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viernes, 3 de febrero de 2017

Antonio Escohotado, entrevistado por Federico Jiménez Losantos (http://www.clublibertaddigital.com/ 2017-02-02)



Federico Jiménez Losantos: Antonio Escohotado es un intelectual español, dos cosas que están muy mal vistas, ser intelectual y ser español, que acaba de producir, acaba de culminar una obra intelectual que no tiene precedentes, ni en España ni en el mundo. El tercer tomo, que empezó con éste, de Los Enemigos del Comercio. Es una historia moral de la propiedad. Podíamos decir más bien: empezó siendo una historia moral de la propiedad privada y ha acabado siendo una historia moral de los enemigos de la propiedad, y yo creo que hay pocas veces (es la primera vez que yo veo a Antonio Escohotado) en que puedes manifestar a un autor, cuya obra has leído (así que de momento, aunque los tomos sean gordos, ya hay dos que han leído la obra, el que la ha escrito y un servidor) la admiración que te puede producir, porque es muy difícil en estos tiempos tomarse quince, veinte años de vida, trabajar sobre una idea, continuarla y tener la fuerza moral, y también la salud física, para mantenerse intelectualmente a flote. Antonio, enhorabuena por este tercer tomo. Creo que es el más denso de los tres, pero sobre todo por haber acometido esta tarea casi quijotesca, descomunal, que empezaste para aclararte las ideas. Yo querría, antes de zambullirnos en los temas de los tres tomos de esta obra, que me contaras cómo fue esa caída del caballo, ese Damasco, que en tu caso fue en Tailandia, leyendo a Menger, el padre de la Escuela Austriaca… Y tú cuentas en tu libro: yo venía de una juventud muy roja, católica y roja, que creo que es lo normal en un español que piensa… y te tropiezas con una frase acerca de que el monopolio es la tendencia natural del humano, que la civilización es asegurar el comercio. ¿Qué sospecha tenías tú antes de esa frase (siempre las frases cristalizan un presentimiento) y por qué pensaste que tenías que hacer la historia de los enemigos del comercio?
Antonio Escohotado: Porque le había (también esto es un poco reiterativo, lo he dicho más de una vez)… le había perdido el respeto a mi vida y a la ajena. Aquel mundo tan absurdo de los años setenta, que fue el florecimiento universal del terrorismo… El cincuenta o el setenta por ciento de la prensa mundial estaba a favor de Brigadas Rojas, de la Baader-Meinhof, de Montoneros, de Sendero Luminoso…
F. J. L.: Siempre del Che Guevara
A. E.: Siempre del Che Guevara, por supuesto. Entonces digo: pero bueno, ¿cómo es posible que yo haya despreciado tanto no ya mi vida, que esa, más o menos, tengo derecho a arriesgarla… pero pensar seriamente que puedo afectar por la violencia la vida ajena? ¿Cómo puedo seguir pensando en el derecho de conquista, cuando el único derecho que hay es el derecho de contratos, el derecho de acuerdos libres de la voluntad? Y entonces digo: Dios mío, pero ¿por qué? ¿Por qué me he equivocado tanto, si sigo siendo el mismo tío? Si pienso lo mismo… Envejecemos, tenemos ochenta años y en el fondo no hemos cambiado un ápice en nuestros sentimientos, nuestra forma de entender la vida…
F. J. L.: Antonio, hay una cuestión moral, que a mí me cuesta explicársela a mis hijos, y supongo que a ti naturalmente a los tuyos, que es que el mismo principio que te lleva a lo absurdo, si mantienes el principio luego te saca también de lo absurdo…
A. E.: Eso es el hilo de la coherencia, eso es la base de la lógica aristotélica…
F. J. L.: En mi caso no hay manera de que mis hijos entiendan que si yo leí La madre, de Gorki y pensé que tenía que ser comunista, aunque había perdido la fe, porque a los pobres hay que ayudarlos… hasta entender que a los pobres con lo que se los ayuda es con lo contrario del comunismo
A. E.: ¡Claro!
F. J. L.: con la propiedad… Cosa que yo sabía, porque era pobre y sabía que todos los pobres aman la propiedad… Pero entras en un mundo intelectual de frases hechas, de ideas preconcebidas… Por eso es tan importante esta obra tuya, y espero que a partir de ahora, por lo menos la gente que sigue Libertad Digital y esRadio, la vayan leyendo. Vamos a empezar, si te parece, cronológicamente. Tú dices que Ciro el Grande es quizá el fundador de los derechos humanos, el gran emperador. El primero que da libertad a cada persona de creer lo que quiera, de comerciar y de moverse libremente por su imperio, que era enorme.
