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jueves, 2 de julio de 2015

Antonio Escohotado. Presentación de "Los enemigos del comercio II" en el Instituto Juan de Mariana.



Antonio Escohotado

Gracias Paco. Bueno. No, no, lo de la hora me aterra y lo de la otra hora me aterra más, todavía… Lo bueno, si breve, dos veces bueno, y además, es una desgracia, llegué anoche de Ibiza, tenía que haber…, un avión a las once, pero luego me metí en casa de mi hijo el mayor y venga cerveza y más cerveza. Llegué a casaa las seis de la mañana o a las siete. O sea, tengo una auténtica resaca. El estado habitual de mi mente, que ya, a la edad que tengo no es el óptimo, pues se ve encima entorpecido por este pequeño accidente, pero vamos a ver si conseguimos sacar la cosa adelante. Yo voy a decir un par de cosas y luego sería a mi juicio lo más oportuno que iniciemos una charla, es decir, que ustedes, o vosotros, intervengáis o me preguntéis, porque…

Esta obra… Es una obra muy larga. Yo la empecé hace trece años. Paco ha dicho que últimamente mi interés es el liberalismo. Paco no está claramente informado de cómo empecé yo. Yo empecé escribiendo un libro sobre los presocráticos, luego me publiqué creo que el único tratado de metafísica que se ha publicado en el siglo XX, como quien dice, que es “Realidad y sustancia”, publicado por Taurus y que es un tocho tan infumable como “Los Elementos”, de Euclides, así, puramente técnico, porque a mi juicio la metafísica, o la ontología fundamental, es aquella rama del conocimiento donde se estudian, se analizan, las palabras que permiten hablar. No son más de quince o veinte, pero todo el mundo las da por supuestas. Espacio, tiempo, forma, materia, contenido, sustancia, realidad, irrealidad, nada… si uno no hace un trabajo, a mi juicio, de metafísica o en ontología fundamental, habla siempre de prestado. La metafísica es la poesía en prosa y, entonces, detenernos en los sutiles matices que puede haber, por ejemplo, en la palabra sustancia cuando la emplea Aritóteles, cuando la emplea Spinoza o cuando la emplea Leibniz o cuando la emplea Platón, bueno, eso es una especie de cosa para eruditos a la violeta pero sin esa erudición a la violeta, al hablar de prestado, cada vez que rascamos no hay nada o, si acaso, hay la información de otro que hemos leído. De modo que corrijo eso que dijo Paco porque mi pasión ha sido siempre la filosofía, la filosofía fundamental, y entre los dieciocho y los veinticinco años, prácticamente no hice nada más que leer y releer esos clásicos que nadie lee. Sea, digamos, La “Ética” de Spinoza, la “Monadología”de Leibniz, Los “Analíticos” primeros y segundos de Aristóteles, los diálogos de Platón, las críticas de Kant, la obra de Hegel, que es la pasión, digamos…,que es mi maestro, hasta que descubrí ya de viejecito a Hume, que es el segundo maestro. Entonces, entre medias y para documentar lo que a mi juicio es un fenómeno que se puede englobar genéricamente como miedo a nosotros mismos, estudié las drogas, es decir, el uso, en diferentes culturas, a lo largo del tiempo, se podría llamar la evolución en el uso de sustancias psicoactivas. A mi juicio el nervio de este asunto es el miedo que tenemos nosotros mismos al placer, o sea, no saber administrarnos el placer, morir de placer, convertirnos en peleles debido a que aquello nos gusta demasiado, nuestra voluntad no es firme y entonces, aquello que nos podía haber sentado bien, pues posiblemente nos va a sentar fatal. Ahí estuve trabajando unos seis, siete años de documentación, y me vino bien. Me sacó de pobre y de desconocido, me convirtió en seminotorio y me dio un desahogo económico del que todavía disfruto, en la medida de mis posibilidades.

