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jueves, 19 de diciembre de 2024

Eduardo Luque - La deriva autoritaria de la UE - 17 diciembre, 2024

 


https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-deriva-autoritaria-de-la-ue/

¿VERGEL O CIÉNAGA?

Hay momentos en los que la realidad golpea con tal fuerza que no puedes evitar preguntarte si los guionistas de la tragicomedia que vive la UE están compitiendo por el Oscar del absurdo. Lo que en los folletos publicitarios se vendía como un vergel de ideales compartidos[1] ahora se hunde en aguas cenagosas en las que la voluntad popular es sistemáticamente ignorada y vilipendiada Son los grandes grupos de poder los que dirigen la política comunitaria. Muchos autores han reflexionado sobre la deriva autoritaria que han emprendido la UE y el capitalismo neoliberal, incapaz de afrontar la nueva crisis social y económica que nos asalta. Es, desgraciadamente, la tendencia dominante en curso. Los escenarios y los cambios se suceden a tal velocidad que es difícil seguir sus movimientos.

FRANCIA: EL MESÍAS NEOLIBERAL

¡Ah!, Francia, la cuna de la Revolución y también de esa extraña habilidad para convertir los principios republicanos en papel mojado. Emmanuel Macron, ese presidente que tiene más vidas políticas que un gato, sigue aferrado al poder con la desesperación de un “trader” en plena crisis bursátil. Mientras su popularidad cae en picado, él sigue empeñado en imponer un programa que huele a los manuales y deseos de sus donantes. A fin de cuentas, como fiel funcionario de la Banca Rothschild y de BlackRock espera que sus servicios sean debidamente recompensados. Los ideales de los que ha presumido (Liberté, Égalité, Fraternité) son mera propaganda para crédulos, que siempre los hay.

¿Su última genialidad? Fue nombrar a un primer ministro con un respaldo popular digno de un meme: un glorioso 4% en las elecciones parlamentarias. Obviamente, esto desencadenó una moción de censura y un caos político que Macron enfrenta con su arrogancia habitual. Mientras tanto, Bruselas le exige recortes de 60.000 millones de euros en gasto público. ¿El objetivo?: Transferir riqueza pública a manos privadas. ¿El método?: Privatizar las pensiones porque hay que financiar la costosísima guerra en Ucrania. Nada habla tan bien de la “democracia” como dejar a tus jubilados al albur de los mercados y con míseras pensiones. Macron, en su huida hacia la nada, vuelve a tener una “genial idea” para capear el temporal que tiene en casa. Propuso, en su visita a Varsovia, que tropas de la OTAN organizadas como “cascos azules” incursionen en territorio ucraniano y creen una zona de amortiguación entre el ejército ucraniano y las fuerzas rusas. Mientras tanto, Namibia, uno más, se suma a la lista de países que expulsan tropas francesas. El imperio colonial se liquida y se diluye como un azucarillo en una taza de café.

ALEMANIA: ELECCIONES EN PAUSA POR… ¿FALTA DE PAPEL?

Pasemos a Alemania, donde parece que la eficiencia alemana es ahora un mito del pasado. Primero fue la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, quien decidió insultar, en un rapto de soberbia, al presidente chino en su última visita a Pekín; primero “le exigió” que dejara de rearmar a Rusia, a continuación redondeó el discurso llamándolo «dictador». Porque, claro, nada mejor para un país que vive de exportar coches a China que enemistarse con su principal cliente. Pero no se preocupen, que el caos no termina ahí. Resulta que el Consejo Electoral Federal anunció que las elecciones parlamentarias podrían no celebrarse por… ¡falta de papel! Sí, lo han leído bien. La gran Alemania, incapaz de garantizar elecciones porque, al parecer, los bosques no dan abasto. Ruth Brand, directora de la comisión electoral, afirma que este problema logístico es «enorme». Claro, tan enorme como el miedo a que los resultados no sean los esperados. ¿Coincidencia? ¿Casualidad? Dejen que sus teorías conspirativas hagan el resto.