A. E.: Claro. El cristianismo ha difundido la idea de que la esclavitud había sido lo eterno y que sólo al llegar Jesús empezó a moderarse la esclavitud. Y aquí cuento con alto grado de detalle como todo eso es una película que no tiene fundamento. En realidad cuando Ciro hace ese edicto prohibiendo la esclavitud, lo que hace es prohibir una novedad en sus inmensos dominios. Esa novedad que están difundiendo los asirios y los espartanos, que luego también hay unos belicosos señores ahí, en la península itálica, que también es novedad…
F. J. L.: También en Roma, la primitiva. Pero Antonio, Ciro, que naturalmente no se estudia en las escuelas, a diferencia de Atenas que sí, se supone, bueno, se estudiaba antes, cuando se estudiaba filosofía… Pero tú haces en la primera parte del tomo primero, cuando es todavía historia de las ideas sobre la propiedad privada, la contraposición de Atenas y Esparta… Atenas, un núcleo de ciudades unidas por el comercio, que necesitan la democracia y gracias a la democracia armada consiguen derrotar a todas las demás. Sin embargo al Sur, Esparta, que es una especie de cuartel manicomial, mantiene una fascinación como modelo político, que sin embargo nunca ha tenido Atenas. Y eso ¿a qué se debe?
A. E.: Es asombroso. Por ejemplo, los espartanos decían que los atenienses era uno afeminados y, sin embargo, Aristóteles, en La Política, dice: no hay mujer más casquivana que la espartana.
F. J. L.: Eran muy disolutas, sí.
A. E.: Las más disolutas de todas, sí.
F. J. L.: Bueno, por la cantidad de gais que había en los cuarteles.
A. E.: Claro, porque es que tenían que dormir en el cuartel, comer en el cuartel, tenían que fingir un asalto y violación de sus propias esposas. Era todo un mundo extraño, patético-enfático lo llamo yo en el libro… como prerromántico.
F. J. L.: Pero al mismo tiempo basado en una fuente muy turbia, porque Licurgo, que es el primer Stalin de la historia… todo viene de un trocito de Plutarco, y eso es todo lo que hay…
A. E.: Todo lo que sabemos…
F. J. L.: de una historia de Esparta, que no tenía leyes escritas, que no tuvo historia y, por lo tanto, no sabemos nada de ella…
A. E.: Prácticamente prohibía la escritura, prohibía el dinero útil… acuérdate, eran doblones de hierro…
F. J. L.: de hierro que no servían para nada…
A. E.: No, que nadie aceptaba. Mira, aquí te pago con esto… ¡sí, tu padre! Vas a aceptar esta…
F. J. L.: Esa fascinación… Tú explicas muy bien como en Atenas se van creando primero las condiciones de lo que entendemos por democracia, incluyendo naturalmente la demagogia, porque cuando se apela a la masa… la masa actúa como la masa, que no es tampoco…
A. E.: Fíjate las barbaridades que cuenta Aristóteles… las cosas que hicieron los aristócratas expulsados cuando volvieron, las cosas que hicieron los demagogos cuando se instauraron. Barbaridades muy parecidas al terror rojo o a lo que pudo suceder en la Revolución Francesa.
F. J. L.: Roma siempre se ha considerado la hija de Atenas, en teoría… la hija de Grecia. Sin embargo a pesar de Eneas y de la Eneida, el intento de dignificar el origen Roma por Virgilio, lo cierto es que su canon acaba siendo Esparta. Nunca es Atenas.
A. E.: Son hijos de una loba… quiere decir hijos de una pobre prostituta, que se matan los hermanos el uno al otro… la historia no puede ser más lúgubre.