Pero hay la otra parte del miedo, que no es el miedo a uno mismo, más o menos velado y proyectado como “no, no, quiero proteger a mi vecino”, que es el miedo justificado al prójimo. Y esa parte es la que se relaciona con las dos grandes opciones políticas que son el autoritarismo y el liberalismo. Esto es una larga historia. Este señor tiene el tomo uno de “Los enemigos del comercio”. Yo he traído el tomo dos. Estoy trabajando a gran ritmo en el tomo tres. Empecé a trabajar hace trece años. ¿Qu ecuáles son los resultados genéricos de mi investigación? Se pueden decir como…, toda línea recta miente de alguna manera y la verdad es esencialmente curva. Pues…, me gustaría empezar sugiriéndoles que una de las grandes tendencias culturales del ser humano es considerar que la fantasía, el sueño, el ideal, tienen más vitalidad, son más intensos y son…, tienen más conexión con el instinto, con la vida emocional de las personas y que es conveniente seguir a la fantasía, el sueño, el ideal, porque la realidad es previsible, sosa y plana. Esto lo han dicho todos los místicos, lo repitieron, con enorme énfasis, todo el movimiento romántico, que comenzó a finales del XVIII, se prologó todo el XIX y ahora, aunque no se llame romanticismo, pues se llama idealismo, pero es lo mismo. O sea, sigue siendo preferible el mundo onírico a la plana realidad. Los que no creen en eso se pueden agrupar en torno al concepto de lo útil, de utilidad, que estádirectamente conectado con el concepto de realidad. La realidad pues se diferencia del sueño en que es infinitamente densa, es decir, sus detalles no terminan. A diferencia de…, pues es como un número real o como un número material, la serie no acaba nunca, no se termina aquello, sólo depende de nuestra atención. Como partidario ferviente de la realidad entiendo que sólo allí está lo ameno y que lo que demanda de nosotros es la paciencia del estudio. Creo que estudiar es la actividad realmente más provechosa, más amena y más fructífera, porque estudiando llegamos a saber lo que no sabíamos y la verdad es que la magnitud de nuestra ignorancia es enorme. En esta investigación, “Los enemigos del comercio”,me apoyo en la realidad frente al ideal, a la fantasía, los sueños y entonces, pues claro, pasados por el filtro de la realidad que va permitiendo ver las cosas, no ya, como antes se veía, por siglos, sino por años y, cuando hace falta, gracias a Internet, por horas y hasta por minutos, si uno se toma el trabajo de investigarlo, pues la propia realidad nos va guiando y no necesitamos llevar ideas preconcebidas. Al contrario, el que lleva ideas preconcebidas suele llevarse un disgusto gigantesco cada vez que empieza a investigar aquello y lo otro y lo otro, porque no coincide con lo que inicialmente, piensa, las cosas deberían ser. Esta tensión entre ser y deber es la que se observa preferentemente en la inmemorial batalla del liberalismo y el comunismo que, en realidad, a mi juicio, no es más que la batalla de los realistas contra los oníricos. Los oníricos insisten en hacer valer la intensidad y la benevolencia, por ejemplo, de lo imaginado. Los utilitarios realistas dice “bueno, me gustaría saber de qué estamos hablando, o sea, si ahora es España, si luego es Rusia, si estamos hablando del siglo XIX y luego del siglo I, concretemos”. Mi investigación, por lo que llevo ahora…, estoy aproximadamente en el año treinta de Rusia (estoy hablando del tomo tres, que todavía no está dado ni siquiera al editor) me ha hecho ver que el sueño, la postura onírica, la postura de la fantasía, del ideal, se agrupa en torno a una idea profundamente arbitraria y, en esa misma medida, enormemente violenta. Cuando en el “Manifiesto comunista” Marx dice “la historia es la historia de la lucha de clases” (esto es lo que yo sugiero que es arbitrario y violento)…, porque el mundo del sueño, mucho antes de que Marx dijera esto, dos mil años antes, lo había dicho de verdad cortito y pleno: “los últimos serán los primeros”. La esencia de la actitud comunista y lo que la distingue de la liberal es que, claro, pues si los últimos serán los primeros las cosas tienen que cambiar mucho. Realmente todo lo que va pasando pues, en realidad, no debería haber pasado o no debería seguir pasando. Deberíamos hacer cualquier cosa para que lo real se asemeje a lo ideal. Pues con esto de “los últimos serán los primeros” se han hecho todas las revoluciones que la humanidad recuerda. Si le decimos, por ejemplo, a Marx: tú, con esto de que la historia es la lucha de clases, ¿lo que estás diciendo es “los últimos serán los primeros”?, Marx, probablemente nos diría: sí, sí, tiene usted razón, de una forma más sintética, pero es que los últimos deben ser los primeros, ya está bien de que sean los últimos. ¿Qué puede hacer una persona amante de los real, que estudia y que van sin…, o con los mínimos prejuicios a averiguar qué ha sido? ¿Qué ha sido nuestra historia? Pues claro, se descubre que los primeros son un resultado de suerte y de esfuerzo, en todas las épocas. Hay un componente potente de la suerte y hay otro componente potente del esfuerzo. Hubo largas épocas en que el esfuerzo…, por ejemplo, el que hacemos los profesores, pues no tenía sentido, porque eran sociedades analfabetas o guerreras… Pero, de la actitud “amo el ideal, sigo el sueño, ¡cuánta más intensidad tiene el mundo onírico que la áspera y pesada y previsible realidad!”De esa actitud sale una sociedad que podemos definir como clerical-militar. El que manda, manda, y cartucho en el cañón. Los demás obedecerán. La otra sociedad, la alternativa, es la sociedad comercial, comercial-industrial. Empieza siendo comercial y, luego, el desarrollo del comercio acaba creando la industria, y la industria acaba creando la superindustria, la tecnología, etc., etc.; el desarrollo en el cual estamos metidos. Qué duda cabe que el comercio está basado en buena medida en la estafa, en ser más listo que el otro y en que pierde el último… todo lo contrario de los últimos y los primeros; meterse en negocios y mientras van bien llevarlos, luego dejarlos y que se queden con los restos. Qué duda cabe que el comercio es venal en muchos sentidos, pero ¿hay alguna alternativa? Aparte del sueño y la realidad ¿hay un tercer término? Yo no lo he encontrado. La sociedad comercial ha demostrado. La sociedad comercial ha demostrado…, digamos…, ser la más conveniente y oportuna del modo más directo que hay: en términos demográficos. Ha ido permitiendo que más y más personas naciesen y comiesen. La sociedad militar-clerical ha producido en ciertas etapas un crecimiento desproporcionado de la población. Por ejemplo, se puede estar produciendo ahora mismo…, digamos, en Kenia o en Somalia, pero por un mecanismo bien conocido en el mundo natural, donde cuando los árboles…, o unas plantas empiezan a morir, el primer signo de su enfermedad es que finalmente todas sus energías se van a la producción de semillas… Pero estas sociedades, en realidad, no logran crecer. Si nos fijamos…,vamos, les propongo dos ejemplos. Inglaterra como la sociedad prototípicamente pragmática, utilitarista, que tenía en mil ochocientos…, setecientos noventa, diez millones de habitantes. Inglaterra tiene ahora unos sesenta. No ha bajado la renta de los habitantes de Inglaterra hoy respecto de los habitantes de Inglaterra en mil setecientos noventa y, sin embargo, tienen lo mismo o más pero son seis veces más personas. Veamos el ejemplo ruso. Rusia, antes de entrar en la Primera Guerra Mundial, se acercaba a los doscientos millones de habitantes; con la guerra perdió diez millones, con la revolución perdió treinta y un millones, estamos hablando de seis, siete años; desde entonces empezó a subir un poco en los años treinta, levemente, un repunte demográfico con Stalin, pero, claro, llegó la segunda guerra mundial y volvió a perder otros veintitantos o treinta millones más en el conflicto. Al final, como sabemos, el año ochenta y nueve, pues se acabó el comunismo en Rusia. ¿Qué pasa con la población rusa? ¿Sigue subiendo? ¿Baja? ¿Se mantiene? Baja un millón cada año, según los datos de Naciones Unidas. El gobierno ruso está muy preocupado, claro, porque un país, el más grande del mundo, un sexto de la corteza terrestre, que nunca ha llegado a los doscientos millones, si sigue con la tendencia actual según la ONU en veinticinco años habrá perdido un tercio de su población y tendrá pues, aproximadamente, ciento quince, ciento veinte millones de personas, lo cual es una de las densidades demográficas más bajas del mundo, del planeta. ¡Pobre Rusia! Estaba mal con los zares. Estuvieron peor con sus redentores y, ahora, tampoco están bien, porque un país que pierde un millón de habitantes cada año no está bien. Y, desde el punto de vista nutritivo, pues una gente que nunca ha comido