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jueves, 11 de febrero de 2016

Luis Espinosa Goded entrevista a Antonio Escohotado (2. Obra)



Luis Espinosa Goded (profesor de la Universidad San Francisco de Quito) entrevista a Antonio Escohotado para Libertario.es (http://www.libertario.es) en agosto de 2015.


Luis Espinosa Goded: ¿Por qué se ha producido esa división entre la filosofía y la ciencia?

Antonio Escohotado: Técnicamente empezó, creo, con el humanista Juan Luis Vives, que es un humanista español. La distinción entre ciencias y letras aplicada al plan de estudios. Siempre ha ahbido esta tensión entre los cuantitativistas y los cualitativos. Estás hablando de un libro que fue las unidades didácticas… El libro de texto para la asignatura de filosofía y metodología. Me di cuenta de que lo que hacía falta, más que las historias tradicionales de la filosofía, era una historia combinada, donde se le diera el mismo tamaño a Platón que a Newton, a Kant que a Mandelbrot. Que se unificasen los campos y aquello pareciese más una historia de las patentes que una historia del… Ese libro tengo yo que tratarlo otra vez, revisarlo, meterle todavía más material y será probablemente el último libro que publique, si es que tengo tiempo. Y lo pienso llamar “Historia del pensamiento” ¡no! “Historia de la filosofía para no filósofos”, en la medida en que no le pienso poner una sola nota de pie de página. Ya he puesto tal cantidad de notas a pie de página. El sabio se distingue del ignorante en que es capaz no sólo de mantener el eje cronológico, sino contextualizarlo, en el sentido de que… El 1930 pasa esto en este campo, eso en aquel otro, eso en aquel otro, eso en aquel otro… Combinar los campos. Poe ejemplo, el surgimiento de la sociología como conocimiento está muy vinculado con la crisis de fundamentos en matemáticas, pero eso no está estudiado todavía. Espero explicarlo yo. ¿Cuál es la crisis de fundamentos en las matemáticas? Si la matemática es algo más que lógica, si en la matemática hay un elemento intuitivo… Esa es la crisis de fundamentos y viene con las geometrías no euclidianas. Riemann y Lobachevsky debería ser diez, quince, y cuando empieza a generalizarse, cuando la obra empieza a hablarse…

L. E. G.: ¿Cuál es el objeto de la sociología a día de hoy?

A. E.: La sociología en realidad es un pseudoconocimiento o, si se pretende plantear como disciplina, y es lo que es, es una disciplina, no es una ciencia; es una rama del conocimiento, una rama de las humanidades, una rama de lo que podemos llamar ciencias del hombre o ciencias humanas. Nace con pensadores que intentan combinar la esfera económica, la esfera jurídica, la esfera de las costumbres, el mundo del arte… Todo junto, eso es lo que es sociología. No separarlo, que es lo que hasta entonces sucedía. Nace con Weber, nace con Durkheim, nace con esos hombres que tienen un conocimiento, sobre todo Weber, enciclopédico superior y el discípulo inmediato de Weber, que es Schumpeter.

L. E. G.: No pone el nacimiento donde se lo suele poner, que es en Comte…

A. E.: No. Suele ser en Marx. Marx es un cero a la izquierda porque ni siquiera define el concepto de clase. No lo tiene claro. Marx lo que hace es un vergonzoso malentendido con el concepto de estamento. Confunde casta con clase, cuando clase es pura movilidad para arriba y para abajo y casta en cambio es “has nacido aquí y aquí morirás”.

L. E. G.: Siglo y medio después sigue existiendo la confusión.

A. E.: Bueno, es que los que son marxistas no lo son por conocer la obra de Marx. Lo son por una convicción de tipo fanático, como eran los zelotes judíos partidarios de Yahveh, pero no porque hubieran tampoco dominado el Pentateuco, porque no eran los mejores conocedores de la Biblia.

L. E. G.: Los marxistas no han leído a Marx…

A. E.: Hay que echarle muchas pelotas para leer a Marx. A mí me ha dado… Me he dormido varias veces leyéndolo y no me ha pasado más que con él y con Ricardo. Ricardo también es de una pesadez increíble.