F. J. L.: ¿Por qué, sin embargo hay momentos (luego lo explicas, al final de la Edad Media) en la historia de Roma, por ejemplo con Augusto, en los que la realidad se impone y el imperio prospera. Hay incluso el siglo II, con Antonino Pío, etcétera, cuando llegan los de la Bética primero, para recuperar un cierto orden racional, que el imperio se expande enormemente. Sin embargo siempre se recae en fijar los precios…
A. E.: Fijar los precios… Acuérdate que yo le doy mucha importancia a un asunto, que a mi juicio no se le había dado, que es que el esclavo está desmotivado. El esclavo es el trabajador más ineficaz que pueda imaginarse. Y en el imperio romano, y antes del imperio, lo que se va produciendo es una sociedad crecientemente esclavista, que el cristianismo apoya. Acuérdate las dos Epístolas a los romanos de Pablo que prácticamente apoyan, porque dicen que el esclavo está mejor situado que tú en la línea al cielo. Llegará antes…
F. J. L.: Sí, cuanto peor, mejor.
A. E.: Cuanto peor, mejor, sí. Que luego esto lo van a tomar Marx y Blanqui y todos los teóricos comunistas…
F. J. L.: Pero el elemento novedoso es cuando hablas de los ebionitas1, los ebionim que son el probrismo, los pobristas. ¿Qué elemento hay en la historia de los judíos, en el Antiguo Testamento, antes de de Jesús, y qué elementos novedosos hay en los esenios y en Jesús de Nazaret, o el názor2, el nazoreno, como dices, que sería lo correcto, el salvador…? ¿Qué hay de clásico judío y que hay de moderno en el mensaje cristiano que tú cifras en el Sermón de la Montaña3?
A. E.: La cosa es un poco compleja, porque hay como una intersección histórica. Por una parte está la pendencia eterna dentro de los judíos entre la corriente profética y la corriente de la sabiduría. Salomón y la furia de Amós…
F. J. L.: Los zelotes…
A. E.: malditos los que disfrutan tranquilamente, esos son los que el señor castigará, que es algo así como una consagración del rencor para siempre. Y eso se entrecruza con el hecho de que en el Imperio Romano está empezando a haber hombres de negocios. No hay solamente conquistadores o compradores y vendedores de esclavos. Había negocio. Empieza a haber, además del mercado de esclavos, el mercado de cosas. Y entonces (esa es la sorpresa que he ido obteniendo, que no sabía antes de empezar la investigación, pero que ahora la he ido constatando) cada vez que se produce un auge de la prosperidad, se produce también una multiplicación de la movilidad social… cada vez que se produce una multiplicación de la movilidad social se mueven las madres del resentimiento…
F. J. L.: hay una reacción siempre…
A. E.: y entonces vuelve a ser odiosa la libertad y vuelve a ser maravillosa la seguridad, pero una seguridad basada en negar la libertad, que es una seguridad imaginaria, por supuesto.
F. J. L.: Esa es una cosa a la que periódicamente recurres, que quizá valdría para un pequeño ensayo, no por el título de Fromm, El miedo a la libertad, que es demasiado frankfurtiano4… Pero hay una especie de angustia ante lo nuevo, ante la libertad, que es que a la mayoría de la gente…
A. E.: vértigo lo llamo yo
F. J. L.: yo creo que es así, porque es que sólo eso explica el carácter recurrente. Hay tanta apetencia de libertad como de esclavitud. Es una constante en dos mil quinientos años que conocemos, desde Atenas, que están perfectamente documentados… Hay un momento después de Constantino, que establece una cuestión básica: primero el cristianismo como religión del Imperio, la deificación del Estado y del Emperador, y una cosa que se mantiene durante mil años, que es la condena del interés, que viene de los judíos además, que copian de los judíos. Los judíos… tú cuentas ahí (a mí es de lo que más me ha interesado, porque esa parte no la conocía) que los judíos dicen: prestarás a todas las naciones, pero no a los tuyos, y no pedirás prestado… cobrarás interés a todos, pero no a los judíos. Entonces claro, los católicos dicen: la idea es buena, pero para todo el mundo. En el momento en que no se cobra por el dinero se colapsa la economía.