bien. Nunca han tenido fruta; nunca han tenido pescado, que son dos elementos básicos de la dieta, y las cosas, los cultivos que cuestan esfuerzo, pero que por eso mismo dan dinero…, digamos, la remolacha azucarera, el algodón…, pues no lo hacen porque, qué casualidad, hay alguna extraña relación entre preferir el ideal y la indolencia y preferir la realidad y la diligencia. Precisamente se puede decir que la pretensión de que los últimos sean los primeros está vinculada con el “acabemos con el privilegio de los diligentes, de los que se afanan en su trabajo y salen adelante en la vida, siempre que tengan la ayuda de de suerte… Pues no sé si tengo prácticamente nada más que contarles que estas obviedades. Voy a ver…, voy a repasar un momento mientras bebo… ¿Qué podemos esperar? ¿Que el liberalismo gane al comunismo? ¿Que el comunismo se recupere y gane al liberalismo? Yo creo que tenemos que acostumbrarnos a que el factor “los últimos serán los primeros”, es decir, el resentimiento, el deseo de que el mérito no lleve a ninguna parte, la tesis de que lo mejor es tener un mesías, una figura paternal que guía a los pueblos, esto existió siempre y me temo que va a seguir existiendo siempre. El grupo de las personas que no toleran el merecimiento está ahí, y me temo que puede ser un porcentaje notable de la población. No se han hecho estudios específicos sobre la personalidad autoritaria, y, concretamente, la personalidad autoritaria-solidaria, que podíamos decir en este caso. Entonces, el resultado de mi investigación…, pues, quienes creemos que no hay otra fuente de justicia que la libertad, quienes creemos en la libertad como justicia hemos sido bendecidos históricamente con sociedades mucho más prósperas, donde han florecido las ciencias, donde existen derechos civiles. Eso sin perjuicio de que naturalmente la vida no es Jauja para nadie en ningún caso. Los otros, los que han esperado que se cumpla el sueño han actuado de una forma, bueno, diversificada en muy pequeña medida, porque siempre es lo mismo, siempre se trata de imponer por la violencia la arbitrariedad de que el mérito no sea mérito. Odiar, odiar mucho la vida, lamentar se haber sido expulsados del paraíso. El origen de todos estos señores es la cuestión de que es trabajo es una maldición. ¿Cómo podemos decirle a una persona que el trabajo no es una maldición, que el trabajo es la única bendición que hay? Es lo único que te puede llevar a ser digno y no un mendigo que va dando sablazos al vecino. ¿Cómo se lo podemos decir? Es tan evidente… Lo que pasa es que hay personas, digamos, perezosas. Va a ser difícil convencer al perezoso de que acepte que el diligente va a tener más que él. El va a querer, de vez en cuando, lo que ellos llaman restitución. La palabra mágica del comunismo es restitución. Se trata de devolver a la gente lo que siempre fue suyo, porque Dios lo creó para todos. El mito de Adán y Eva es nuclear porque no sólo contiene la promesa del paraíso, es decir, no sólo se mantiene en la zona del sueño, sino que además contiene la promesa de “tendrás sin trabajar”. El trabajo nuestro, el trabajo de los liberales es decir “no, no, no tendrás nada si no aprendes a trabajar, si no aprendes a darte cuenta de que el trabajo es la única actividad comparable, o superior, al…, por ejemplo, al amor carnal, que es otra de las bendiciones de la existencia”. Yo no creo que llegue al nivel del trabajo, pero casi, casi. Por ahora la libertad tiene enemigos infinitos, pero los ha vencido a todos. Es de esperar que los siga venciendo. Yo tengo setenta y dos años. Cada minuto que pasa me siento más feliz de comprobar que el merecimiento no siempre lleva, digamos, al éxito, pero siempre lleva al amor propio. Amor propio es lo mismo que dignidad y dignidad es todo lo que se puede pedir, a mi juicio. Ya veré si cuando…, en el tomo tercero extraeré las conclusiones de esta investigación. En realidad me he puesto con este monstruoso trabajo que me va a tomar catorce o quince años y, claro, trabajo de verdad. Yo me levanto y hasta que me acuesto me dedico a investigar el tema. O la mitad del tiempo será redactarlo para que no quede demasiado mal explicado. Pero me paso la vida recopilando información. Recoger datos es el gran sentido de mi existencia. Bueno, pues cuando termine haré lo que quería hacer desde el principio, las conclusiones. He contado aquí, de una forma muy vaga, algo de esas conclusiones. Creo que si seguimos hablando podríamos precisarlas, no sé… Las conclusiones son “¿por qué demonios no respeta usted la libertad?” Porque luego se dice “no, es que estamos contra la libertad privada”. ¿La propiedad privada? La propiedad privada es lo que nos ha sacado de la vida salvaje. Este libro se llama “Una historia moral de la propiedad”. Estar en contra de la propiedad es estar en contra de la libertad y estar en contra de la prosperidad y estar en contra del sentido común. Pero, señores, tengamos en cuenta que nuestro adversario tiene ese programa específico: “yo voy a poner al primero último y al último lo voy a poner primero y, como no hay otra forma de hacerlo, pues lo voy a hacer mediante revolución; resista usted a mis tropas”. Por ahora hemos ganado. Ya veremos. Yo creo que los que detestan el mérito tienen salud, tienen suficiente salud como para que debamos buscar una manera de convivir, cada uno. Nosotros, digamos, tratándoles con la benevolencia que trata un padre…, si tiene varios, al único que es incapaz de estudiar o incapaz de prosperar o, siquiera, incapaz de vivir sin sentarse de vez en cuando con un siquiatra, un sicólogo o un asesor espiritual. Los demás son capaces de aferrarse a la libertad y decir “nací con esto y me moriré con esto”. Los otros, pues están plagados por el sentimiento de “¡qué injusta es la vida!” y, sobre todo por “¡qué malos son fulano y mengano!”, especialmente los que han tenido éxito. Si se fijan ustedes los comunistas no han odiado nunca a los que tenían el poder y el dinero hereditariamente, es decir, a los emperadores, a los papas, a los nobles…La esencia del odio del comunista es el nuevo rico, es decir, el que lo ha conseguido con su esfuerzo y con ayuda de la suerte; este es el odioso por definición. Se diría “¡pues no hay nada que hablar, no tenernos nada que hablar con esta gente; los amantes de la libertad no tenemos nada que hablar con los amantes de la obediencia y del autoritarismo!” Y sin embargo tendremos que hablar. Ha habido que hablar y, a mi juicio, yo creo que llegaremos a una especie de consenso. Fíjense ustedes que acabamos de pasar con el señor Zapatero ocho añitos de experiencia interesante, curiosa…, que ha afectado seriamente a las arcas públicas. Bueno, y nada, que ya me he enrollado demasiado, o sea, si les parece ahora ya charlamos…
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Al único pensador comunista con una percepción de la complejidad, que es lo que suele faltar, porque claro, decíamos que la única diferencia entre el sueño y la realidad es que la realidad contiene infinitos pormenores y el sueño nada; no contiene más que, como mucho, una vaga y pasajera imagen, que normalmente es borrosa; es como alguien que no lleva la graduación debida en sus gafas… Pues hay un partidario del ideal, del ideal, digamos, de la “no propiedad” con idea de la complejidad; uno sólo que yo haya encontrado en mi larguísima investigación, y es el ruso, Bakunín.El único que he visto que tiene una cierta noción de la complejidad y, al mismo tiempo, está contra la propiedad privada y es comunista es Bakunín, Mijaíl Bakunín, el padre del anarquismo. Este, cuando Marx hablaba de que la necesidad histórica había impuesto una clase paria, que era la que estaba trabajando para crear la industrialización y que, esa clase paria, por sí misma crecería hasta ser, pues, la inmensa mayoría (palabras textuales del Manifiesto de Marx)…, llegaría a ser la inmensa mayoría y, para no morir de hambre y de necesidad, no porque lo quisiera, sino impulsada por la necesidad histórica, igual que se mueven las masas inertes en la física newtoniana, impulsada por eso haría la revolución, Bakunín le dijo “tú estás en la higuera, ese proletariado del que estás hablando es un camelo, no hay nada parecido a la clase virtuosa y explotada; al contrario, muchos de esos que tú mencionas que están ahora en las fábricas, prosperarán y se convertirán en burgueses y en partidarios de la propiedad privada; nuestras fuerzas sólo se pueden reunir si llamamos a los atracadores, los ladrones, los psicópatas, los dementes, los bandidos rurales; esta es la única tropa capaz de hacer la revolución”. Entonces, ahí se nota que Bakunín tiene una idea de la complejidad. Marx, el pobre, pues, como Kropotkin, por ejemplo, un anarquista posterior, es un partidario irremediable de la simpleza.