L. E. G.: Y hay que distinguir el primer tomo del capital del segundo y el tercero…

A. E.: Bueno, es que el segundo y el tercero están escritos, respectivamente, por Engels y por Kautsky y no son tan pesados. Aún así el tomo uno también está escrito por Engels. Marx no sabía escribir. Tenía una grafía tan mala que prácticamente no podía, aparte de que no era capaz de hacer una frase sin añadirle algún comentario irónico, sardónico que destruía el hilo del discurso.

L. E. G.: Marx es un escritor de adjetivos…

A. E.: Puramente. Y adverbios.

L. E. G.: Y usted ha decidido ser un escritor de…

A. E.: Verbos y sustantivos, nada más. Si meto algún adverbio acabado en –mente lo hago aposta, porque entonces cobra todo su valor. La escasez determina el valor de los bienes. Eso está bien claro. El nombre es una cosa que nació y vive por sí misma. El verbo es la expresión de una actividad, que por supuesto nació y vive por sí misma. En cambio el adjetivo es siempre un opinar nuestro y el adverbio es un opinar sobre el opinar.

L. E. G.: Marx y Hegel…

A. E.: Nunca le entendió del todo y nunca le acabó de leer. Por ejemplo, la “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel” se concentra en un octavo del texto de Hegel; nunca lo he entendido

L. E. G.: Me refiero a usted, que se considera hegeliano…

A. E.: Yo claro, sí.

L. E. G.: ¿Cómo fue el descubrimiento de Hegel?

A. E.: Yo estaba trabajando en Husserl, dentro de aquel afanoso momento de mi vida donde no dormía… Las noches las empleaba en estudiar y me luego me iba a la oficina y luego dormía por las tardes. Entonces llegué, después de Hermes Trismegisto, Escoto Erígena, Duns Scoto, Descartes, Leibniz, Spinoza, en fin, pan, pan, pan… Llegué a Husserl. Curiosamente había omitido a Hegel. Legué a Husserl, fenomenología, y estuve allí como dos meses… Recuerdo que me iba a la biblioteca nacional, hacía frío, tenía que usar mitones, esos guantes cortados… Allí estudiando porque era muy difícil conseguir las “Meditaciones cartesianas” y las “Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica”, el tocho este insoportable… De repente un día se equivocó el bibliotecario y me trajo la “Fenomenología” de Hegel, cuando yo estaba ahí, en la Nacional. Empecé a leer y digo ¡pero bueno! Es lo mismo, pero éste habla de la cosa y el otro habla por hablar y habla del hablar. El otro es vano, es gaseoso. Husserl es un académico vacío y aquí en cambio está el tomate. Y ahí me metí y no he dejado de leer. No he salido. Hegel tuvo un gran problema durante unos veinte años. Tenía tal cantidad, tal flujo interior de consciencia, de tal densidad, que no sabía explicarse y eso es lo que pasa con la “Fenomenología”, que es el libro más brillante, pero que es misterioso. Es tremendamente difícil de trabajar, porque es que tiene unas reiteraciones… Por ejemplo “sí, porque esto es inmediato, pero es solamente inmediato en su mediación, porque al mediarse en realidad su inmediatez se le presenta como un primer momento de sí mismo que no se complementa con la forma de sí que está implicada en lo inmediato”. Y te dice: “me cago en tu padre”. Pero sin embargo el inventor de la palabra mediación es él. Y esto es tremendo. Sin la palabra mediación no se entiende lo que podemos llamar devenir, tiempo, ocurrir, cambio… Cuando Hegel dice: “el destino de lo inmediato es ser abolido”, ¡caramba!, dice una de esas cosas tremendas que se dicen una sola vez y se entienden o no, pero que si se entienden ¡te ayudan! Es como si tienes un trineo para ir por la nieve o tienes que ir caminando por ahí, haciendo agujeros… Luego aprendió a escribir y nos han venido muy bien los apuntes de clase. Un cuarenta o cincuenta por ciento de la obra hegeliana son apuntes de clase. Pero tipos inteligentes, como Karl Ludwig Michelet, Bruno Bauer… gracias a ellos tenemos un corpus maravilloso.

