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sábado, 26 de marzo de 2016

Friedrich August von Hayek “Los Intelectuales y el Socialismo” (1949) VII





Puede ser que una sociedad libre tal y como la hemos conocido lleve en sí el germen de su propia destrucción; que una vez que la libertad se ha logrado se da por sentada y deja de ser valorada y que el surgimiento libre de ideas, que es la esencia de un sociedad libre, traerá consigo la destrucción de los cimientos sobre los que se asienta. Hay pocas dudas de que, en países como los Estados Unidos, el ideal de la libertad tiene en nuestros días menos auténtico atractivo para los jóvenes que el que se observa en los países en los que han aprendido lo que su pérdida significa. Por otra parte todo indica que, en Alemania y otros lugares, a los jóvenes que nunca han conocido una sociedad libre, la tarea de la construcción de una sociedad tal llega a serles tan emocionante y fascinante como lo fue la de cualquiera de los regímenes socialistas que han aparecido durante los últimos cien años. Es un hecho extraordinario, experimentado por numerosos visitantes, que al hablar a los estudiantes alemanes sobre los principios de una sociedad libre se encuentra el conferenciante con una audiencia más receptiva e incluso más entusiasta que la que se puede esperar encontrar en cualquiera de las democracias occidentales. En Gran Bretaña también está apareciendo entre los jóvenes un nuevo interés por los principios del verdadero liberalismo, que sin duda no existía hace unos pocos años. ¿Significa esto que la libertad se valora sólo cuando se ha perdido? ¿Que el mundo debe pasar en todas partes por una fase de oscuro socialismo totalitario antes de que las fuerzas de la libertad puedan ganar fuerza de nuevo? Tal vez sea así, pero espero que no sea necesario. Sin embargo mientras las personas que determinan la opinión pública a largo plazo continúen siendo atraídas por los ideales del socialismo, la tendencia va a continuar. Si hemos de evitar este desarrollo, debemos ser capaces de ofrecer un nuevo programa liberal que apele a la imaginación. Debemos hacer que la construcción de una sociedad libre sea una vez más una aventura intelectual, un acto de coraje. Lo que nos falta es una utopía liberal, un programa que no parezca ni una mera defensa de las cosas tal y como son, ni una especie de socialismo devaluado, sino un verdadero radicalismo liberal que no se someta a las susceptibilidades de los poderosos (incluido los sindicatos), que no sea exclusivamente práctico y que no se limite a lo que aparece hoy en día como políticamente posible. Necesitamos líderes intelectuales que estén dispuestos a trabajar por un ideal, por pequeñas que puedan ser las perspectivas de su pronta realización. Deben ser hombres que estén dispuestos a adherirse a los principios y a luchar por su plena realización, por remota que sea. Los compromisos prácticos se deben dejar a los políticos. Libre Comercio y Libertad de Oportunidades son ideales que todavía pueden despertar la imaginación gran número de personas, pero una simple “libertad razonable de comercio” o una mera “relajación de controles” no es ni intelectualmente respetable ni es probable que inspire ningún entusiasmo. La principal lección que el verdadero liberal debe aprender del éxito de los socialistas es que fue su coraje para ser utópicos lo que les ganó el apoyo de los intelectuales y, por lo tanto, una influencia en la opinión pública que cada día hace posible lo que hace poco parecía muy remoto. Los que se han preocupado exclusivamente con lo que parecía posible en el estado presente de la opinión se han encontrado constantemente con que incluso eso se convertía muy pronto en políticamente imposible como por resultado de cambios en una opinión pública que no había hecho nada para orientar. Y esto será así no ser que nosotros seamos capaces de hacer que los fundamentos filosóficos de una sociedad libre sean una vez más una cuestión intelectual viva y su implementación una tarea que ponga a prueba el ingenio y la imaginación de nuestras mejores mentes. Si podemos recuperar esa fe en el poder de las ideas, que fue la marca del liberalismo en su mejor momento, la batalla no está perdida. El renacimiento intelectual del liberalismo ya está en marcha en muchas partes del mundo. ¿Será a tiempo?

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