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lunes, 25 de enero de 2016

Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» IV - OBJECIONES DE CARACTER NO ECONOMICO AL CAPITALISMO (IV-1 El argumento de la felicidad).



Los detractores del capitalismo gustan de apelar fundamentalmente a dos argumentos: en primer lugar que el poseer un automóvil, un aparato de televisión o una nevera eléctrica no proporciona la felicidad; en segundo término que son muchos quienes todavía carecen de tales amenidades. Ambos asertos son ciertos. Lo que pasa es de ellos no se puede deducir cargo alguno contra el sistema capitalista.

La gente no busca una inalcanzable felicidad absoluta. El hombre se afana y moviliza por suprimir malestar específico del modo más cumplido posible y, si lo consigue, deviene más feliz o menos desgraciado de lo que sería en otro caso. Al adquirir una televisión pone de manifiesto con su propio actuar que, en su individualizada opinión, el aparato va a hacerle más dichoso o menos infortunado, según se mire. En otro caso se habría abstenido. La función del médico no estriba en proporcionar bienestar perfecto al paciente. Lo que procura es aliviar molestia especifica atendiendo así el mas intimo deseo de todo ser vivo, a saber, alejar cuanto resulta nocivo para lo propia salud y vida.

Tal vez haya budistas mendicantes quienes, pese a vivir de la caridad ajena, sumidos en la suciedad y en la miseria, se sientan perfectamente felices sin envidiar a nabab alguno. Allá ellos, beatos sean. Sin embargo tal género de vida resultaría insoportable para la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos. Normalmente el hombre siente impulso innato por mejorar la condición personal. ¿Quién podría inducir a la clase media americana a adoptar la indigente actitud oriental? El descenso de la mortalidad infantil constituye uno de los triunfos más conspicuos del capitalismo. ¿Quién negará que este fenómeno ha reducido al menos una de las mayores causas de infelicidad de las gentes?

Es igualmente absurdo el otro reproche que se hace al capitalismo, el que los progresos todavía no benefician a todos. Los más inteligentes y enérgicos desbrozan el camino hacia la mejoría social. Abren la marcha. El resto les seguirá poco a poco. Como antes decíamos lo nuevo constituye al principio lujo extemporáneo que solo disfrutan unos pocos. Luego, gradualmente, bajo el capitalismo va todo poniéndose al alcance de la mayoría. No arguye en contra del uso del calzado o del tenedores que el aprovechamiento de tales utensilios se extendiera muy lentamente y que, aun hoy, haya millones que desconozcan su existencia. Los refinados caballeros y distinguidas damas que adoptaron el uso del jabón franquearon el camino para la producción del mismo en gran escala que permitió a las masas el disfrutarlo. Quienes, estando en su mano y gustándoles, se abstienen de adquirir una televisión, pensando que otros muchos carecen del aparato, en modo alguno están facilitando la difusión de tal mercancía, sino todo lo contrario.

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