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sábado, 25 de julio de 2015

Conversación entre Armando Ribas y Guillermo Andreau en 2007 (II)



Guillermo Andreau: Me parece que la separación de la iglesia y el Estado, con “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, significó un importante aporte en este camino evolutivo.
Armando Ribas: Yo no discuto eso. Es más, yo tengo un artículo, que se llama cristianismo y liberalismo, donde rescato todos los valores que están en el liberalismo que provienen, de alguna manera, de aceptaciones del cristianismo. Entre ellos el reconocimiento de la falibilidad del hombre, la tolerancia (el que esté libre de pecado…), la propiedad privada, en la parábola de la hora nona (Mateo 20, 1-16), la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio (Lucas 6, 41-42) y, por supuesto, la separación del Estado y de la Iglesia. Pero eso no fue lo que ocurrió en la historia de Europa.
G. A.: Pero son los principios del cristianismo. Que no se hayan respetado en la geografía católica es otra historia.
A. R.: No. Ni en la católica ni en la protestante. Si no que le pregunten lo que pasó con Lutero o lo que pasaba con Calvino.
G. A.: Con Calvino, que buscaba ramas verdes para que se prendan fuego más lentamente.
A. R.: En los Estados unidos este proceso se da por una circunstancia especial: que había una multiplicidad de sectas, que se pusieron de acuerdo y ninguna pudo tener el poder político absoluto. Esto ya lo había dicho Adam Smith en “La riqueza de las naciones”. Prácticamente había dicho que la libertad religiosa dependía de la multiplicidad de sectas. Y esto lo repite Madison en la carta X ó LI, no recuerdo, del “Federalist Papers”. Pero también habla de que la libertad civil depende de la multiplicidad de intereses. Para que no haya procesos facciosos, en colusión con el gobierno, que son los que determinan después la falta de libertad. Lo que quiero decir es que se instauró, a partir de ciertos principios, un procedimiento que permitió que se cumpliera determinado objetivo basado en la conciencia no de cómo el hombre debía de ser, sino cómo era el hombre. Este es el gran cambio. No hay un solo escrito de los americanos que diga “nosotros hacemos esto porque somos superiores”; al contrario. Todo el criterio de la ética de trabajo protestante no es sino un invento. Lo dijo Weber pero los alemanes no han hecho más que decir estupideces en materia política, con Hegel, Kant y demás. No tengo tiempo para explayarme en esto. Lo que yo digo es que del mismo proceso histórico greco-cristiano surgieron dos filosofías políticas diametralmente opuestas.
G. A.: Antagónicas.
A. R.: Antagónicas. La una que produjo la libertad, basada fundamentalmente en el nominalismo de los universales; el gobierno, como reconocieron Locke y los americanos, está formado por hombres, como lo reconoció también el señor Aberdi. En el otro el Estado es una entelequia. Como también se convierte en una entelequia el mercado, como si fuera… Cuando el mercado no es nada más que el nombre que se le da al ejercicio de los derechos, que cada uno de nosotros tiene y que ejerce dentro de un sistema jurídico que no los ignora. Esta es la idea. Y aquí viene otro tema fundamental, acerca del cual yo discrepo contigo: la moral y la justicia son dos conceptos diferentes. La moral es intencional, la justicia es consecuencial. Y la justicia, efectivamente, es un aprendizaje.
G. A.: ¿Y la moral no es un aprendizaje de la historia, también?
A. R.: No. La moral puede tener muchísimas facetas. Hoy por hoy…
G. A.: Yo diría que la moral, en el sistema anglosajón, no está ligada al derecho…
A. R.: No. No necesariamente. Todos los actos internos de cada uno de nosotros, que no afectan a terceros, son problemas de conciencia de cada cual. La justicia no está para decir quien tiene que ir al cielo, sino quien no tiene el derecho de violentar los derechos de los demás. Pero lo más fundamental es que los primeros que no tienen derecho de violentar los derechos de los demás, en función de una deidad ficticia, como es el pueblo, son los gobiernos. Esta es la gran diferencia entre los Estados Unidos y lo que allí pasó y el fracaso de las políticas europeas. Despotismo lo hubo siempre porque, y también lo dice Hume, el poder político surgió siempre de las guerras y los generales eran los que tenían el poder político. Y la lucha por el poder político fue siempre lo único importante en el egoísmo humano, porque era lo único que lo hacía a uno vivir un poco mejor que los demás, aunque nunca soñando que se podía vivir como vivimos hoy nosotros. Eso hizo que la pobreza fuera generalizada a través de la historia hasta hace doscientos o doscientos y pico de años. Hasta Marx lo reconoce en el “Manifiesto comunista”, cuando dice que la burguesía ha creado más riqueza que todas las generaciones anteriores juntas. El problema es encontrar qué fue lo que se hizo para que se generara riqueza, y eso fue el reconocimiento de los derechos individuales. La protección de los derechos individuales, la separación de la moral… porque el moralismo colectivo ha sido siempre la justificación del poder político absoluto. Y esto el que lo escribe es Popper, cuando habla de un moralismo absoluto de un hombre que no existe; eso es una utopía y esa utopía es madre de la violencia, de la violencia que se ejerce fundamentalmente desde el Estado. Esta es la situación que cambió la historia del mundo. La gente cree que lo malo en Alemania fue Hitler y en Rusia Stalin. No. Lo malo en Europa fue toda la filosofía europea, que creó el totalitarismo, que es la racionalización del despotismo a partir de un romanticismo filosófico y político, que en el fondo pretende la universalización racionalista de sentimientos particulares. El que el hombre ame no quiere decir que se ama la unanimidad (Hume). Hay cosas que están en el hombre que son biológicas: querer a los hijos, querer a los padres y demás…
G. A.: El amor es algo de carácter limitado a nuestra pequeña esfera…

A. R.: Lo que no quiere decir que el hombre no se conmueva ante ciertas circunstancias desafortunadas de otra gente. Pero vamos a decir que nadie va a dejar de comer hoy para que coman en Biafra. Eso es una mentira. Y toda esa mentira que está en la pretensión de que hay que eliminar la pobreza en el mundo. Mientras más destruyan el sistema que genera la riqueza, más pobreza va a haber en el mundo y más concentración de poder.

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