L. E. G.: De Hegel la idea de categoría es bastante mal interpretada…

A. E.: Eso me decías el otro día. Me hablabas de que si Hegel tenía categorías fijas. No. Todo el trabajo hegeliano es demostrar que el pensamiento y el ser son uno y que son uno justamente en el ir superando la separación de las categorías, es decir, demostrando que ninguna existe por sí sola y que solamente en su fluir tienen sentido. Así empieza la ciencia de la “Lógica”, que dice "ser, puro ser, es igual que nada; nada, pura nada, es igual que ser”; ¿qué hay? Pues el tránsito del ser a la nada, el devenir. Empecemos por la realidad. Luego Hegel te ha dejado una historia de la religión, una historia de la filosofía, una filosofía de la historia, una historia y filosofía del derecho, una historia y filosofía de la estética. En realidad ha cubierto todos los campos. Es increíble el trabajo hegeliano. Aparte de que el joven Hegel fue el que más profundamente pensó la diferencia entre el antiguo y el nuevo testamento. Tiene una vida de Jesús. El libro este maravilloso “El espíritu del cristianismo y su destino”… ¡Tiene unas maravillas! Escribía muy bien. Cuando empezó a escribir mal fue cuando le llegó la iluminación tremenda, tenía demasiado contenido y no podía sacarlo fácil. La “Fenomenología del espíritu” es un libro de unas ochocientas o setecientas páginas, donde es un repaso de la historia universal, pero sobre todo con la singularidad de que no hay un solo nombre propio. Existen las figuras de la consciencia: el alma vil, el alma noble, el quijotismo, el siervo, el amo, la revolución… pero ni un solo nombre propio. No se ha vuelto a producir en la historia del pensamiento nada parecido.

L. E. G.: Su historia del comunismo está llena de nombres propios…

A. E.: Pero es que yo vengo de Internet. Si Hegel llega a tener Internet no te cuento. O si Aristóteles hubiera tenido…

L. E. G.: Usted escribió la tesis doctoral sobre Hegel…

A. E.: Sí, “La consciencia infeliz”, que fue un análisis de la diferencia entre una religión positiva y una religión. Es que al positivarse todo se convierte… el concepto pasa a ser representación y la verdad pasa a ser farsa o rito.

L. E. G.: Dios, el absoluto, la trascendencia parece estar totalmente fuera del discurso actual…

A. E.: Siempre he pensado el mundo por sí solo necesita regalos de información periódicos. Si no, por lo menos lo que conocemos, el sistema solar… Mira la luna, fíjate la cantidad de cráteres que tiene. Ninguno de esos impactos lo podría soportar la Tierra. El Mar de la Serenidad, hablando del impacto más amplio de todos, el que tiene más diámetro. Si una quinta parte del Mar de la Serenidad aconteciese en la Tierra no tendríamos Tierra, no habría vida en la Tierra, ni atmósfera. Entonces la capacidad que tienen unos vivientes para superar el hambre de los otros vivientes, y hablamos de una escala tremenda, porque va de lo supermicroscópico, del virus al elefante o al rinoceronte. Hay regalos de información, a mi juicio y, por tanto, seres superiores o un ser superior o algo por encima de la inmediatez de lo que somos. Pero claro, me produce tal repugnancia la corte de sacerdotes y sicopompos que viene a decirte quién es ese y qué te manda y que les tienes que obedecer a ellos, porque si no vas al infierno. Toda esta cosa me resulta tan deleznable, tan deplorable que, claro, es raro que alguien me pregunte por esto, por la existencia de algo más de lo que vemos y sentimos, pero para mí no ofrece dudas, lo que pasa es que no sé si es un individuo o muchos, un éter, como decía Aristóteles; Aristóteles hablaba de una quintaesencia o quinto elemento: el pensamiento. Para mí no ofrece duda que ya habríamos perecido hace muchísimo tiempo, a manos de las bacterias si no hubiese un reparto razonable, en cuya virtud las bacterias tienen lo suyo, y los hombres y los rinocerontes lo suyo y por eso nos mantenemos, a pesar de lo cual hay una intensísima evolución. Cada año probablemente doscientas especies desaparecen y, a lo mejor, surgen cincuenta.

