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domingo, 13 de diciembre de 2015

Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» (I-2 El ansia de mejora económica)


Bajo el capitalismo el hombre de la calle, disfruta de bienes desconocidos en tiempos pasados, que resultaban entonces inaccesibles incluso para los más ricos. Los automóviles, las televisiones y las neveras, sin embargo, no dan la felicidad. Al adquirir tales accesorios el hombre se siente más feliz que antes, desde luego; pero en cuanto satisface cualquier deseo nuevas apetencias le asaltan. Tal es la naturaleza humana.

Pocos americanos se percatan de que disfrutan del más alto nivel de vida, de unas riquezas que la inmensa mayoría de quienes viven en países no capitalistas consideran fabulosas e imposibles de alcanzar. A lo que ya tenemos o podemos fácilmente adquirir solemos dar poca trascendencia; en cambio anhelamos, cuanto está fuera de nuestro alcance. Vano es lamentar tal insaciable apetencia humana. Precisamente constituye el impulso que conduce a la superación económica. Conformarse con lo poseído, absteniéndose apáticamente de toda mejora, no constituye virtud; más bien es actitud propia de irracionales. El sello, lo característicamente humano, consiste en no cejar nunca por aumentar el propio bienestar.

Tal actividad humana, siempre en busca de la felicidad, ha de hallarse sin embargo debidamente orientada, si quiere alcanzar el objetivo deseado. Lo malo de nuestros contemporáneos no es que apetezcan apasionadamente mayor bienestar; lo lamentable es que apelen a medios inadecuados para alcanzar dicha meta, favoreciendo sin darse cuenta políticas contrarias a su autentico interés personal. Demasiado obtusos para percibir las inevitables consecuencias que van a provocar al final, se deleitan con los efectos pasajeros registrados a corto plazo. Postulan medidas que conducen al empobrecimiento general, al desmoronamiento de la cooperación social, fundada en la división del trabajo, abocando a la barbarie.

Solo hay un medio para mejorar las condiciones materiales de la humanidad; impulsar el incremento del capital disponible a un ritmo superior al crecimiento de la población. Cuanto mayor sea la cuantía del capital invertido por trabajador, superior cantidad de bienes de mejor calidad cabrá producir. Eso es lo que el vilipendiado sistema capitalista, basado en el lucro, consiguió desde su inicio, habiendo logrado mantener el primigenio impulso hasta hoy. Mañana Dios dirá, pues la mayoría de los gobernantes y políticos (y sus votantes) no ansían otra cosa que destruir el sistema.

Pero ¿por qué les repugna tanto el capitalismo? ¿Por qué añoran siempre los “felices” tiempos pasados? ¿Por qué lanzan furtivas si bien deseosas miradas a la miserable condición del obrero soviético, mientras a la vista tienen el bienestar que comparativamente derrama el sistema capitalista sobre los trabajadores occidentales?


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