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A la hora de trabajar. Se trabaja por necesidad, como Adán y Eva, porque han sido condenados a ello y, así, el sudor de la frente, o se trabaja por vocación. Si leemos “El paraíso perdido”, de Milton, que es la obra nuclear que define el espíritu puritano (no hay tiempo para que les explique por qué no creo que los puritanos sean puritanos en el sentido sexual, para nada, no hay tempo para eso y lo vamos a pasar), si nos vamos al “Paraíso perdido” de Milton, que es el corazón de la doctrina puritana, nos encontraremos con el ángel Gabriel, que según el Génesis está ahí con espada flamígera, impidiendo que vuelvan al paraíso, pero Milton le pone al arcángel el siguiente pasaje: “no os preocupéis, trabajando transformaréis la tierra, seréis libres, conquistaréis el derecho a vivir con dignidad”. Ese es el alma puritana. Al alma puritana reacciona con horror el alma romántica, que no puede soportarlo. Los románticos, naturalmente…, piensen ustedes en Dickens o en Hugo, son unos farsantes amarillistas patético-enfáticos, que intentan que todo sea tremendamente espectacular, enorme, grandioso, fúnebre, tenebroso, magnánimo, sublime…, en fin, todo adjetivos, no existen verbos y los sustantivos tampoco. Cuando le piden a Hugo que defina qué va a ser “Los miserables”, se lo pide el editor, le manda una lista de veintidós adjetivos, sin una sola palabra más. Si nos fijamos, por ejemplo, cómo define Marx la mercancía, son diecisiete adjetivos seguidos el que le pone, pero no hay verbos ni hay sustantivos. En entonces el trabajo, el trabajo vocacional nos libera, nos cumple; el trabajo obligatorio, pues nos humilla y, sobre todo, arruina al empresario que contrate a ese tipo de sujeto, porque es el tipo de sujeto que llega al lugar de trabajo y ya está pensado cuándo va a sonar el timbre para irse. No es precisamente el tipo de personal que se necesita para sacar adelante una cosa tan complicada como encontrar algo que sea vendible para los demás, porque si nos fijamos, todo en la vida es prestar servicios útiles a los otros. No nos damos cuenta. Yo, ahora mismo estoy usando el trabajo de millones de hombres, de este momento histórico y de momentos históricos precedentes, para ir vestido y para existir, yo soy un puro deudor de millones de desconocidos que contribuyen, y ustedes también. Pero, claro, a la hora de comprender esto ¿qué se puede hacer? Pues bueno, o pedimos que es Estado sea como una mamá permanente y que saca de donde…, como el mago de la chistera va sacando conejos o si no el único camino es que cada cual adquiera una maestría. Es decir, que cada cual, primero, se busque a sí mismo, luego descubra, después de buscarse que, en cierta zona de la sociedad, él puede hacerlo de una forma útil para terceros. Este hombre es un sujeto socialmente útil. A este también se le puede llamar un profesional competente. El camino del profesionalismo es, naturalmente, el más odiado, tanto por Jesús cuando dice “benditos sean los pobres de espíritu, son los primeros”, como por Marx y Engels cuando dicen “la división del trabajo para nada, en el mundo comunista las personas se despertarán y se irán a pescar, luego escribirán un artículo de crítica literaria, luego serán directores de una granja; allí la división del trabajo, en la sociedad comunista, no existirá; cada cual tendrá todos los tipos de trabajo que quiera”. Luego, claro, la historia viene con sus rebajas. Resulta que, por primera vez en la historia de la humanidad, el trabajo se convirtió en obligatorio, pero en el sentido de reclutamiento industrial. Lenin, la revolución fue en octubre, en noviembre, uno de sus primeros decretos es el reclutamiento industrial obligatorio. Es decir, antes nos reclutaba a la mili, obligatorios, pero al llegar Lenin, cundió el reclutamiento obligatorio dentro de las profesiones. Él prefería olvidar lo que le había dicho Marx y Engels de que “ya haremos lo que no da la gana en cualquier caso”. Pero, si se fijan ustedes también, otra de las características de las revoluciones comunistas es que nunca han sido llevadas adelante por personas que tuvieran maestría en algún…, profesional, o sea, que fueran sociólogos, filósofos… No, pertenecía a una clase que yo intento definir con bastante cuidado y, sobre todo, en el tomo dos, que es la del intelectual. Ustedes pensarán a lo mejor que intelectual y científico es lo mismo. Me temo que no. Me temo que el científico no tiene nada que ver con el intelectual. Schumpeter, en el “Capitalismo, socialismo y democracia, si no recuerdo mal, en el año cuarenta y cinco o por ahí, dice…, cuando se publicó el libro decía “el intelectual es el experto en concitar el resentimiento”. Existe desde los monjes levantiscos de la Edad Media. Ha ido pasando…, y claro, es un tipo de persona señoritesca, en el sentido de que no tiene…, o sea, no trabaja más que en su cosa…, no le gusta trabajar ni por cuenta propia ni por cuenta ajena; se distingue del sabio precisamente de que está en una zona muy fina de conocimiento…, la necesaria para excitar la cólera popular, es decir, para concitar la rabia de otros, pero nunca ha tenido tiempo para, realmente capacitarse en tal o cual rama de conocimiento.
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Claro, claro…, claro que sí. Porque es que esto…, el gran follón se crea cuando coincide la revolución comercial del siglo XII con el Código de Graciano, o Código de Derecho Canónico, y la prohibición del interés del dinero, que prácticamente cortocircuita lo que acababa de surgir. O sea, se acaba de descubrir la letra de cambio. Los templarios acaban de poner en funcionamiento una cosa muy parecida al cheque. Se generaliza la contabilidad por partida doble. Digamos que se pueden movilizar las energías en forma de empresas, tal y cual… Y entonces viene la iglesia y dice “prohibido el interés del dinero, pero prohibido con que le quemo a usted vivo si insiste usted en cobrarlo”. Y, claro, esto genera un cortocircuito potente en siglo XII, XIII…,que naturalmente, una vez más…, por eso digo que los amantes de la libertad, por ahora, ganamos, y entonces allí también ganamos. Ahora, fue doloroso. Es decir, todo el siglo XIII y, sobre todo, el XIV, está surcado de feroces rebeliones, empezando por la Peasants' Rebellion inglesa, que a su vez es disparada por el Statute of Labourers, o sea, una legislación sobre…, el precio fijo del jornal y precio fijo del los bienes, que es una cosa que se les ha ocurrido una y otra vez a los revolucionarios comunistas, o sea, ya se le ocurrió a Diocleciano, el decreto sobre precios…, el decreto dice “no, las cosas van a valer esto”. Evidentemente todos sabemos que una cosa vale lo que el mercado está dispuesto a pagar por ella, pero esto no gusta nada, al contrario, esto es el colmo del mal, o sea, esto es la quintaesencia de Lucifer y de la perversidad. Y, entonces, por eso digo, la contraposición vuelve a estar ahí entre el sueño y la realidad. La realidad va poco a poco descubriendo cosas, como la lectura que hace Tomás de Aquino de Aristóteles, que es una revisión de la diferencia entre valor de uso y valor de cambio, se llega a la noción de justiprecio, que es la que toca Tomás, y luego Tomás dice cuatro o cinco disparates, que esos yo los he analizado con bastante detalle en el tomo uno, pero esto nos llevaría largo…Creo que le dedico a Tomás página y media o así en, concretamente, sus comentarios sobre el justiprecio.
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Cuando hablo de realidad y la contrapongo al sueño también hablo de estudiar, observar, la razón observante como contrapuesta a la razón legisladora, al voluntarismo. Cualquier cosa que me huela a voluntarismo me huele mal. Esta idea de que el Estado nos está aplastando no puedo más que disentir violentamente. Creo que el Estado es inocente y es una gran creación del espíritu, tanto como por ejemplo el lenguaje, el dinero, el derecho o la ciencia. El Estado es inocente. Los gobiernos son responsables y somos nosotros los responsables de tragar con tal o cual gobierno. O sea, si somos unos cobardes tragaremos con un gobierno que nos explote y nos trate a latigazos. Si tenemos arrestos y además somos capaces de relacionarnos unos con otros iremos mejorando nuestras condiciones de vida, teniendo derechos civiles y que se cumplan. Todo lo que sea voluntarismo me parece que es la misma opción de autoridad que aplasta a la libertad, la misma concepción de “sin necesidad de trabajar salen los conejos de la chistera del mago”, o sea, “que pague el Estado”, o si no “que pague la sociedad”. No. El Estado es el punto final donde el egoísmo de la individualidad no puede seguir progresando. Y no concibo una sociedad sin Estado más que en la forma de las sociedades, digamos, ágrafas, salvajes y que no tienen división del trabajo, que no tienen derechos civiles y que, en definitiva, son barbarie pura y simple. Creo que el problema del liberalismo actual…, igual que hay tanta gente…, la gente que podemos llamar el sector rojo habla de los neoliberales, neocons, por ejemplo, neoliberales, neocons…, no saben de los que hablan, ni de neocons ni de neoliberales… Le preguntas y les dices ¿pero quiénes son los neoliberales? Concretamente, dígame usted los nombre y dígame en que se diferencia el programa de los neoliberales del programa, por ejemplo, de Guizoto del programa de Benjamin Constant. Para empezar no