L. E. G.: Una de las características de nuestro tiempo es que ese sentido de infinitud…

A. E.: ¡Qué va! ¡Son religiosísimos! El problema que tenemos ahora son los islámicos. La combinación islámico-comunista es el cóctel explosivo en la inmediatez histórica.

L. E. G.: Chávez y Ahmadineyad…

A. E.: Ellos quieren salvarle la vida al prójimo, aunque el prójimo no les haya pedido que le salven. Son unas personas básicamente ineducadas y analfabetas, que tienen por lema… El principal problema es que en vez de cambiarse a sí mismo, que es lo que tenían que hacer, para adaptarse a sus respectivas realidades, quieren someter las realidades a su capricho y cambiar al mundo y esa es la insistencia de la revolución. La revolución es perfectamente razonable, en el sentido de las órbitas terrestres o planetarias. Y las revoluciones son perfectamente comprensibles en el sentido de que en cierto campo se pensaba esto y ahora se piensa lo otro. Pero la revolución en el sentido de Lenin y Trotsky, por ponerme muy concreto en el asunto, porque una cosa es la formulación de Marx, Engels, Blanquí, Bakunin, y otra cosa es ya los revolucionarios que lo sacan adelante y consiguen poner un país de rodillas ante ellos, diciendo “haced, legislad, nosotros os seguimos”. Esos conciben la revolución prácticamente como lo mismo que evolución. Y claro, esto es un disparate completo, simplemente porque no dedicaron suficiente tiempo a leer Lenin y Trotsky o porque no les daba la cabeza para entender.

L. E. G.: El amor a la realidad frente al “yo voy a imponer mi voluntad sobre la realidad”.

A. E.: Claro. La realidad es un “deber ser” en vez de un ser. No es un objeto de experiencia para los revolucionarios. Los revolucionarios antes de tener la experiencia ya saben cómo debe ser la experiencia. Están sometidos a la tiranía de la idea fija. Es una modalidad de neurosis, como el que tiene que dormir con la almohada a la derecha o a la izquierda o de este tamaño. Con esa rigidez que llevan puesta acaban dando lecciones a todos de aquello que tendrían que haber empezado aprendiendo ellos mismos. Hay un factor de tomar a los demás como toma el domador a las pulgas o a los elefantes, que está sometiendo con el látigo o con otros estímulos al espectáculo de terceros. Se han salido con la suya muchas veces; se van a seguir saliendo con la suya… Pero todos los que pensamos somos sus enemigos y somos unos enemigos de consideración. Hace poco estaba leyendo el “Manual de física atómica”, de Max Born, que por cierto no es santo de mi devoción, Born, porque es demasiado matematizante; es de los que dicen “no podemos formarnos ninguna idea mental de la realidad…” Y yo me doy cuenta de que ya cuando dice “idea mental” mal vas por aquí, mal vas por aquí, “idea” y “mental”, mal vas. Pero dice una cosa al comienzo que es absolutamente memorable: “todos los males del mundo se pueden resumir en que hay una idea verdadera y uno la conoce”. Es una gran proposición y desarma a toda esta pandilla de mezcla de analfabetos y tiranos y canallas.

L. E. G.: ¿Esto es lo peor que usted le puede decir a los revolucionarios, a los que quieren imponer el deber ser sobre el ser? ¿Ignorantes?

A. E.: Sí. Viven en el “a priori”. Hegel dice “no, el resultado es lo que cuenta” y “atiende al resultado”. No, no, ellos quieren configurar el mundo. Son demiurgos. Son creadores.

