mejor. Yo no creo que el ser humano esté acostumbrado a superar la incertidumbre, ni a recibir amenazas de muerte. Llamo diagnósticos tóxicos a todas aquellas opiniones sobre el estado de salud de una persona, que no teniendo cura, en el fondo, lo único que le dicen es: “¡muérase usted, tenga la cortesía de no desafiar al estamento, que ya le hemos dicho que tiene usted tres meses!, si puede morirse usted con dos meses y medio, mejor ¿eh? No fastidie, que esto entonces, al fin y al cabo ¿dónde van a estar los principios? ¿Cuál es el orden del asunto?

LA COMPLEJIDAD

Se ha hablado de tomar en serio la complejidad. Yo llevo, ahora... El año pasado publiqué el primer volumen de una historia del comunismo, que vendrá a tomar, me temo, dos mil páginas, o así, porque es una historia del comunismo desde el principio, es decir, desde aquel señor que se subió a la montaña y dijo: “benditos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino”. De ahí empezó todo. Fíjense ustedes que pargo, hasta donde ha llegado el asunto... Pero antes me escribí un libro largo, llamado “Caos y orden”, que es un monográfico sobre la complejidad y sobre los métodos modernos que tenemos de abordar la complejidad. Básicamente los métodos modernos de abordar la complejidad es una nueva visión de la química y del segundo principio de la termodinámica, que se debe a Ilya Prigogine, premio Nóbel de química, y la geometría fractal de la naturaleza, que se debe al gran Mandelbrot, que nos permite pasar de esa geometría idealizada, que es la euclidiana, donde existen puntos, líneas, curvas regulares, a lo que es, de verdad, una alcachofa, un río, una nube, nuestra piel... Bueno, ya que estamos hablando de tomarnos en serio la complejidad ¿por qué no nos la tomamos en serio? Los que hablan de tomarse en serio la complejidad ¿por qué no estudian a Mandelbrot y a Prigogine? ¿Por qué no empezamos con métodos serios de medición de variables? ¿Por qué esto de variables dependientes sólo es una cosa que, a lo mejor, si lo dice este jefe de gobierno que tenemos ahora, o el anterior, pues se le llena la boca de tal forma que, a lo mejor, se tropieza? Pues porque, cuando hablamos de que las condiciones valen más que los estilos, volvemos a lo mismo, de que la seguridad desde la servidumbre debe imponerse a los azares de la libertad y de que podemos tener una versión burocrática de la muerte. Que tenemos que seguir haciendo, pues..., lo que nos digan. Al fin y al cabo los medios cada vez son más importantes. Debemos hacerles caso (con sorna). Que luego los medios tengan esta deriva tan curiosa, ¿éh?, tan sesgada, pues es que también, pues forma parte de las condiciones. Al fin y al cabo lo que habría que quitarnos es el estilo, la idiosincrasia. ¿Cómo es esto de que cada cual, más o menos, va a pensar..., desde sí mismo qué, o no, hacer de su vida.

RESPONSABILIDAD Y VICTIMISMO

Bueno..., como también ha salido la palabra responsabilidad ¿saben ustedes cuál es la palabra contraria a responsabilidad, a mi juicio? Victimismo. No ha salido la palabra todavía, pero me temo que gran parte de lo que se ha dicho hasta aquí, y gran parte de lo que se sigue diciendo no es más que victimismo.

CORAJE

Un poquito de coraje. Honrémonos a nosotros mismos. Sepamos que de donde estamos metidos no nos saca nadie, pero, por favor, no vayamos por ahí mendigando soluciones que no existen. En fin, ya ven ustedes. Yo sí que he intentado mantenerme a tiempo, pero me temo que me he pasado. Muchas gracias.
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