saben quién es Guizotni Benjamin Constant, de modo que imagínate cómo va a estar la cosa… Mucho menos conocen a Hayek o a Rothbard. Ya hemos hablado muchas veces Paco y yo de esto. La tendencia liberal guiada básicamente Rothbard, que a su vez es una interpretación de la obra de Mises, de Ludwig von Mises, a mí me parece propensa al sectarismo, a la simplificación. Y basta leer, por ejemplo, en la historia de Rothbard, el capítulo dedicado a Hegel, de que este señor tiene la inaudita arrogancia e insolencia de escribir sin haber leído ni línea sola línea de Hegel. Entonces, claro, este tipo de pensador no es de gran ayuda para un programa basado en el estudio y la observación, en vez de en el voluntarismo y el sueño y para adelante el ideal y, si es necesario, con barricadas y todo… Entonces, este liberalismo final, que se llama también anarcoliberalismo… Yo estaba terminando, me he llevado a Ibiza, el último libro de Hayek, tan maravilloso, el de “La fatal arrogancia”…, y él se pregunta al final, y también se pregunta en “Foundations of liberty”, sobre ¿soy yo anarquista? Y lo deja un poco en el aire, no acaba de decidirse. Y es verdad…Yo también insisto en el tomo II bastante en que toda persona que considera que la libertad y la justicia son la misma cosa, pues es anarquista, pero, ahí está ¿qué demonios tiene que ver ese anarquismo con lo de Bakunín o con lo que padecimos en la guerra española, con Durruti, por ejemplo?, un insensato asesino como Durruti, un bárbaro. Entonces la última variante del liberalismo, que, por supuesto, la izquierda no lo conoce porque no quiere estudiar cosas que son satánicas, esta es un poco…, un poquito simplona. O sea, a mí Rothbard me parece simplón. Por ejemplo, me parece que el camino que tenemos por delante es saber que las crisis monetarias que padecemos, no, que las crisis económicas que padecemos son, fundamentalmente, crisis monetarias. Yo diría que el noventa por ciento de las crisis que ha ido teniendo el mundo desde que se empezó a acuñar el papel moneda, con el Banco de Inglaterra, aquella primera emisión de tres millones de libras, han sido básicamente el resultado de que los gobiernos han manipulado la moneda. Luego han venido los bancos y han vuelto a manipular…,porque con un coeficiente fraccionario de caja pues se puede emitir dinero. Un cheque parece que no es dinero, pero un cheque es dinero; es lo mismo que un billete. Y una línea de crédito es dinero también. Entonces yo estoy de acuerdo que las crisis económicas son en gran medida monetarias. Pero ojo, si queremos solucionarlas como quiere Rothbard, haciendo un coeficiente del ciento por ciento, pues esto que tengo aquí delante no existiría. Sin despilfarro no creo que sea posible el desarrollo económico y, sobre todo, el hiperdesarrollo tecnológico. De alguna manera extraña, a pesar del despilfarro, ahí estamos. No puedo aceptar ninguna solución simple y meramente voluntarista para los problemas del mundo.
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El asunto es verdaderamente prolijo, porque me parece que me estás hablando del modelo que se llama “Estado del Bienestar”, “welfare”, pero eso es muy reciente, eso viene con Bismark e inmediatamente lo imita Disraeli y luego quienes realmente lo ponen en marcha son los liberales, el “Liberal Party”inglés que, por cierto, con eso se despide de la existencia. Pero creo que sería más directo darnos cuenta de que el precio de la democracia ha sido la existencia de clase política. Antes de que la democracia prosperase, digamos desde todo el tiempo que va desde la Carta Magna, origen del parlamentarismo inglés, hasta finales del siglo XIX, que es mucho periodo, aproximadamente seis siglos, pues la personas que ocupaban cargos públicos perdían dinero ocupando el cargo público. Que sea negocio ocuparse del bienestar de los demás es reciente y ha creado una clase política que, sin duda, es el problema más grave al cual se enfrenta el mundo desarrollado. Hay que separar a la clase política del Estado, igual que fue necesario separar a la iglesia del Estado. Hay que darse cuenta de que hace falta una clase política pero, caramba, es nuestro deber, inmediato además, limitarla y controlarla. Eso no afecta para nada al Estado. El Estado sigue siendo inocente.
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Pues bueno, a eso sólo puedo contestar que, por ahora, van publicadas mil seiscientas páginas sobre ellos y calculo que acabarán en una dos mil cien o dos mil doscientas. Es imposible resumir dos mil páginas en una frase. A mí me parece que cuanto más detalle tiene una cosa, más realidad…, me he dado cuenta de que se puede escribir un libro sobre aquello que uno va descubriendo, sin incluir un solo elemento de lo que uno sabía antes de ponerse a escribir. Esa es la experiencia de esta obra. Cada vez que hay algo que yo ya sabía, eso no está ahí. Ahí sólo está lo que yo no creí que fuera, pero ¡qué casualidad! Fue. Entonces, esa secuencia completa de toda mi ignorancia, eso es lo que me parece que es el camino de la investigación científica. No me parece que un científico pueda hacer otra cosa más que descubrir. Pero no me parece que haya ningún camino distinto para descubrir que el de investigar. Investigar pues es, negarse a sí mismo, es decir, ¡que sea la cosa! Dejad al ser.
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Pues fíjese, precisamente me encanta lo de Cina. Como en el tomo III, uno de los núcleos del tomo III es ¿cómo demonios pasa China del imperio a la dictadura comunista? He empezado a estudiar, como estudio yo, metiéndome en Internet y que llegue, que llegue, que llegue, acumulando, acumulando hasta que, de repente, cuando hay algo bueno, con el sistema de cutipaste, marco, me lo llevo a mi documento primario y luego ya lo traduciré, depende de la lengua que sea y, estoy asombrado; estoy descubriendo cosas del los orígenes de Mao y de cómo se mantuvo que, como siempre, la realidad desborda a la fantasía, veintisiete veces. Pero no me atrevo a decirle nada porque estoy en faena, o sea, estoy metido en ello. Es cierto que los dos tomos previos no tratan oriente. El tres no va a tener más remedio que tratar monográficamente, casi, la situación china hasta ahora. Por supuesto el fenómeno chino es fantástico; ahora es la gran potencia mundial. Los Estados Unidos no tienen la potencia de los chinos. El gobierno del mundo ha pasado a manos chinas; eso es cierto, vamos a ver qué hacen ellos. Pero es que todavía no lo sé, y como mi norma de trabajo o de investigación es esa, ir sabiendo, y para ir sabiendo, ir excluyendo todo lo que yo tenía por real y quedándome exclusivamente con aquello que va apareciendo, a lo mejor es que dentro de medio año o así puedo contestar algo más preciso, sí. Pero ahora estoy completamente en el fregado. Me asombra cómo es posible que a Mao no le hayan echado a patadas durante los años que estuvo, me asombra, pero cuando voy viendo sus colaboradores, por ejemplo el Lin Biao…, me doy cuenta de que sí, es lógico, cuando uno se rodea de nulidades pues puede subsistir; es un poco lo que pasa con Castro en cuba ¿no?
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Bueno, es que es eso. Cuando un señor viene y dice “benditos sean los pobres de espíritu porque de ellos es el reino”, pues ya lo demás se sigue. Es evidente que… Luego Tertuliano precisa muy concretamente, Tertuliano es el primer apologeta en el sentido cronológico, dice “con qué placer veré a esos arrogantes sabios y escritores y poetas, como Homero y Aristóteles y platón, tostarse en el infierno”. Eso es lo mismo. Es decir, es la continuación, sí, de la cuestión. En el caso español el sistema educativo no fue literalmente dirigido de forma, así, sistemática, hacia el pobre de espíritu, hasta la ley Maravall del ochenta y dos, que al crear el departamento, con el voto secreto, en el que también vota la señora de la limpieza, el delegado de alumnos y la parte B de la administración, los funcionarios B de la administración, pues prácticamente acababa con el mérito. Siempre habrá más número de profesores menos diligentes, más molestos por los que tienen fervor y pasión investigadora que lo contrario. De modo que hasta el ochenta y dos, con la ley Maravalla y el departamento, el profesor vivía de su prestigio. A partir de entonces el profesor vive del beneplácito del departamento, que a su vez es una institución básicamente bolchevique, o sea, su estructura, su naturaleza el bolchevique. ¿Qué llamamos bolchevique? Pues llamamos una forma de recuento numérico donde no se cuenta los números. O sea, es la diferencia entre una asamblea democrática y un soviet. El soviet nunca ha tomado en consideración esto de que realmente eran quinientos treinta y tres y doscientos quince votaron tal… No, el soviet esto es por aclamación o por otro tipo de cosa. Por eso Lenin decía que el soviet es más democrático que la democracia. La democracia le ha dado tantísimos disgustos a la causa comunista desde el principio, que claro, habría que hacer…, y al fin se consiguió con el soviet, una institución que pareciera no ya democrática, sino superdemocrática. Esto es lo que es el departamento tras la ley Maravall en la situación española. Y, bueno, a pesar de todo, fíjese, estamos reunidos y no nos han cortado la cabeza todavía, o sea, en otro momento, si esto estuviéramos ahora en la Rusia de Stalin, o más en la de Lenin, caramba, difícil, difícil.