L. E. G.: Son Dios…

A. E.: Claro. Vino Freud y se lo puso muy clarito en “El porvenir de una ilusión” y el “La psicología de las masas”. Con vosotros es una novela familiar de neuróticos. Eso es lo que soy, una novela familiar de neuróticos.

L. E. G.: A pesar de que leyendo su obra se percibe que los neuróticos del siglo XIX y los del siglo XX se repiten,  usted es optimista… El ser triunfará sobre la voluntad de…

A. E.: La naturaleza, la vida siempre triunfa, aunque hay épocas, como la égida de Hitler en Alemania o la de Stalin en Rusia, dantescas. Pero aún así ya lo ves… Yo los contrapongo. El deseo de que la voluntad mande sobre la inteligencia. Obviamente la inteligencia es el único norte honrado que puede tener el ser humano. Eso pasa también con las adicciones a las drogas. Viene uno y dice “es que yo era muy libre, pero pasó la cocaína y ya me hice esclavo, pasó la heroína y me hice esclavo”, ¡deja de memeces!, estas queriendo decir que la voluntad debe primar sobre la inteligencia y esto sólo lo dice un bobo o un malintencionado; en su caso es evidente que es un malintencionado; está jugando con una coartada social para que luego puedas hacer canalladas y decir “que no, que yo no lo quería, pero yo soy una víctima”. Tú fíjate que todos los victimistas son los victimadores. No hay ninguna diferencia entre victimista y victimador. El resto se da cuenta de que no es así, de que la realidad no puede reducirse a víctimas y explotadores.

L. E. G.: ¿Cómo relaciona usted la idea comunistas de de víctimas y explotadores con la idea de Nietzsche de débiles y fuertes?

A. E.: Todo intento de explicar en una proposición cualquier cosa es imposible. Además es fraudulento. En el caso de Nietzsche puedo decir que empezó siendo un hombre muy inteligente. Que sus primeros libros, en particular “El nacimiento de la tragedia”, el drama musical y el nacimiento de la tragedia entre los griegos y el pequeño texto, que es una renovación sobre eso que dicta a un amigo, a mi juicio lo mejor de su obra, que suele publicarse como “Verdad y mentira en sentido extramoral” (es un texto de unas sesenta páginas o así), es un texto memorable. Pero entonces Nietzsche está todavía en el terreno del resultado, en el terreno del interés por los demás, en abrir los ojos. Luego ya cada vez más se mira su propio ombligo y empieza a ser más y más patético. Entonces es cuando le empieza a interesar al público. Porque Nietzsche como Schopenhauer son los filósofos favoritos de la gente que odia al pensamiento, que odia el ejercicio, en sentido fuerte, de la reflexión y de la experiencia del pensamiento. Entonces, a medida que se va convirtiendo más en un sujeto autoreferenciado, simplificado, pues más gusta. Este último Nietzsche a mí me resulta lamentable y no lo puedo soportar, pero es el que gusta ¿qué le vamos a hacer?

L. E. G.: Lo que se entiende ahora por filosofía es la referencia al yo…

A. E.: El monólogo interior, sí. Es una pesadez. Hay un tío al que le dieron el premio Nobel, Claude Simon. No sé si has leído. Bueno, bueno, Claude Simon… Las novelas de Claude Simon son como una especie de hiper Samuel Beckett, pero ya llevándolo al colmo. No hay un punto y aparte en todo el libro. Con decir eso ya está. Y muchas veces ni siquiera hay puntuación. Es nada más que el flujo interior de consciencia. Lo inauguró Faulkner, si no recuerdo mal, metiéndose en la mente de idiotas, de cretinos y ahí empieza.

L. E. G.: ¿Su idea es que el conocimiento es de lo exterior? ¿No es introspectivo?

A. E.: Hay que tener respeto por la gente. Hay que pensar que no vale con el lector decir “mira qué original soy, mira qué valiente soy”. Con el lector lo que vas es a decirle “mira, esto yo no lo sabía, pero acabo de averiguarlo; a lo mejor te interesa”. Y siempre datos. Lo que no son datos son obviedades. Sobran las obviedades.