A. E.: se colapsa, sí
F. J. L.: Bueno, ¿estamos viviendo eso otra vez?
A. E.: Pues sí. Pero es que si sigues una estadística del tipo de descuento de la Reserva Federal americana, que viene a ser como el banco de los bancos del mundo, te das cuenta de que hay unas fluctuaciones bestiales. Por ejemplo, yo referencio en el tomo III como en la época inmediatamente anterior a Clinton, Reagan sube al once por ciento y ahora estamos al cero dos, me parece…
F. J. L.: en realidad estamos por debajo de cero
A. E.: iniciado por los financieros japoneses hace unos veinte años, en el noventa y cinco… Y claro, esto induce una serie de pasmos, confusiones… nadie lo entiende. Es evidente que si no se paga por el esfuerzo de ahorrar dinero, por lo que llamaba Keynes preferencia por la liquidez… es evidente que si no se paga por eso (y Marx lo olvida por completo)…
F. J. L.: Bueno, Marx odia el ahorro…
A. E.: lo llama monsergas acientíficas
F. J. L.: dice que podríamos cazar por la mañana, pescar por la tarde, trabajar si queríamos5… hasta que llega Lafargue, humano al fin, y dice que El derecho a la pereza
A. E.: y el otro le dice no, yerno, en la economía te vas a meter en un problema
F. J. L.: Cuentas como en la Edad Media, frente a la condena canónica del interés, sin embargo, poco a poco, en las ciudades italianas… y los templarios, que no dejan de ser los primeros grandes banqueros de occidente… los templarios, que España es el segundo país templario, por detrás de Francia; el camino de Santiago… España está lleno de temple y, por tanto, de bancos… que en la práctica los templarios lo que crean es la primera gran red de sucursales…
A. E.: porque de alguna manera complementan la letra con un recibí, un cheque que es muy eficaz
F. J. L.: que te da seguridad; ellos te aseguran…
A. E.: en clave… entonces iba en clave todo… En destino había un señor que decía sí, lo entiendo, aquí tiene usted el equivalente de lo que puso, a lo mejor a tres mil kilómetros.
F. J. L.: Lo que cuentas de las repúblicas en Génova, en Venecia luego, que fue la más rica, pero no es lo único… Ciudades estado… de alguna manera recuerdan a Atenas; ciudades comerciales se convierten en Estados para proteger su comercio y al final son poderosísimas siendo pequeñas…
A. E.: Brujas, Ámsterdam…
F. J. L.: Tremendo. Eso está bien, incluyendo, por ejemplo, lo que cuentas de cómo nacen las Provincias unidas de Holanda, cómo se hacen prósperas cuando no tienen más que el comercio. Y en el fondo Gran Bretaña es lo mismo. Tienen el comercio, pero el comercio es lo que las hace ricas… Sin embargo hay un momento en este primer tomo, que es cuando empezamos con la excepcionalidad francesa, con la Ilustración. A mí me asombra como el país más rico de Europa, del mundo probablemente, el más favorecido por la fortuna, tiene una tendencia natural a estropearse, a suicidarse. ¿Cuál es la cara y cruz de la Ilustración? Porque la Ilustración tiene muy buena prensa y sin embargo de ahí viene el terror, en buena parte; Rousseau es el padre de todo el terrorismo moderno de Estado…
A. E.: Sí, sí, Rousseau… El Marqués de Sade… Vamos a ponerle el origen de la ilustración francesa: es el Marqués de Sade.
F. J. L.: ¿Por qué crees que se produce ese cambio, de la Declaración de derechos del hombre de Francia, que es un modelo, que sirve para hoy, que es perfecta… y en tres años está atentando contra lo que han votado ellos mismos y están degollándose unos a otros y, además, con una ferocidad implacable?
A. E.: Y la Convención. Resulta que antes de convocarse las elecciones han excluido a nueve décimas partes de las ternas que se han propuesto para la vocación pública… No, ahí ha habido dos suertes, que es que mataron a Marat y mataron a Robespierre. Si no llegan a matar a esos dos, a ver lo que hubiera pasado.
F. J. L.: Es lo que hace Lenin luego, siglo y pico después, con la Asamblea Constituyente y con el Gobierno Provisional. El golpe de Octubre. Si tuvieras que hacer ahora un balance de los equívocos de la Ilustración ¿cuáles serían?