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Ahí está, es que el victimismo tiene muchos vehículos, pero el principal, que es el amarillista ese, lo que yo llamo patético-enfático…, y es un tipo de discurso donde el verbo y el sustantivo se omiten, prosperan el adjetivo y el adverbio y entonces, lo que se hace, pues eso, mover los sentimiento y claro… Yo por ejemplo me he pasado un año en la cárcel, en incomunicación, porque lo pedí yo… Me vino muy bien una vacaciones humildes pero pagadas y así redacté “Historia general de las drogas”. Naturalmente a mí me sigue pareciendo uno de los puntos fuerte de mi vida aquel año que claro, hacía flexiones, me mantenía físicamente bien; cuando venían los funcionarios, aunque yo no podía, me decían “puede salir al patio”; digo “no, muchas gracias señor funcionario, porque aquí estoy terminando con esto y tal”; claro, con lo cual acabaron creyendo que se trataba de un loco y no me molestaron. Y ¿cuántas personas ahora tenemos que soportar que se sientan “afectadas”?Por ejemplo, el nuevo verbo ese de “afectado”.¿”Afectado” qué es eso de “afectado”? “Afectado” quiere decir que no han recibido una lesión contabilizable en términos forenses, pero que de alguna manera, huy, aquello ha cambiado su vida. Antes eran…, mucho y, ahora, se han quedado afectados, y ya son menos. Lo que se llama el coraje, la bravura, no forma parte de, digamos, esta constelación. Pero es que también es cierto que la bravura no es exactamente una virtud democrática. Depende un poco de los pueblos. Hay pueblos con más bravura, o con menos, pero también depende de los tiempos…, es una variable, diría yo, dependiente de muchos factores. Pero el victimismo, yo creo que su talón de Aquiles es ser ridículo, porque, por lo demás, tiene un éxito enorme… Todas las personas que se sienten descontentas consigo mismo, Freud diría “todas las personas que tienen un superyó descontento, es decir, todas aquellas personas cuyo yo incumple lo que el propio yo considera que debería ser…, pues todas estas son propensas al victimismo y, entonces, la culpa es de otro, o la culpa es de la mala suerte. Nunca se asume la responsabilidad. Por eso no se ama la libertad y mucho menos se considera que la libertad es la única forma de justicia que hay. Son personas que, por ejemplo, distinguen “ley del talión” y principio de reciprocidad. Atarte del factor este truculento del ojo, la ley del talión lo único que dices es “no pidas sin dar”, “no recibas con ingratitud”. Y si “pides sin dar” y “recibes con ingratitud” ya me encargaré yo de no darte jamás y no incluirte en el círculo de mis relaciones. Creo que eso…, vuelve a lo de Rand, “si nosotros toleramos al victimista le estamos subvencionando”.
---------------------------------------Bueno, ahí está. Es una paradoja… Pero cuando empecé hablando de “los últimos serán los primeros”, realmente, es que esto es muy fuerte. O sea, va uno a coger todas las colas, imaginemos (la Unión Soviética además fue…, y cuba, todos los países socialistas, de socialismo real, son países de enormes colas)… Pues si se cumpliese el principio tendrían que coger en cada cola, y una vez que había mil personas, ¡puf!, situar a la mil en la primera y a la primera en la última. Eso parece una broma. Pues no, no es ninguna broma, es lo que hacen. Entonces ¿qué se sigue de ello? Un tremendo despilfarro energético. Es decir, se contraviene…, es como pensarque el agua, que llueve para arriba, por ejemplo, o que llueven ranas o cualquier tipo de cosa. Es ese amor por la fantasía. Pero, cuidado, la novela gótica, que fue el género literario con más éxito del siglo XIX, estamos otra vez con la novela negra que es una variante de la novela gótica. Y el romántico se puede vestir con muchos trajes distintos, pero siempre hará valer la misma tesis de “¡qué rollo la realidad, qué tontería! ¡Es mucho más verídica, y verídico el ideal, mucho más intenso, tiene más vida!” Y entonces dices ¿qué llamas tú vida? Claramente no se trata de parámetros energéticos ni de parámetros definibles en términos conceptuales. Bueno…, es una especie de cosa así…, un tarugo interno este que básicamente insiste en “¡Cuánto me gustará ver cómo se tuestan los sabios descreídos cuando les llegue el juicio! Porque otra de las cosas que tiene esta gente en común, del principio al final, es lo del juicio. ¿No sé si te has dado cuenta? O sea, el juicio final está presente desde el principio, y no se ha acabado. La gran cuestión es si se expropiará compensado o se expropiará sin compensación. Estos señores, los enemigos del comercio, los enemigos de la propiedad privada, pues claro, quieren expropiar sin compensación. ¿Qué pasa? Que se empobrece. Es lo que ha pasado. Siempre lo hemos visto. Ciento quince años de experiencias comunistas y ni una sola ha producido prosperidad. Es más, en el libro yo tengo la ventaja de haber…, como he investigado tan en detalle he descubierto que sí, ha habido seis sectas comunistas norteamericanas religiosas, que está documentadas profusamente, que fueron muy prósperas y que dieron lugar a algunas de las más importantes multinacionales actuales. Pero ¿por qué? Porque fueron sectas comunistas instrumentales. Es decir, el comunismo no era un fin en sí, sino que decidieron poner todo en común porque se estaban muriendo de hambre y era dificilísimo. Acaban de llegar y eran iglesias de estas, “dissenter”,separatistas, que acababan de llegar a Estados Unidos y ¿cómo salir adelante sin morirse de frío y de hambre? Pusieron todo en común y vivieron fantásticamente. hubo otras tantas comunas, también en Estados Unidos, también en la misma época, basadas en intelectuales, es decir, en el comunismo como fin en sí y la más importante fue la que fundó Owen, “Nueva Armonía”, que acabaron a tiros y a mordiscos unos con otros y muriéndose de hambre, ¿por qué? Porque esto del último el primero, ante todo es un disparate energético. Es decir, es un planteamiento “el agua como si no cayese por el plano inclinado, al contrario, el agua tiene la característica de ascender los planos inclinados. ¿Y por qué? Porque esto es lo que manda la verdad, el espíritu y el ideal ¿no? Bueno, pues qué le vamos a hacer. La verdad es que con estas personas es un poco difícil mantener una conversación en términos silogísticos.
