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miércoles, 22 de julio de 2015

Intervención del Antonio Escohotado en el programa de Televisión Española “Pienso Luego Existo”, el 23 de octubre del 2011.



ANTONIO ESOCHOTADO: Pues, por una parte, la filosofía es un saber no especializado pero, por otra parte, es un saber técnicamente super-especializado pero, también, si lo pensamos un poco más, filosofía es dar sentido a ese puñado de palabras..., que es una docena o menos, que articulan, en general, el lenguaje. Espacio, tiempo, materia, ser, nada... Y también, filosofía, en una tercera acepción, sería el coraje de buscar lo general, lo universal, pero ateniéndose, en cada caso, a cada época. O sea, con la filosofía nace también la filosofía de la historia, que parece ser, digamos, la rama más interesante del asunto. La filosofía sirve, pues, para toparse, una y otra vez, como si uno fuera un toro en los cubiles, en busca de lo que uno quisiera realmente expresar de una forma clara y contundente y que, continuamente, se escapa. Yo creo que, en este sentido, utilidad la filosofía no tiene ninguna, salvo la de la humildad del que filosofa. O sea, darnos cuenta de que lo aparentemente sencillo, lo que tiene una respuesta unívoca, no la tiene. De alguna manera, si el filósofo no tiene vocación y no tiene autocontención, no es constantemente consciente de sus límites y de que no está ahí para impresionar a otros, que eso ya les toca, por ejemplo, a los cómicos o a la clase política, pues mal vamos. Estamos coqueteando con la inmortalidad. Pensamos que, de alguna manera, Sócrates está igual de vivo hoy que hace veintiséis siglos, cosa que no le sucede a todo el mund

UNA VOCACIÓN PERDIDA

ANTONIO ESOCHOTADO: Ser un guitarrista. Vivir de la guitarra y ser creativo y eximio como guitarrista

ANTONIO ESOCHOTADO: Yo me fui a los cuatro años con mi padre, que lo habían nombrado agregado de prensa en la embajada de Río de Janeiro, y volví a los catorce. Fueron diez años estupendos. Como, además, soy hijo único, tenía todas las atenciones, quizá un poquito demasiado... Eso debió malcriarme, pero no me acuerdo. Y, claro, toparme aquí..., caer aquí..., era el mundo mesetario, nacional-católico... Me peleé inmediatamente con los militares, la policía y los curas. Es más, yo hubiera sido un espíritu más calmado y menos insumiso de no haber tenido ese encuentro precoz y, sobre todo, tan brusco.

-Con el comunismo, era gracioso porque, en aquella época, había el mundo de Camacho y de los enlaces sindicales. Eso era, verdaderamente, unos poco obreros en cuanto tal. Pero, sobre todo, había intelectuales, que podemos definir al intelectual como la profesión del no profesional. Pero bueno, en aquel momento había unos pocos obreros y unos muchos intelectuales, entre los cuales yo, que, si no hacíamos una escisión pro-china, nos dedicábamos, por ejemplo, a disertar sobre chorradas gigantescas, como si era mejor Karl Korsch o György Lukács en la interpretación de Marx, o a leer el infumable “Crítica de la razón dialéctica”, de Sartre porque, en el fondo, teníamos sueños de reeditar la Revolución Francesa en una versión, así, de barrio. Llegó un momento en que molestamos tanto al PC mismo, y con razón, como, unos con otros, acabamos todos peleados, y yo decidí irme a Ibiza. En Ibiza nos encontramos con lo que queríamos. Esos palacios payeses, como llamaba yo, donde no había agua corriente, donde no había luz eléctrica, pero maravillosamente bien emplazados y con una vida social frenética, aunque se tardaba mucho en ir de una casa a otra. En fin, era un mundo propio. Era demostrar que podíamos vivir de lo que los demás tiraban y que, encima, lo pasábamos de espanto y que, encima, éramos focos magnéticos de atracción allí donde fuéramos. Por lo demás era bastante pueril. Su parte política era inexistente y la parte religiosa peor que inexistente; era absurda, o sea, gurus aquí, gurus allá, que si comida macrobiótica, escayolitas y hacerte hebillas de cinturón y ponerte una ropa de tal y cual. Aquello se acabó, pero yo creo que esos diez años o así fueron el único evento ameno del siglo XX.