L. E. G.: Usted dice que el ser no necesariamente tiene que ser cuantificable…

A. E.: Si te fijas los del resultado, los del a posteriori, acabamos teniendo cuantificaciones mucho más precisas que los del a priori. Aquí funciona una dialéctica en sentido fuerte. Los contrarios acaban imponiéndose como negación de la negación. El concepto de evolución no es más que la traducción de la negación de la negación. Evolución, “Entwicklung”, que es como llama Schumpeter a su teoría del desarrollo económico, del año trece, “Theorie des Entwicklung”, de la evolución, y luego el editor americano e inglés dice “que no, que yo evolución no lo pongo más que para biología”, y entonces le metieron “development” y estamos todavía en “development”, pero en realidad no es eso. Es un movimiento evolutivo de negación de la negación. Donde la cosa, por el mero hecho de ponerse no basta, y entonces esa pérdida, esa falta de ser que contiene el mero ponerse, la mera tesis, engendra lógicamente una respuesta del medio y de la cosa misma diciendo “no, yo no soy eso, y eso tampoco es todo, y eso también se niega… por ejemplo el paso del unicornio al caballo

L. E. G.: Toda conclusión es premisa…

A. E.: Todo lo inmediato tiene como destino ser abolido.

L. E. G.: No hay saber estable…

A. E.: Claro, es devenir, es flujo. La inteligencia es puro fluir. Por eso la libertad es lo supremo y sustancial y el que pretenda otra cosa le quiere poner puertas al campo.

L. E. G.: Lo cual nos lleva al paradigma de la complejidad donde…

A. E.: ¡La libertad es reconocida! En el paradigma de la complejidad la libertad es reconocida. Tienes una cosa como un fractal y el fractal realiza una cosa imposible para toda la matemática tradicional, que es tener longitudes infinitas en áreas finitas. ¿Cómo es posible eso? Vea usted el fractal. Ahora métales el zoom. De cada uno de los puntos resulta que sale otro fractal entero, tan detallado como el punto. Hay infinitud en áreas finitas. Esa es la historia. Esa es la historia humana, la historia del sistema solar, la historia de los unicornios y la historia de los bicornios. Eso es la historia.

L. E. G.: Usted escribió “Caos y orden”… pero no parece que el paradigma de la complejidad haya sido aceptado por las ciencias sociales…

A. E.: A mí me atacaron el libro cinco catedráticos de física y matemáticas diciendo que no sabía la tabla del nueve, que era un analfabeto, que era un miserable, que aquello era bazofia… Sin embargo no han tenido la bondad de explicar, ni en bachillerato ni en la universidad, a sus alumnos, las aportaciones de Prigogine y Mandelbrot, que han cambiado todo el panorama científico. Ahora resulta que la palabra “fractal” es la más utilizada en Internet, ¡la más! Dicen “no, pero es que yo pensé…” ¡No, la palabra más utilizada en Internet es “fractal”. Y resulta que el sistema educativo español nadie, ni en bachillerato ni en la universidad, ni en doctorado en física o en matemáticas, sabe qué es un fractal. ¿Es posible? ¡Pues se salieron con la suya! Aquellos cinco matemáticos que me atacaron se salieron con la suya. ¡No queremos estudiar lo nuevo! ¡Y tampoco lo va a estudiar nadie, porque a nosotros no nos da la gana!

