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sábado, 25 de julio de 2015

Conversación entre Armando Ribas y Guillermo Andreau en 2007 (IV)



Guillermo Andreau: ¿Por qué crees que la interpretación de la revolución dada por los franceses ha tenido tanto éxito, a pesar de ser tan negativa? Sabes que a los argentinos se los define como italianos que hablan español, que fueron educados por los ingleses pero que quisieran ser franceses. ¿Por qué las ideas francesas influenciaron a la Argentina y a Cuba?
Armando Ribas: Primero que todo no se puede comparar a Cuba con la Argentina de ninguna manera. Mientras que la Argentina se sobrepuso a la revolución de 1810 con un pensamiento que venía de Alberdi, pero que indudablemente lo participaron Sarmiento, Urquiza y Mitre, que fueron los cuatro generadores de la Argentina. Porque no es que la generación del ochenta no hubiera sido importante, pero que pudieron subirse a un tren porque ya venía. En otro caso hubiera seguido la Argentina en la Edad Media, porque el fracaso del proyecto de Ribadavia produjo el retorno a la Edad Media, a través de Rosas, de “religión o muerte”... Pero por supuesto esto no es lo que le enseñan a los argentinos. Y la inmigración fue un producto de la apertura de la conciencia de Alberdi, de estar en contra del nacionalismo, de la libertad religiosa. Por eso a Alberdi no se le conoce en la Argentina, porque ni los nacionalistas ni la iglesia lo respetan. Esta es la verdad.
G. A.: Se lo mantiene exilado a Alberdi, sobre todo en las universidades.
A. R.: Y en la discusión con Sarmiento se ve la genialidad de él en este caso, porque no siempre tuvo razón, otras veces tuvo razón Sarmiento. Pero cuando le dice “señor Sarmiento, existe una barbarie ilustrada mucho peor que la barbarie de todos los salvajes de América”... Y eso que no había visto lo que hicieron los nazis y los comunistas, pero lo preveía.
G. A.: Lo anticipó.
A. R.: Lo anticipó, lo anticipó. Esta es la realidad. Y Sarmiento también se percató de otro hecho, de que era posible aprender las cosas, y lo dice en los comentarios a la Constitución de 1853, cuando señala que si fuera por los hechos que ve en la Argentina se diría que este país estaba hecho sólo para obtener ladrones y criminales, pero que era posible aprender y que para eso se necesitaba la Constitución, que era fundamentalmente para poner límites al poder político. Este era el objetivo, porque él aprendió mucho de la situación de los Estados Unidos. Pero cuando trajo a las maestras americanas acá lo querían matar directamente.
G. A.: Pero volvamos al triunfo de las ideas francesas.
A. R.: No. Pero después no fueron las francesas. Fueron las alemanas. En la Argentina, a partir de la enseñanza nacionalista, que empieza en 1907, creo, o algo así, con el señor Ramos Mejía, empieza todo un proyecto de desvalorización del proyecto americano, descalificándolo como mediocre.
G. A.: Por poco racional.
A. R.: Claro. Y empieza todo el racionalismo germánico con Kant, que es para mí el más culpable, aunque la gente cree que fue Hegel. No hay Hegel sin Kant y Kant influenció más a Marx, más que Hegel, con la idea de que hay un imperativo categórico universal; que se sabe cuál es la virtud por antonomasia, que la sabe todo el mundo y el que no lo hace tiene que denigrarse a sí mismo. Eso está escrito por él en la “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”. Y esto fue lo que se creyó Marx y lo puso en práctica; creer que todo el que tenía intereses estaba explotando a otro; quería terminar con el Estado y crear la dictadura del proletariado, que en el fondo era otro Estado más burocrático todavía que el que había. Y estas ideas toman cuerpo en la Argentina a través del ejército y de la iglesia, porque si bien la “Rerum novarum” es un retorno de la iglesia a los principios liberales del cristianismo, después de salir del oscurantismo del “Syllabus”, en 1930, cuando hacen el acuerdo con Mussolini, del concordato de Letrán, y Mussolini le devuelve los Estados Pontificios, Pío XI publica la “Quadragesimo anno”, que es una encíclica fascista, donde está prácticamente retratada la “Carta del Lavoro”. Y que conste, cuando hablo de esto no estoy hablando de religión. Todo el mundo tiene el derecho a tener las creencias que quiera. Estoy hablando de la política de la iglesia, que hoy, hace seis meses, creo, fue el cardenal Bertoni para felicitar a Fidel Castro en nombre del papa porque estaba a favor de la solidaridad y de eliminar la pobreza, cuando no ha habido nadie que haya creado tanta pobreza ni haya matado a tanta gente en Cuba como el señor Fidel Castro.
G. A.: ¿Y cómo la solidaridad y el patriotismo, que son dos…? Por eso a mí me interesa también lo que decía Hume, que toda ciencia debe comenzar con la ciencia de la mente humana, menos la solidaridad que es instintiva. Y el nacionalismo, que también es instinto, se transforma en una herramienta que nos puede conducir a una situación tan penosa.
A. R.: El nacionalismo es también circunstancial. No nos equivoquemos. El nacionalismo es circunstancial y es tribal. Después el tribalismo, en la medida en que los Estados se hicieron más grandes se extralimitó. Esto fue lo que escribió Popper en varias ocasiones, como en “La sociedad abierta y sus enemigos”. Fíjate que a pesar de que él cree que occidente es producto de Grecia y el cristianismo y demás, lo primero que hace en “La sociedad abierta y sus enemigos” es destruir a Heráclito, a Platón y a Aristóteles. No dejó títere con cabeza. No le quedó un griego para que nos legara un proceso civilizador. Y yo soy un admirador de Popper, porque tiene muchas cosas valiosas, pero todo el mundo tiene el derecho a equivocarse; yo también lo exijo para mí mismo.
G. A.: Por eso hay varios trabajos ahora, no refutando a Popper sino diciendo que tanto Marx como todos los filósofos de Europa continental lo que hicieron fue el uso de la falsación. El problema es la repercusión que tuvieron sus ideas. Sus ideas podían ser falsas.

A. R.: Porque las ideas esas tienen parte de lo que ya Hume había dicho. Por eso había que cambiar las circunstancias, porque el hombre no cambia, el hombre no deja de tener sus propios intereses, no deja de ver… ¿Qué cosa es el hedonismo? El hedonismo es el exceso de gasto del otro, el nuestro siempre es una necesidad. En otras palabras, eso está en San Marcos, que es la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y hoy por hoy, a través de muchas cosas nos estamos dando cuenta que Hume no dijo “de la mente humana”, sino que dijo “de la naturaleza humana”. El estudio de la naturaleza humana. Cómo responde la gente ante determinadas circunstancias. Y por eso insistió en que había que cambiarlas. 

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