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sábado, 8 de agosto de 2015

Conferencia de Antonio Escohotado “El mapa del alma y el mapa del mundo. El yo, Construcción de la identidad”, en el X Encuentro Eleusino. El Escorial, el 17 de enero de 2015. COLOQUIO.




Segundo participante: Cuando la esencia se reflexiona a sí misma se transforma en materia, se da forma, se anima por el ánimo, bla, bla, bla ¡hay que ver! Es como la chispa, el elemento transformador. La violencia siempre tiene ese carácter negativo. Yo creo que también tiene un carácter positivo, que adopta en otras filosofías…

Antonio Escohotado: Por eso hemos llegado a evolución y emanación ¿no?

Segundo participante: Claro. Bueno. Para la identidad ¿qué grado de violencia hay que ejercer sobre esa materia animada para ir conformando una identidad, la que sea, equis?

Antonio Escohotado: Pues te diría que…

Segundo participante: De un ser humano… Uno del siglo XXI, pero que en el siglo XX o en el XIX ya somos diferentes.

Antonio Escohotado: La tesis sería… Le he leído el párrafo del acosmismo… Pues creo que se impone una actitud “acosmista”. Creo que esa identidad ni está “pre-escrita” ni se va a poder cumplir, y tenemos que soportar la violencia de la infinitud. Yo diría que más que la infinitud, la trans-infinitud.

Segundo participante: ¿Qué es la infinitud y la trans-infinitud?

Antonio Escohotado: Pues la trans-infinitud es una infinitud de infinitos y la infinitud, en sí, es cualquier cosa que, no en el sentido negativo, sino en el sentido positivo… Porque “in-finitud”, esa partícula «in-» es negativa… Yo entiendo infinitud no como aquella serie que no tiene término final, que es la definición matemática, sino que entiendo infinitud como aquello que, siendo acción en sí mismo, nunca se le puede establecer un límite distinto del de su propio ánimo, distinto de aquello de lo que parte, distinto de su “sí mismo”… Lo puede usted llamar “complejidad”. Entiendo por infinitud complejidad o, si prefiere, “hiper-complejidad”. Aunque eso, con el paso del tiempo yo me he ido dando cuenta de que sobran los adjetivos y sobran los adverbios. Cuando uno tiene un pensamiento adecuado no hace falta adjetivarlo y, si se adjetiva, se pierde intensidad y se pierde nitidez. Un buen escritor y, sobre todo, un buen pensador no tiene que usar adjetivos ni adverbios. Y, la verdad, es lo que intento en mi última trilogía. Prácticamente todos los adjetivos que aparecen son de otros, por las citas.

Segundo participante: ¿Vamos hacia una sociedad compleja, una identidad compleja?

Antonio Escohotado: ¡Hombre! Siempre estuvimos en lo complejo, pero es que ahora ya lo complejo se ha auto-explicitado. Por ejemplo, al descubrirse los patrones fractales, que en realidad no son más que una banda de números complejos, una pequeña banda… Imagínese, dentro de la infinitud de la banda sólo una pequeña banda de números complejos permiten que, por el procedimiento de multiplicarse a sí mismos (se llama iteración) eso se va proyectando y cada una de las operaciones da un punto… Pones a trabajar a un ordenador que hace millones de operaciones y salen, una y otra vez, unas imágenes auto-semejantes, pero completamente distintas cada una de la otra. Es la complejidad. Se trata de individuos enteramente nuevos y auto-producidos. Hasta ahora hemos estado pensado que los individuos estaban ya hechos y que los producían el papa o la chinche o lo que fuera… Ahora esta inmersión en la libertad, que es una inmersión en las sustancia, es recuperar todo este bla bla bla de los unos, que dicen que todo es el sujeto, y los otros, que dicen que todo son los leptones y los muones… que son dos variantes de la simplificación voluntarista.

Segundo participante: La complejidad es entonces… ayer hablaba uno de los ponentes sobre el océano de la consciencia…

Antonio Escohotado: Por supuesto, el océano de la consciencia. Ahí está… A mí me pareció… cuando llegué a ánimo me pareció que era la superación interior del concepto de consciencia, que básicamente es flujo de consciencia. Por eso cité lo de Zubiri de “darme cuenta de”, “darme cuenta en”. El libro de Zubiri correspondiente, que es un tochazo, se llama “Inteligencia sentiente”. Y Zubiri, claro, con mucha razón echa de menos, en la “Crítica de la razón pura”, que es la que hace las categorías del entendimiento, en la primera parte, lo que se llama “Estética trascendental” (es el análisis de la impresión)… Zubiri dice: “lo que dice Kant de la impresión es muy poco”; en realidad es un asunto que soslaya.

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