CARLOS MOYA:...

ANTONIO ESCOHOTADO: De pequeño era un poco repelente niño Vicente, o mucho, porque fui hijo único. Mi padres me quisieron mucho... Mis padres me quisieron mucho y, entonces, me entró la manía de leer, pues allá por los doce o trece años, los libros más soporíferos de la biblioteca, empezando por la Enciclopedia Británica y el Diccionario Espasa. Entonces, como mi padre era muy amable y me estimulaba y decía ¡huy, mi hijo, si es muy culto!, y tal... A partir de ahí empecé yo con una especie de neurosis obsesiva relacionada con el cultivo precisamente de aquella rama del conocimiento más..., no sólo más abstruso, sino más difícil y menos cultivado.

-El hecho más importante de mi evolución intelectual es el conocimiento de Hegel. Eso sí que fue fuerte. Al principio quedé pasmado, pero me di cuenta también de que era el único que iba a fondo, que decía las cosas con una hondura parecida a la que tiene la vida al plantearnos las situaciones. O sea, que era totalmente descarnado y, por supuesto, que era el hombre más culto que yo había encontrado, y que escribía como un torrente. O sea, creo que no hay un prosista comparable a Hegel en sus buenos momentos... Creo que podemos hacer diez párrafos de Hegel inigualables. Lo que pasa es que podemos encontrar unos cincuenta mil insufribles. Hegel es el filósofo que dice que las cosas son resultado. O sea, las cosas no son a prioris. Todo el mundo matemático, que es el mundo de lo abstracto, supone que las cosas cumplen una hipótesis preestablecida. Hegel es el primero que dice: lo verdadero es el todo y el todo es siempre resultado. Es decir, las cosas son su propia historia. No hay nada detrás del mundo más que lo que el mundo ha ido haciendo en cada caso. Yo no entiendo nada si me dan una definición de una cosa pero, en cambio, si entiendo cómo nació y como murió, entonces ya estoy en la cosa. Toda mi vida he sido historiador, de esto o de lo otro. Pero es que, digamos, mi método, que es el hegeliano por lo demás, es ese..., es atención a lo concreto.

JOSÉ AVELLO:...

ANTONIO ESOCHOTADO: Las drogas no eran más que una ventana a la historia universal. Era una ventana que estaba tapiada y que entonces tú le quitas la tapia de..., quitas el recubrimiento de la ventana y se ven las mismas cosas, pero desde ese punto de vista. Estaba seguro, cuando escribí “Historia de las drogas”, que iba a ser, pues, el primer ladrillo de una construcción mucho más sólida, porque hasta entonces no había más que un par de escritos de médicos y un par de escritos sensacionalistas de periodistas. Pero no. Me equivocaba. En realidad el tema, aunque sí ha producido algunas investigaciones de cierto valor, en términos analíticos, quiero decir, pues no. O sea, el tabú todavía reina en la materia. Es muy fuerte. Yo era muy kamikaze... Antes hablábamos de que cómo me sentó de mal venir del Brasil y caer en el mundo nacional-católico, y luego tener que hacer la mili... Me sentó tan mal que me hizo insumiso de corazón... Y, claro, pues llegó un cierto momento que, una de las cosas que no se podían hacer, aparte del sexo libre, era lo de las drogas y claro, pues, prácticamente era una obligación hacerlo... Y no sólo consumirlas, sino consumirlas de una forma científica, es decir, buscando..., buscando qué es eso..., quién soy yo a través de eso..., por qué los otros, quienes son los otros, cómo se hace eso... Y todo el mundo propiamente científico que hay en relación con las drogas, que es lo que se vincula con la dosis. Necesitamos dosificar, igual que el piloto. El piloto conduce y tiene unas constantes muy precisas de las cuales no se puede ir, o si no se cae el avión y se mata. Con las drogas pasa lo mismo. Lo que pasa es que al piloto se le da toda la información y al usuario de drogas, aunque ahora toma todas las que quiere, porque son mucho más asequibles que antes de la prohibición, las tiene que tomar adulteradas, y entonces no puede aplicar ni su talento ni su conocimiento al asunto, puesto que no sabe la dosis.

