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martes, 5 de abril de 2016

Bertrand de Jouvenel: «Los intelectuales europeos y el capitalismo» V



V
La gran mejora en las condiciones de los trabajadores obtenida a lo largo de los últimos cien años la atribuyen muchos a la presión sindical y a buenas leyes que han corregido un mal sistema. Por otra parte, podemos preguntar si esta mejora se habría verificado sin los éxitos de este mal sistema y si la acción política no se limitó a hacer caer del árbol el fruto que aquél había madurado. La búsqueda de la causa verdadera tiene su importancia, ya que una errónea atribución del mérito puede conducir a la convicción de que el fruto se produce sacudiendo el árbol. Finalmente podemos preguntarnos si los “tiempos duros”, que con tanto rencor se recuerdan y de los que se hace culpable al capitalismo, fueron característica específica del desarrollo capitalista o, más bien, fueron un aspecto de un rápido desarrollo industrial (sin ayudas exteriores) que se encuentra en cualquier sistema social. ¿Acaso la Magnitogorsk de los años 1930 aventaja tanto a la Manchester de 1930? Es extraño que el historiador no logre “perdonar” los horrores de un proceso que ha tenido una parte evidente en lo que él llama “progreso”, cabalmente en una época enferma de “historicismo”, cuando se encuentran comúnmente excusas para explicar los horrores que se verifican hoy justificándolos con la afirmación de que conducirán a algo bueno, afirmación que por ahora no se puede demostrar. Indiscutiblemente la indignación estaría más justificada si se dirigiera contra lo que hoy ocurre, contra acontecimientos sobre los que podemos esperar tener cierta influencia, más bien que contra lo que ya no se puede remediar. Y, sin embargo, vienen con facilidad a la mente ejemplos de escritores que han cargado el acento sobre las privaciones de la clase trabajadora británica en el siglo XIX, mientras nada tienen que decir sobre el forzoso encuadramiento de los campesinos rusos en los koljoz. Aquí el prejuicio es descarado. ¿Existen razones específicas que expliquen el prejuicio del historiador? Creo que no. La actitud del historiador presentaría un problema especial sólo si se pudiera demostrar que él fue el primero que puso de relieve los males del capitalismo, que los demás intelectuales no habían percibido anteriormente, induciéndoles de este modo a cambiar su punto de vista. Pero en realidad no ocurrió así. Concepciones negativas del capitalismo, sistemas enteros de pensamiento contrarios a él prevalecían en amplios sectores del mundo intelectual antes de que los historiadores expusieran las injusticias pasadas del capitalismo o antes incluso de que prestaran atención a la historia social. El mayor éxito de Marx es probablemente el haber dado origen a este estudio, que nació y creció en un clima anticapitalista. El historiador no busca hechos sin un fin: su atención se fija en ciertas cuestiones bajo la influencia de sus problemas o de otros problemas corrientes relacionados con su época y éstos le inducen a buscar ciertos datos que tal vez han sido descartados por anteriores generaciones de historiadores en cuanto considerados como de escasa importancia; él los examina empleando esquemas mentales y juicios de valor que comparte al menos con algunos de los pensadores contemporáneos suyos. El estudio del pasado lleva así siempre la impronta de las opiniones del presente. La ciencia histórica cambia con el tiempo y está sujeta al proceso histórico. Ninguna filosofía de la historia es posible si no es aplicando la filosofía a la historia. Resumiendo, la actitud del historiador refleja una actitud difundida entre los intelectuales en general. De ahí que sea a la actitud de los intelectuales a la que debemos dirigir nuestra atención.

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