RUMANÍA: TEATRO DEL ABSURDO

Rumanía, donde las elecciones son más una opereta que un ejercicio democrático. El 2 de diciembre finalizaba la primera vuelta de las elecciones. Con un 22,94 %, ganó Galin Georgescu, el candidato no deseado por la UE; mientras que su contrincante Elena Lasconi pro-UE obtenía el 19,18%. La campaña electoral del ganador fue complicada puesto que se intentó desacreditarlo con acusaciones de todo tipo; la más grave: estar financiado por Putin; a pesar de ello el Tribunal Constitucional validó los resultados. Pero justo cuando la segunda vuelta estaba en marcha y los votos de la diáspora empezaban a llegar… ¡zas!, la elección fue suspendida. Había intervenido, amenazando públicamente, el portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Matthew Millery. La recomendación surtió rápidamente efecto y el Tribunal Constitucional invalidó las elecciones que él mismo había validado cuatro días antes. ¿La razón…? Volvió a surgir, como el brazo incorrupto de Santa Teresa, la mano todopoderosa de Moscú. Un cambio de opinión tan repentino apesta a intervención externa. No es por ser malpensados, pero una hora antes de que se emitiera la nueva resolución del Tribunal aterrizó en Bucarest un enviado especial del Pentágono. Pura coincidencia, ¿verdad? Mientras tanto, el vodevil continúa. Como el filosofo Diógenes, que buscaba un hombre honrado con un candil, las élites otanistas buscan ahora desesperadamente a un candidato más «aceptable». La democracia en algunos países de la UE se vuelve tan elástica que acaba olvidando la voluntad popular y se adapta a las necesidades del poder.

MOLDAVIA: REFERÉNDUM A MEDIDA

En Moldavia, el arte de “ajustar” las reglas del juego alcanzó nuevos hitos. En su referéndum para ingresar en la UE que se celebró a finales de octubre, los gobernantes pro-Bruselas decidieron negar el voto a los 400.000 moldavos que viven en Rusia. Mientras tanto, en Europa Occidental las urnas parecían crecer como hongos después de la lluvia. Dos urnas para 400.000 votantes en Rusia, frente a una distribución generosa en el resto del continente. ¿Qué hubiera dicho Occidente si eso lo hubiera hecho Maduro? ¿Democracia? Solo cuando conviene.

GEORGIA: ¿DEMOCRACIA O DECORADO?

Georgia, aunque no es miembro de la UE, sigue siendo un escenario clave para las intrigas de Bruselas. En las últimas elecciones, el partido gobernante arrasó con una ventaja aplastante. Los observadores europeos calificaron el proceso como impecable, pero, claro, el problema no era cómo se votó, sino quién ganó. El partido gobernante, Sueño Georgiano, obtuvo el 53,93% de los votos; la suma de los sufragios obtenidos por toda la oposición junta alcanzó el 37,79%. La presidenta georgiana, aunque francesa de nacimiento y diplomática por ocupación, fue nacionalizada gracias a un arreglo parlamentario hace muy pocos años. Ha decidido no abandonar la presidencia del país ni tampoco convocar elecciones presidenciales, como era prescriptivo, en diciembre del 2024. Como el resultado electoral no gustó a la OTAN ni a la UE, las ONG financiadas por Occidente orquestaron disturbios para intentar derrocar al gobierno. Incluso varios ministros de exteriores bálticos participaron en persona en las manifestaciones. Ironías del siglo XXI: democracia sí, pero solo si sirve a los intereses de Occidente.