-Yo pertenezco a la generación más salvajemente devastada por el abuso, la ignorancia y, sobre todo, la mitología relacionada con las drogas, pero espero que mis propias ganas de trabajar y el seguir dándole al asunto y, por supuesto queda claro que mi régimen farmacológico no ha cambiado, pues, bueno, demuestran que se pueden tomar de una forma razonable y que pueden no sentar tan mal.

UNA IMAGEN

ANTONIO ESCOHOTADO: Yo estaba saliendo, emocionado, de las salas de Mesopotamia y Egipto, en el Louvre, y fascinado..., por el Gilgamesh, el escriba, todo esto..., y, de repente, termina la última sala, llega la escalera y aparece la Victoria de Samotracia, toda blanca, con sus alas. Miro abajo y veo los griegos y digo ¡Dios mío! Salgo de la servidumbre, de la grisura, de la miseria autoritaria y entro en la vida, en la danza, en sexo, en la inteligencia..., ¡qué maravilla! Aquí están los griegos.

LA CIENCIA ES UN MITO

ANTONIO ESCOHOTADO: La ciencia es un mito, en la medida en que nunca puede terminarse. Nunca va a estar acabada nuestra versión del mundo. Pero esa condición de..., mítica en modo alguno reduce su capacidad o su contenido de veracidad, porque su veracidad es la precisión, es decir, es hasta qué punto refleja el estado del mundo y, como naturalmente, el mundo se ofrece en miles de perspectiva pues miles de perspectivas debe adoptar la ciencia. Lo trágico del pensamiento científico es que, en parte por la profesionalización de los último siglo y medio o dos siglos y en parte por la tendencia natural de los seres humanos a la arrogancia y al monopolio pues, lejos de ser una aventura interminable se constituye como algo que, bueno..., pues está prácticamente terminado. O sea, se sigue pretendiendo comprimir en una frase la ley de las cosas. Pues claro, no se puede comprimir en una frase y, por fortuna, el mundo no es legal. O sea, para lo legal tenemos a los tribunales, pero es otro campo. O sea, la pretensión de la ley en la naturaleza es que la naturaleza nos obedece a nosotros, o que obedece a Dios o que se le..., la mente divina. La belleza del mito griego es presentar a la naturaleza como obra de arte que se hace a sí misma y cuando en “Caos y orden” dije que la ciencia es un mito no quise, para nada, reducir su contenido de veracidad sino, justamente, recalcar lo que tenía de poético, lo que tiene de creador. Por supuesto, para nada reñido con el rigor de la investigación.

LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO

ANTONIO ESCOHOTADO: El tema..., el tema del comunismo, que yo lo he sentido en mis carnes... O sea, en cierto modo escribo este libro un poco como desde el síndrome de Estocolmo. He sido un verdadero adepto. Incluso lindando con lo fanático. Quiero demostrar que esto es consustancial al espíritu humano. El comunismo es..., si tienes la espirales del ADN, que es una espiral de replicación, resulta que en un lado está la espiral que dice libertad, aunque libertad ni se coma ni se mida ni se pese, pero libertad, y en la otra que dice ¿de qué dices, loco? ¡Seguridad, igualdad! Y, sin embargo, se van replicando como espirales del ADN... Esto de una sociedad donde sobren cosas materiales, que es donde estamos metidos ahora..., esto nunca ha sido un objetivo social sostenible. Hemos llegado de pura casualidad, como quien dice... Aunque no es cierto, si luego..., a eso nos ayuda la historia. Si enfocamos nuestra lente y nos ponemos a ver las cosas, cuando ya miramos en detalle la vida cotidiana de cada momento, nos damos cuenta de que, en realidad, estábamos preparando una sociedad de simple confort, como la que tenemos. Yo escribo “Los enemigos del comercio” porque en esa pendencia entre liberales y rojos, por así decirlo, vamos mostrando, vamos como destilando lo que somos. Y no sabemos lo que somos, porque lo que somos lo vamos averiguando siendo, es decir, siempre a posteriori. Entonces me interesaba..., me interesa hacer un libro básicamente narrativo, descriptivo. Yo no intento defender ninguna tesis. Creo que las cosas o se muestran solas o es que entonces no hemos llegado a investigarlas lo bastante.