A. E.: Pues para los franceses odiar a Montesquieu, que es la ilustración propiamente dicha. Es el hombre que por primera vez entiende que el trabajo esclavo no funciona y que además te lo demuestra con aquellas minas de cobre de Hungría6, que también tienen su parte que llega a Turquía, es la misma veta, y el resultado que se obtiene de la explotación con hombres libres, bien pagados y con esclavos, prácticamente no pagados, eso…
F. J. L.: además es que lo demuestra
A. E.: eso lo refiere Smith en La riqueza de las naciones… pues yo diría que es el comienzo de la Ilustración propiamente dicha, y sin embargo para los franceses eso no, eso es anglofilia, una tontería, banalidad, y hay que atenerse a Rousseau, al Marqués de Sade, a los philosophes tipo d'Holbach o Helvecio, que son o unos vanos o unos analfabetos…
F. J. L.: Del terror pasamos al primer comunista profesional, que es Babeuf, Gracchus Babeuf. La verdad es que en la Liga de los Iguales ya está todo el terror soviético; ya está casi textualmente; podían firmarlo Trotsky, Lenin, Stalin, etc. ¿Por qué está tan completo desde el principio el comunismo? ¿Es un fruto del terror o es fruto de toda esa tradición que vas intentando encontrar como un hilo de Ariadna, pero negro?
A. E.: Lo segundo, lo segundo claramente. Acuérdate que es el abate Morelly, que escribe ese librito…
F. J. L.: ese de la naturaleza…
A. E.: el folleto del Código de la naturaleza. Ahí empiezan los primeros disparates que tú dice no, no son disparates, es otra vez el Apocalipsis, la Epístola de Santiago… Acuérdate de la Epístola de Santiago, que dice ¡ricos, llega el momento esperado, vuestra ropa está roída de polillas, habéis engordado para el día de la matanza!
F. J. L.: La gran matanza. Es como la matanza del cerdo.
A. E.: Claro… Hasta que viene Lutero y dice esto no forma parte de la Biblia, esta epístola, y el Apocalipsis tampoco. Lo cual requiere un cierto coraje. Pero resulta que Trento, en la Contrarreforma, le da la razón.
F. J. L.: Una cosa que apuntas sólo… yo creo que valdría la pena que pusiera Los enemigos del comercio en la historia de España, porque ha habido amigos y enemigos del comercio. El único país que tiene una experiencia global de la inflación es España
A. E.: ¡claro!
F. J. L.: sobre todo la Corona de Castilla. Y la Escuela de Salamanca nace, primero, de una voluntad cristiana de ayudar realmente a los pobres, la familia de Juan de Mariana, que viene ya de Vives, pero sobre todo
A. E.: y las Casas
F. J. L.: yo en eso de las Casas no estoy de acuerdo, pero bueno
A. E.: las Casas es un victimista total
F. J. L.: tú citas a Azpilicueta, el Tratado de las usuras, que es el primero que reivindica que el dinero es una mercancía y hay que pagarlo; Luis de Molina, Tomás de Mercado… Esta gente que ha vivido la inflación justifica hasta el regicidio cuando dice: el príncipe que bastardea la moneda le está robando en su bolsillo a los pobres
A. E.: eso lo dice las Casas también…
F. J. L.: claro, pero es que eso te lo defiende teológicamente la Escuela de Salamanca en pleno Imperio, cuando es la famosa disputa, que van ante Carlos V para discutir la naturaleza humana de los indios… los indios son humanos, los negros no, porque es lo que estaba establecido entonces. Lo curioso es que esos amigos del comercio una y otra vez tropiezan, no sé si es con un canon (porque canon podría haber sido Tomás de mercado) como con lo contrario…
A. E.: Es una maravilla. Aparece la teoría cuantitativa del dinero con Azpilicueta, aunque más o menos se habla de que Bodino, en aquella época también, estaba escribiendo sobre lo mismo. Son los primeros hombres que ponen prosaísmo a la consideración de las cosas. No se atienen al deber ser, sino que miran qué son las cosas, que parece ser que es lo que deberíamos hacer todos para no meternos en problemas horrendos continuamente.
