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viernes, 7 de agosto de 2015

Conferencia de Antonio Escohotado “El mapa del alma y el mapa del mundo. El yo, Construcción de la identidad”, en el X Encuentro Eleusino. El Escorial, el 17 de enero de 2015. COLOQUIO.


Primera participante: Yo tengo dos preguntas. Una es ¿por qué es pertinente esa contraposición entre belleza y entendimiento? La segunda es que me ha parecido que usted narraba una historia del yo en forma de u, de u invertida, que pasado desde no dar ninguna importancia al yo hasta Descartes… y desde ahí bajamos vertiginosamente…

Antonio Escohotado: A objetivizar todo y eso coincide con la desustantivación del mundo…

Primera participante: Usted ha recorrido todo este camino, con considerable erudición, pero ¿usted qué creía, usted con qué se quedaba? ¿Usted en qué punto sitúa el yo, en qué punto sitúa lo que no es el yo? También me interesa ese tema de que lo que no tiene sentido no existe… ¿El lenguaje es una creación negativa? Y acabo.

Antonio Escohotado: Bueno, es que cuando llegué al viviente y conseguí descubrir el ánimo como categoría intermedia entre lo subjetivo y lo objetivo, me pareció que había tocado una cosa que se podía definir, pero que no se había definido ni se había situado en esa secuencia, porque todo eso es una secuencia, yo les he narrado un silogismo, he escrito un solo silogismo. ¿Por qué la belleza puede oponerse al entendimiento? Porque la belleza normalmente se une, salvo que sea arte de éste último, y no me parece ni siquiera arte… la belleza es una celebración de la naturaleza, el arte es una celebración de la naturaleza y la belleza es un gran sí, un asombro, una maravilla, un deleite, una gratitud. Por ejemplo, en este libro se define la sustancia como gratitud en uno de los puntos. Pero claro, este libro siempre está intentando el vértigo de la máxima profundidad con la sencillez verbal más extrema, cosa que es difícil. La belleza carente de fuerza odia al entendimiento, dice Hegel, porque el entendimiento exige de ella que esté junto al no ser, que esté junto a lo negativo, que no se deje abatir por la consideración de devenir que tiene el ser. Finalmente lo que hay que aceptar es que el ser no es ser, sino que es devenir. Por eso el proceso causal es pura violencia. Porque saca a las cosas de donde están y las lleva a otro nivel. Es posible que ese otro nivel, por ejemplo, la sociedad preindustrial y la sociedad industrial, por asociar la postindustrial en la que estamos ahora... Esa violencia, al mismo tiempo, es la creatividad, es la realidad, es el mundo. Sólo la inteligencia es capaz de permanecer en esa esfera. La voluntad quiere cambiarla, quiere hacer que sea fu o fa, quiere decir “yo soy yo y mi yo es el que manda”.

Primera participante: La belleza es rebeldía…

Antonio Escohotado: Sí, por ejemplo, por ejemplo. Así es como la concibe Hegel en ese fragmento. Entonces la inteligencia, en contraste con la voluntad, acepta la realidad del mundo. Bueno. Y al mismo tiempo la inteligencia es la que lo cambia de verdad. Porque el voluntarismo, por ejemplo, no lo cambia. Viene Stalin, por ejemplo, y dice “aquí se va a colectivizar el campo”. Estupendo, pero luego, en la práctica, lo que tú querías es más rendimiento agrícola y has obtenido menos. Consecuencia: colapso demográfico. Luego van a tocar a más, porque se han quedado reducidos a un tercio o a dos tercios, porque así es la realidad y no hay manera de acabar con la realidad. La realidad se realimenta a sí misma, aunque sea comiéndose a sus propios hijos. Pero en principio sólo la inteligencia, templada en lo superior, es decir, habiendo hecho todos los esfuerzos que manda un mínimo de ecuanimidad... La esencia de la inteligencia es el estudio. La esencia de la voluntad es el mundo. ¡Menuda diferencia! Es como si estuviéramos hablando de galaxias distintas. A mi juicio la historia universal puede describirse como el proceso en cuya virtud la voluntad va siendo vencida por la inteligencia. Lo que pasa es que es un proceso largo, difícil y los mandones ¡caramba con ellos! Adoptan muy distintas formas, desde la chinche al papa, es decir, es la monda.

Primera participante: ¿Y usted con qué se quedaba, en qué punto se quedaba del mapa del yo?


Antonio Escohotado: No, yo ya había descubierto el viviente y ya la pistola, aunque me quitase la memoria no me quitaría el haber descubierto el camino. Al haber navegado por las palabras, esas ocho o diez palabras que dan sentido a todas las demás y decir: “oye, que las he repensado yo, pasan por mí”... y, al contárselas esta noche, lo que les digo es: “hagan ustedes un esfuerzo parejo; verán ustedes cómo les sienta bien; verán ustedes como se morirán un poquito más tranquilos”.

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