L. E. G.: Pero el “paradigma kuhniano” de lo que va ocurriendo…

A. E.: Ha entrado. Kuhn es anterior a Mandelbrot y Prigogine, no mucho… Cinco u ocho años… Vale mucho, como Lakatos… Yo a Lakatos le tengo un gran respeto. Me parece que es un punto de giro… Bastante más que este otro, su compañero… Kuhn es un poco anterior, pero ya se da cuenta de que el paradigma newtoniano fue cancelado por Einstein. Cuando Einstein dijo “usted no toma en consideración la velocidad de la luz y eso significa que para distancias cortas puede no equivocarse, pero en distancias largas lo que usted dice es un disparate; no tiene ni pies ni cabeza”. Y Kuhn se da cuenta de eso, pero no se da cuenta de lo que son “infinitud en áreas finitas” y lo de estructuras disipativas. Prigogine es una reinterpretación del principio de la termodinámica, que es que todo paso del tiempo mide un grado mayor de desorden, que es la fórmula de Clausius. Y dices “no, es todo lo contrario; si esto llega a ser verdad ya no hay nada; estaríamos en el cero absoluto hace muchísimo; desde siempre estaríamos en el cero”. Para salvar eso se inventan la bobada del Big Bang… Me cachis, ¡son estupideces y obviedades absurdas! Que espero que algún día ellos mismos digan “¡pero bueno, qué tontería! Esto como lo que decían los químicos del flogisto o lo que decían los físicos del éter”. Es totalmente absurdo. Es un hablar por hablar para justificar que “¡no!, seguimos trabajando, las dotaciones son insuficientes, dennos más dinero”.

L. E. G.: Que es lo que ha ocurrido con el CERN…

A. E.: El CERN, el donut…

L. E. G.: Pero hablando del año 2015 parece que el tiempo no le ha dado la razón a usted, porque han descubierto el bosón de Higgs…

A. E.: Es falso. No lo han descubierto porque se han desdicho. Los mismos que dijeron que lo habían descubierto se han desdicho. Lo que pasa es que el tamaño de la noticia de que se ha descubierto el bosón ha ocupado muchísimo más que los desmentidos.

L. E. G.: Porque lo que busca la sociedad en la física son certezas…

A. E.: Tanques que funcionan con arena. Ya que hicieron la bomba atómica, ahora que hagan motores de explosión con arena. La bomba atómica es una cosa, pero motores de explosión con arena va a ser un poquito más difícil.

L. E. G.: Lo que ofre la ciencia no son certezas…

A. E.: Se va a descubrir cosas fabulosas con el CERN de Ginebra. Cosas fabulosas, estoy seguro. Pero serán accesorias. Serán por serendipia. Que cuando tú estás bien orientado descubres las cosas correctas. Eso es serendipia. El hallazgo premia al bien intencionado.

L. E. G.: Al que va con humildad a descubrir.

A. E.: El que va abierto. Es que libertad y apertura es lo mismo.

L. E. G.: Es “La sociedad abierta y sus enemigos”.

A. E.: Por ejemplo… Es de lo mejorcito de Popper. Aunque el contenido del libro no es nada mejorcito. De Popper no se puede salvar, a mi juicio, más que la “La lógica de la investigación científica” y “La miseria del historicismo”.

L. E. G.: “La miseria del historicismo”…

A. E.: Sí. Está muy bien. Está muy bien argumentado. Está muy bien pensado. Es un libro magnífico. No pierde vigencia.

L. E. G.: Usted en “Caos y orden” une ciencia y humanismo…

A. E.: Ciencias humanas y ciencias de la naturaleza.

L. E. G.: En su obra ambas cosas van unidad y los paradigmas tienen que ir unidos.

A. E.: ¡Claro, claro!

L. E. G.: Se da por asumido que un catedrático de física no tiene que saber…

A. E.: Un doctor en física, ahora… sale doctorado en física de partículas y no sabe lo que es “fractal”. Y le preguntas ¿estructura disipativa? Y tampoco lo sabe. Y han replanteado el principio de la termodinámica, lo sabe todo internet, pero no lo sabe el catedrático de física o de química de nuestra universidad, ni sus alumnos. ¿Por qué? Pues porque no les ha dado la gana ponerse a estudiar.

L. E. G.: Eso es muy duro.

A. E.: Es muy duro, pero es la puta evidencia.

L. E. G.: ¿usted cómo descubrió a Mandelbrot?

A. E.: Fue una suerte. Porque lo editó Tusquets. Todo lo que se edita me interesa…

L. E. G.: ¿En qué ha quedado la filosofía actual?


A. E.: No tengo palabras para describir el grado de desintegración alcanzado.

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