F. J. L.: Esa humildad en el teólogo es rara ¿eh?
………………
A. E.: Acuérdate que Molotov le dice a Stalin como avergonzado: oye, me ha confesado Mao que no ha leído El Capital
F. J. L.: ni falta que le hizo
A. E.: y Stalin le dice a Molotov: yo tampoco.
F. J. L.: Hay una cosa que cuentas muy bien, que es la descripción de Marx (y luego pasa con Lenin) como un ser lleno de odio
A. E.: totalmente
F. J. L.: movido por una máquina de odio tremenda, igual que Lenin es un insultador absolutamente salvaje contra cualquiera, pero además venga o no venga a cuento…
A. E.: Se ponía enfermo. A Lenin le dan cuarenta de fiebre y dolores articulares en cuanto alguien le contradice.
F. J. L.: Vale la pena leer el párrafo porque alguno pensará, bueno, exageran un poco. No, no, no. Dice esta fiera: está claro señores que el propio canibalismo de la contrarrevolución convencerá a las naciones de que sólo el terror revolucionario puede abreviar, simplificar y concentrar los criminales trances agónicos de la vieja sociedad y los sangrientos espasmos… Está claro señores. No tenemos compasión ni la pedimos. Cuando nos llegue la vez no hará escusas que valgan para el terror revolucionario. Este es Carlos Marx, que presentan como un teórico.

NOTAS

1 Ebionismo o ebionaioi (griego βιωναοι; derivado del hebreo אביונים ebion, que significa "el pobre" o "los pobres"), es un término patrístico que hace referencia a una o varias sectas judeocristianas que existieron durante el cristianismo primitivo.
2 «Nazorenos», que en arameo significa seguidores del nazor («salvador»). Cf. S. Minouni, «Los cristianos de origen judío desde el siglo I al IV», en Geoltrain P. (ed.), 2000., p. 299.
3 Gospel of Matthew (chapters 5, 6, and 7).
4 The Frankfurt School (German: Frankfurter Schule) is a school of social theory and philosophy associated with the Institute for Social Research at the Goethe University (Frankfurt). Frankfurt School theorists spoke with a common paradigm in mind; they shared the Marxist Hegelian premises and were preoccupied with similar questions. To fill in the perceived omissions of classical Marxism, they sought to draw answers from other schools of thought, hence using the insights of antipositivist sociology, psychoanalysis, existential philosophy and other disciplines. The school's main figures sought to learn from and synthesize the works of such varied thinkers as Kant, Hegel, Marx, Freud, Weber, and Lukács.
5 En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le es impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; al paso que en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos (Calos Marx, «La ideología alemana», 1845).
6 Es necesario, pues, limitar la esclavitud natural a determinados países de la Tierra. En los demás paréceme que todo se puede hacer con hombres libres, por duras que sean las labores exigidas por la sociedad. Lo que me hace pensarlo, es que antes de abolirse la esclavitud en Europa se tenía por tan penoso el trabajo de las minas, que sólo se creía posible hacerlo ejecutar por los esclavos y los delincuentes. Pero sabemos hoy que los mineros viven felices. (13) Los hay que escogen ese trabajo voluntariamente, que gozan de algunos privilegios y que bastante remuneración. No hay trabajo tan penoso que no pueda proporcionarse a las fuerzas del que lo ejecuta, con tal que lo regule la razón y no la codicia. Las máquinas que el arte inventa o aplica pueden suplir el esfuerzo que en otras zonas se pide a los esclavos. Las minas de los turcos en Temesvar, más ricas que las de Hungría, y en las cuales se explotaba el brazo esclavo, no daban tanto rendimiento como las mismas húngaras. No sé si este capítulo me lo ha dictado el entendimiento o el corazón. Quizá no haya en la Tierra clima alguno en que no se pueda estimular el trabajo de los hombres libres. Las malas leyes hicieron a los hombres holgazanes; por ser holgazanes se les hizo esclavos (13.Pregúntese lo que pasa en las minas de Hungría y en las de Hartz, Alemania). Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, El espíritu de las leyes, Libro XV, Capítulo VIII.
7 Es ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas: vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están corrompidos de orín; y su orín os será testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habéis allegado tesoro para en los postreros días (Epístola de Santiago, capítulo 5, 1-3).

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