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Claro, y entonces pasó lo que pasó, que al año de estar Lenin en el poder, él había llegado diciendo que la jornada era de seis horas y lo que impuso fue la jornada de catorce y el reclutamiento industrial obligatorio. Pero este tipo de cosas…, bueno, lo que podíamos llamar en general la coherencia, que es el orden silogístico… Decía la coherencia…, te prohíbe extraer una proposición universal de una proposición particular, te prohíbe plantear como negativa que tú previamente has planteado como afirmativa (eso es lo que se llama la cantidad y la cualidad en los juicios, eso es lo que articula el principio de la consecuencia). La conciencia infeliz esta, de los que se oponen al comercio, evidentemente no es partidaria del principio de la consecuencia, o sea, no puede coexistir con él. Pero al no coexistir con el principio de la consecuencia tampoco puede coexistir con lo que promete, que es un mínimo de prosperidad. La gran experiencia, el gran disgusto de los últimos cien años, ha sido comprobar que en ochenta casos diferentes, con fundamentos diferentes, los ochenta casos han acabado en bancarrota, aunque esta postura es la que ha empezado anticipando la bancarrota del capitalismo. O sea “el capitalismo está en bancarrota”, muy bien, vale, pues creamos la solución, ¡ah, qué casualidad! Hemos hecho ochenta ensayos y los ochenta han salido en bancarrota. ¿Qué le vamos a hacer?
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A uno que le dice que defiende al Estado.
No, no hago defensa del Estado. Simplemente digo que el Estado es inocente.
Le dice que el Estado se fundamenta en el uso de la coacción y de la violencia.
Los gobiernos.
Le dice que hemos comprobado que el Estado siempre actúa en perjuicio de la ciudadanía.
No, no hemos comprobado eso.
Le dice que no comprende que no pueda imaginar la convivencia sin Estado.
Sí, pero fíjese usted…, el estado para usted es un sujeto real. Yo, claro, considero que no es un sujeto real, no es un cuerpo físico. Y si le atribuye usted al estado, por ejemplo, como inconveniente, ser el monopolio de la violencia (eso es el núcleo de la sociología weberiana, es la definición que da Weber del Estado.., dice “es el titular de la única violencia legítima”)… Usted está pensando que el Estado tiene algún tipo de entidad y el estado no tiene más entidad que la que tiene la sintaxis, el dinero, la ciencia, el Estado es una institución. Los gobiernos son personas y, entonces, a los gobiernos se les pueden pedir cuentas. El Estado es tan inocente como el dinero. ¿Usted estaría en contra del dinero?
Le dice que “según y cómo”.
O, por ejemplo, la religión. La religión es una institución también de esa índole. O sea, decir “tenemos que pasar de la religión” es algo parecido a decir “tenemos que pasar del Estado”.
Le pregunta si está con Mussolini.
Pues bueno, si le parece a usted esa fórmula… Yo lo que digo es que pegarse con el Estado es como pegarse con el Capital, por ejemplo. Marx está como en la piñata, el juego ese mejicano que se pone uno un antifaz y con una garrota y entonces hay que pegarle a la piñata. El capital, en el sentido de Marx no existe. “Monsieur le capital”, como lo llama él, y “madame” la renta de la tierra, esas son las dos formulaciones, son seres imaginarios, son seres patético-enfáticos. El Estado en el sentido de Rothbard es un ser patético-enfático, inexistente. Si lo analizamos en términos conceptuales tiene tanta culpa de las cosas como, insisto, la ciencia, la sintaxis o el dinero de cómo se habla, de cuál es la situación financiera de un país o que pasa, si hay o no matanzas religiosas en él. Yo creo que hay que distinguir muy cuidadosamente las sustancias, y el Estado no es una sustancia, y las no sustancias. O sea, el individuo es una sustancia. O sea, yo diría que el universo entero, el Cosmos, tanto el micro como el macro, pivota sobre la individualidad, que yo definiría como soledad última. Eso es físico. Físico no en el sentido de la física inerte de Newton, sino físico en el sentido de fuente de movimiento, fuente de vida. El Estado no está vivo, el dinero tampoco, la sintaxis tampoco, la ciencia tampoco, la academia tampoco. En cambio los gobiernos, los individuos, las bolsas, por supuesto que se trata de sustancias ontológicamente, en sentido ontológico. Entonces, echarle la culpa al Estado es ponerse a pegar palos como los de Marx al capital. Ese capital de Marx no existe. Hay un sistema, digamos, de cooperación general, de supercooperación, que es lo que podemos llamar sistema capitalista, pero no existe “monsieur le capital” no existe”. “Monsieur l’Etat” tampoco, a mi juicio. Y fíjese que el que más se ha acercado a decir que sí existía era Hobbes (yo he traducido el “Leviatán”de Hobbes, hace muchos años, es un tocho enorme) y, sin embargo Hobbes acaba, después de una larga autodeliberación, llegando a la conclusión de que no, el Estado no…, Leviatán…, Leviatán al final es el monarca, que vuelve a ser una sustancia física, una sustancia ontológica.
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Al que le pide que defina al Estado.
¿El Estado? Pues bueno, se puede definir como el límite institucional al egoísmo subjetivo.
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Al que le pregunta por el final de la guerra civil española.
Pues difícil, porque ha habido tres guerras carlista y la civil… Hemos tenido cuatro guerras civiles en un siglo… Claro, sigue odiando. Sigue el mismo sentimiento de “¡cómo me alegraré de que te pudras!”, eso “¡ojalá te mueras!” Claro, sigue igual de vigente que entonces ¿eh? Ese…, a Calvo Sotelo le pegaron dos tiros el quince de julio…, vamos, cuatro tiros le metiron en la nuca, lo dejaron tirado en una cuneta y a la mañana siguiente, cuando lo encontraron, en Cortes dijeron “bueno, es que ese gusano lo hemos fulminado…”Vamos a imaginar que ahora le cogen a Rubalcaba y lo encontramos cosido a balazos en una cuneta y se levantan los diputados del PP a decir “ya era hora ese gusano, ya lo hemos fulminado”. Ale. Pues ahí se nota hasta qué punto hemos progresado, que eso ya no pasa. Vamos a ver si vuelve a pasar, porque si la economía sigue yendo mal la solución más normal será el “frente popular”, es decir, será una política frentepopulista, muy peligrosa, pero eso va a depender del estado de cosas económico y eso va a depender también del nivel de competencia y efectividad de que sean capaces los trabajadores españoles, es decir, del rendimiento práctico que en cada una de las ramas de actividad seamos capaces de producir.

