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viernes, 17 de julio de 2015

Antonio Escohotado en el programa “El mundo por montera”, dedicado a Albert Hofmann y con su presencia, grabado el 23 octubre de 1989 y dirigido por Fernando Sánchez Dragó. Participan también Fernando Savater, Mario Satz, André Malby y Luis Racionero.



ANTONIO ESCOHOTADO: Bueno, yo leí el libro “LSD. Mein Sorgenkind”, que aquí se ha traducido por “Testimonio por su descubridor”, pero que se debería traducir por “Mi problemática criatura”, “LDS. Mi problemática criatura” y, bueno, él era un hombre mitológico para todos nosotros, desde los años sesenta o así, pero al leer el libro saqué en clara conclusión que, además de ser un químico, era un humanista, era un poeta, era un visionario. Entonces le escribí. Tuvo la cortesía de contestarme. A mí me tocaron unos contratos de traducción por Viena y a la vuelta de un contrato conseguí una pequeña reunión en Basel, Basilea, y a partir de ahí hemos seguido viéndonos. De esto hará unos seis años aproximadamente y, bueno, a los tres años o así tuve el honor de hacer el viaje para llegar a su casa, porque su casa es el primer viaje de reconocimiento de Alberto. Se pasa por muchos sitios, por cañadas profundas, por pastos maravillosos, con lustrosas vacas. Se ven esas casas, todas de madera, de Suiza…Y él, arriba, tiene una casa, pues, como de Frank Lloyd Wright, pero en un escenario de la Suiza de Guillermo Tell. Tiene una piscina dentro, pequeña piscina, donde él se baña… Es una delicia permanecer allí. Y, bueno, ya que me toca el primero en el turno de preguntas, me gustaría recordar una parte, un capítulo, del último libro del doctor Hofmann, de muy difícil traducción al castellano, y estamos luchando, a ver qué traducción le ponemos al título, donde él dice que estos estados alterados de conciencia, o estos estados de conciencia alterada, según se quiera decir, pueden ser útiles, no sólo en el sentido habitual de hacer frente, como la siquiatría, a traumas…, sino de una forma, digamos, cotidiana. No podemos ir, dice el doctor Hofmann, por la vida, haciendo nuestros negocios habituales, en este extraordinario estado de ánimo. Sin embargo, a veces, entrar en ese extraordinario estado de ánimo puede ayudarnos a mirar con más ecuanimidad, con más serenidad, hasta lo más cotidiano, hasta la vida puramente práctica, cuáles son nuestros verdaderos intereses concretos. Al leer esto yo pensé que quería saber un poquito más, un poco más, de que no podemos ir por la vida en este extraordinario estado de ánimo y, sin embargo, no podemos ir por la vida sin que alguna vez tengamos este extraordinario estado de ánimo… ¿Me comprende?
ALBERT HOFMANN: Sí, naturalmente. Bueno, yo creo que lo que se percibe bajo la influencia del LSD es lo que, en otros términos, sobre todo en terminología religiosa, se ha calificado como iluminación. Se trata de una vivencia del mundo, y también del propio yo, que difiere de la conciencia cotidiana en el sentido de que la barrera entre el yo y el tú, entre el yo y el entorno…, que esta barrera desparece, poco más o menos. Este pensamiento dualista, con el que funcionamos de forma habitual, es superado y, por así decir, uno se adentra... Se tiene la sensación de comprender que la creación…,o sea, la sensación de comprenderse a uno mismo mucho mejor. Se experimenta la creación, no por más tiempo sólo con la razón, sino con la emoción, con el corazón. Y esto es lo característico de los visionarios. Es lo que ellos describe. Quizá no sea exactamente lo mismo, pero es una sensación muy parecida, con un significado igualmente parecido.
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ANTONIO ESCOHOTADO: Respecto… Termino un momento. Respecto de Ernst Jünger. Hemos hablado bastante de Aldous Huxley. Sin embargo tu experiencia personal es mucho más con Ernst Jünger. ¿Hay alguna diferencia de matiz entre la descripción del estado sicodélico en Huxley y la experiencia de estos mismos productos en Jünger?
ALBERT HOFMANN: Bueno, efectivamente se puede decir que hay una diferencia. En su obra “Las puertas de la percepción” Huxley escribe que estas sustancias sicodélicas deben sustituir al alcohol y la nicotina en nuestra sociedad. Es decir, las propone como bienes de consumo masivo. Jünger, sin embargo es mucho más cauteloso. Él adopta un discurso como el de Eleusis. Se trata, para él, de drogas sagradas. Él piensa que primero debe ser una élite la que hace uso de estas sustancias. No pueden ser sustancias de consumo masivo. Requieren la preparación, con un buen sitio. Requieren un sentido de responsabilidad. Y Jünger afirma que preparan determinadas vías, sí, y a partir de ellas puede tener lugar una cierta propagación de su uso, pero nunca pueden ser utilizados de forma masiva, indiscriminadamente. No son productos sedantes o estimulantes, como el alcohol, la nicotina o las drogas propiamente dichas: la cocaína, por una parte, con sus efectos estimulantes o los opiáceos con sus efectos sedantes. Nosotros lo estamos viendo. Estas sustancias sí han adquirido un carácter de producto masivo, pero las sustancias de las que estamos hablando aquí, los productos sicodélicos, bien sabemos que desde la antigüedad, desde antiguas culturas, son productos que deben ser manejados por pocas personas. Cualquiera, al sentir realmente la vocación de una experiencia más profunda, debería tener la posibilidad de acceder a ella. Pero hoy es muy difícil encontrar la manera de llevar a la práctica esta enseñanza. Nos falta Eleusis. No tenemos estos misterios. Lo único de lo que disponemos hoy en día, en lugar de sacerdotes al estilo de la antigüedad, son los siquiatras. Es posible que, bajo la guía de un siquiatra, alguien intente encontrar una experiencia de ese tipo.

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