GUILLERMO HERRANZ:...

UNA NOVELA

ANTONIO ESCOHOTADO: La mejor novela que conozco, “Los Thibault”, de Roger Martin du Gard, premio Nóbel del treinta y siete. Es increíble cómo ese libro, la mejor novela que he leído, y he leído muchas, ha pasado al olvido. Alianza lo editó en siete volúmenes y no lo vuelto a reeditar, es imposible conseguirlo. Yo, en libros de viejo, no lo he logrado. Por Dios, que lo reediten.

LA CRISIS ES CONSUSTANCIAL AL TIPO DE SOCIEDAD EN QUE ESTAMOS

ANTONIO ESCOHOTADO: No hay manera de mantener lo que se llama desarrollo sin entrar en crisis periódicas. ¿Qué quiere decir desarrollo? El desarrollo empieza aproximadamente con la revolución industrial y cambia el mundo de manera que, si antes el problema era infra-producir, el problema actual es sobre-producir. Acostumbrémonos a que la crisis es consustancial al tipo de sociedad en la que estamos. No tenemos ningún arma para solucionarlo. Por ejemplo, cuando las personas dicen: “más control”, no saben lo que dicen. Pura y simplemente no saben lo que dicen, porque es que..., habría que decir ¿pero más control dónde? ¿Cómo? ¿Quién controlará al controlador? ¿Quién vigila al vigilante? Y, para empezar, sobre todo, no es toda la evolución que llamamos desarrollo o crecimiento, prosperidad el..., por una parte el resultado de que no hay control y por otra parte, evidentemente, el resultado de que el Estado interviene cada vez más, y debe seguir interviniendo cada vez más. Ahora, que la intervención signifique restringir el mercado..., el que dice eso no sabe lo que dice. Para empezar, se supone que el mercado es un ser..., es un ser, no sé..., un ser real. Mercado no es nada más que oferta y demanda, juego de oferta y demanda. Mercado significa que no nos ordenan ni qué hacer ni qué consumir..., ni qué producir ni qué consumir. Eso es lo que es mercado. Entonces, claro, cualquier ataque a eso es, simplemente, un ataque a la autonomía de la voluntad.

-El mundo progresa cuando los políticos duermen. O sea, el mundo crece. Creo que cualquier persona con dos dedos de frente no..., no es pesimista. Dentro de lo que cabe hemos llegado a donde era imposible que llegásemos. ¿Quién iba a decir hace cien años que nos iba a sobrar prácticamente de todo? La humanidad ha olvidado las espantosas penalidades en las cuales ha vivido durante miles y miles de años. No debe olvidarlas y tenemos que agradecer que, aunque sea anónimamente, aunque sea cuando los políticos duermen, joder..., el mundo progresa.

TRES CANCIONES

ANTONIO ESCOHOTADO: “Juana de Arco”, de Leonard Cohen, “These Days” de Jackson Browne, “Dont Think Twice, It's All Right”, de Dylan.

-Me sigue conmoviendo lo que me conmovió siempre, es decir, lo que hay de ternura, de bondad, de veracidad y, sobre todo, de generosidad, de magnanimidad en los seres humanos. Mis amigos son, invariablemente, personas que sólo tienen lo que han dado. Cada vez me hago más ostra y me retiro más del mundo y sólo trato con personas a las que pueda admirar. Y ya te digo que admiro a las personas, fundamentalmente, por su capacidad para dar y por su economía en el pedir. Amar la verdad es amar las cosas. Se suele suponer que las cosas deberían respetar la verdad y es lo contrario. La verdad es el estado de las cosas. Cuanto más amas la verdad, más amas la independencia de las cosas. Más amas el cómo van pasando, cómo van ocurriendo. Querría ser recordado por el amor a la verdad como amor a lo que las cosas son, pero un ser que no está preescrito, sino que se va construyendo, ahí, en el límite, a partir del desequilibrio puro. Precipicio por delante y, sin embargo, cuántos de nosotros se han inventado unas alas y surcan el aire para confort y orgullo de los demás.

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Leonard Cohen - Juana de Arco

Jackson Browne - These Days

Bob Dylan - Don't Think Twice It's Alright


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