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A la que dice “¿si es que la verdad se ha desvinculado de la realidad?”

Huy, huy, huy, lo que pasa es que ya ha metido muchas cosas. Por ejemplo ¿cómo se puede desvincular la realidad de la verdad?Me parece imposible.

Ella corrige y dice ¿si el liberalismo se está desvinculando de la realidad, que es tanto como decir de la verdad?

Bueno, es que una rama, la que estábamos hablando, la Rothbard, la del ciento por ciento, que se podría considerar doctrinaria o maximalista, ahí, entonces, se puede poner en duda que se confunda el liberal con el conservador. O sea que cuando, a mi modo de ver el comunismo es la posición conservadora paradigmática y, claro, pues tiene como hermano o casi hermano gemelo al conservador político tradicional, que lo que es, es un ultra-monárquico, porque tienen la misma fascinación por la autoridad incondicional y por el dogma…, digamos, tienen textos revelados. El liberal no, el liberal se distingue del conservador en que no teme el cambio, pero tampoco está dispuesto aceptar cualquier cambio. O sea, digamos que a un liberal sólo le puede convencer un silogismo bien construido. Es decir, donde ni por la cantidad ni por la cualidad de los juicios se está incurriendo en sofisma. Yo quisiera terminar el tomo tres con dos o tres silogismos bien organizados sobre la cuestión. Porque claro, silogismo no es más que la concatenación de premisas y cada una de las premisas tiene que ser congruente. O sea, si decimos “esto es esto”,pues eso es una premisa. A mí me gustaría terminar así. El liberalismo, sobre todo en épocas de gran triunfo, de triunfo incondicional, como el que tenemos ahora del sistema capitalista, tiende a hacerse conservador y, entonces, a olvidar sus propias raíces, a mi juicio, y yo no lo estoy diciendo en abstracto, lo estoy diciendo pensando en la obra concreta de Rothbard. A mí me parece que ese señor es conservador, para empezar, por la ignorancia.

Ella le pregunta “¿identifica conservador con ignorancia?”

En parte, en parte sí. El conservador es que no le interesa. El conservador está tan convencido…, tiene textos revelados. ¿Cómo va a investigar si tiene escrituras reveladas?

Ella menciona a los “liberal-conservadores (Thatcher, Esperanza Aguirre…)” y sugiere que conservador no es inmovilista.

Ah, pero cuando decimos conservador queremos decir inmovilista… bueno, es que inmovilista tiene que ser el que tiene textos sagrados. El que tiene verdad revelada no tiene más remedio que ser inmovilista. En realidad es lo mismo, o sea, es un contrasentido, y yo no he visto nunca un conservador que no tenga su dogma.

Ella menciona que algunos científicos cambiaron su teoría de partida ante una realidad que la contradecía.

Siempre que respetemos la realidad, siempre que vayamos a ella sin prejuicios yo creo que somos liberales.

Ella se refiere al Estado admitiendo que no es una sustancia, pero le atribuye una “inercia” que es “aprovechada” por los políticos.

No, no, porque fíjese que la estructura antigua de poder estaba basada en personas que ya lo tenían y ahora ha venido la clase política precisamente para, a través del Estado, a través de cumplir funciones estatales adquirir esa propiedad y ese poder que no tenían. O sea, ahora no nos encontramos con una casta de gobernantes, nos encontramos con una auténtica clase política, que es completamente distinto y, entonces, claro, tenemos que entenderlo en términos sociológicos, no sicológicos. Aquí empieza a ser diferente la conducta, digamos, intencional de cada miembro del comportamiento conjunto de esos individuos, que tienen unos intereses de conservación muy definidos y, claro, los intereses de conservación muy definidos ¡qué casualidad!, no podían por menos de pasar por una bendición del pobre de espíritu. Por ejemplo, es curioso que a las mujeres de la limpieza de los ministerios se les pide saber inglés, pero no al presidente del gobierno.

Al que le pregunta cómo compatibiliza su condición de “demócrata radical” con la igualdad entre el voto de la persona informada y el del “pobre de espíritu”.

Pues sí, pero es que, por eso de que las rectas mienten y que toda la verdad es curva, o sea, porque el destino de lo inmediato es ser abolido, que decía el maestro Hegel…, el destino de todo lo inmediato es ser abolido, hemos usado la democracia como mal menor y debemos seguir considerándola en ese sentido. Yo por lo menos la considero así. Pero creo que el evento más estimulante de los últimos veinte o treinta años ha sido Internet y la posibilidad de democracia directa. Mientras la población siga siendo tan…,taruga, y tan…, soportando…, tan, digamos, tan poco corajuda, pues va a ser difícil que utilice la democracia directa para cosas distintas como “pues no voy a pagar impuestos”, estupideces de ese calibre e incoherencias de ese nivel. Pero, a pesar de todo, ya está dado el instrumento para que las personas gobiernen el aparato público. La gran cuestión que no hemos tocado, por cierto, en todo este rato, es hasta qué punto la esfera pública y la esfera privada no son incompatibles. Al contrario, son necesariamente compatibles. Lo que pasa es que en cada momento del tiempo y en cada lugar esa compatibilidad adquiere unos rasgos definidos particulares que, digamos, nunca son lo perfecto. Siempre es un mal menor lo que se está consiguiendo. A mi entender la democracia directa se ha puesto en marcha y es imparable.
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