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sábado, 9 de enero de 2016

Ludwig von Mises (1956) «La mentalidad anticapitalista» III - LA LITERATURA BAJO EL CAPITALISMO (III-2 El éxito en el mercado de los libros).



Aurora tan rosada, sin embargo, conllevaba también sus riesgos.

La literatura no es conformismo, sino disentimiento. Quienes solo repiten lo que todo el mundo aprueba y desea escuchar pasan sin dejar huella. Cuenta únicamente el innovador, el disidente, el heraldo de cosas nunca oídas, aquel que rehúye los cauces tradicionales y pretende sustituir las ideas y los valores viejos por conceptos nuevos. Antiautoritario y antigubernamental por definición, queda emplazado ante la mayoría de sus contemporáneos. Y estos, consecuentemente, le comprarán pocos libros por desgracia.

Sea cual fuere el juicio que Marx y Nietzsche nos merezcan, reconozcamos qué avasallador fue su éxito póstumo.

Ambos hubieran muerto no obstante de hambre de contar solo con los correspondientes derechos de autor. Parca retribución espere de sus escritos el disconforme, el rebelde que se opone a la filosofía en boga.

Prevalecen en el mercado las novelas cuyos temas agradan a las masas. No es que los compradores prefieran siempre la literatura mala. Por carecer de sentido llegan a leer a veces incluso libros buenos. Cierto que la mayor parte de las narraciones y obras teatrales actuales carecen de mérito, pero no cabría esperar otra cosa cuando se lanzan anualmente al mercado miles de títulos. Nuestra época podría ser calificada un día de edad de oro de la literatura con que solo un 0,1 por ciento de lo que se edita fuera de la categoría de las grandes obras del pasado.

Muchos críticos se complacen en achacar al capitalismo la supuesta decadencia de la literatura. Quizás deberían culpar más bien a su propia incapacidad para separar el trigo de la paja. ¿Son ellos más inteligentes que sus predecesores de hace un siglo? Por ejemplo, hoy todos colman de elogios a Stendhal, pero cuando moría en 1842 no era más que un pobre escritor oscuro e incomprendido.

El capitalismo ha hecho a las masas tan prosperas que todos los días compran periódicos, libros y revistas; lo que no les ha podido procurar es el buen juicio de un Mecenas o un Cangrande della Scala. Sería Injusto culpar al laissez faire de que hoy como ayer el hombre adocenado sea incapaz de apreciar el recóndito valor de las obras geniales.

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