GAZA: LA MORAL A CONVENIENCIA

Y llegamos al gran elefante en la habitación: Gaza. Mientras la UE reparte lecciones de derechos humanos con la “supuesta” autoridad moral de un santo, su complicidad con el genocidio en Gaza es clamorosa. Eso sí, siempre hay tiempo para un comunicado anodino que “llama a la contención” de la resistencia libanesa o palestina. Pedir contención a un pueblo sin agua, alimentos, ni electricidad es el nuevo estándar de la justicia europea. Mientras Bruselas financia ONGs en todo el mundo para “promover la democracia”, ignora deliberadamente la demolición de hospitales y barrios enteros en Gaza. Tal vez los derechos humanos solo se aplican cuando no incomodan a ciertos aliados estratégicos. Las contradicciones entre los discursos y los hechos, sino fuera tan trágico, alcanzarían niveles de parodia.

ÚRSULA VON DER LEYEN: LA REINA DE LA DOBLE MORAL

Y finalmente, Ursula von der Leyen. El rostro visible de esta ciénaga autoritaria, capaz de pactar con la ultraderecha más xenófoba si es necesario para conservar el sillón, vuelve a imponer su criterio aún en contra de países tan importantes como Francia. Su reciente acuerdo con Mercosur, tras dos décadas de negociaciones, parece un regalo para la industria alemana a costa del campesinado europeo. Los productos agrícolas latinoamericanos verán reducidos o suprimidos los aranceles a cambio de que los coches alemanes acumulados en campas por decenas de miles, por fin tengan salida. Eso creen algunos fabricantes; el precio: una revuelta agrícola en Europa. Eso sí, los intereses de los grandes patronos están bien protegidos. Y, como no hay dos sin tres, el flamante comisario de Defensa europeo, el lituano Andrius Kubilius, reclama que Europa aporte cientos de miles de millones de euros para preparar la guerra “inevitable “contra Rusia. ¿Qué les habrán puesto a la mayoría de los políticos bálticos en el agua de beber para hacer tan mañas declaraciones?

CONCLUSIÓN: ¿EL FIN DEL SUEÑO EUROPEO?

La deriva autoritaria de la UE no es una percepción, es un hecho. Entre elecciones manipuladas, gobernantes ilegítimos pero aferrados al poder como lapas y una moralidad selectiva, Europa se desliza hacia una crisis democrática. Quizá la UE no sea una ciénaga, pero lo que es seguro es que no es un vergel. Es un jardín descuidado donde las malas hierbas han tomado el control. Y mientras, los ciudadanos europeos siguen aferrados al mito de un continente de paz y prosperidad. Quizá sea hora de despertar. Porque lo que está en juego no es poco.

[1] El jardín frente a la selva exterior que diría el ínclito Josep Borrell

jueves, 12 de diciembre de 2024

Iain Davis - La clase parasitaria - 8 de octubre de 2024




Deploro el juego de acusaciones, que tan a menudo se utiliza para desviar la atención del verdadero problema. Me opongo a las falsas posiciones binarias creadas deliberadamente para dividirnos y gobernarnos y, sin embargo, en este artículo me refiero a los oligarcas multimillonarios (y a su clase dirigente) como “la clase parasitaria”. Por favor, tengan paciencia conmigo, intentaré explicar esta aparente hipocresía.

Una búsqueda en Internet del término “oligarquía” intentará convencerlo una y otra vez de que la oligarquía se relaciona específicamente con Rusia, lo cual es una completa tontería.

Un oligarca es alguien que ha acumulado una inmensa riqueza y la ha convertido en autoridad política y social. Eso es lo que ha sido siempre un oligarca, desde que la humanidad empezó a llamarlos “oligarcas”. Rusia es una oligarquía, pero, como lo revelan casi todas las teorías políticas y los miles de años de filosofía política, ciencia e historia, también lo son todos los demás estados nacionales.

La pregunta es ¿cómo se llega a ser oligarca? Se sugiere que algunos alcanzan el estatus de oligarca debido a su astucia para los negocios. Mucha gente es astuta en los negocios, pero eso por sí solo no es suficiente para ascender a la oligarquía. Para ser oligarca hay que ser aceptado por los demás oligarcas. Si los oligarcas se oponen a uno, es probable que su negocio se vea aplastado o al menos severamente restringido y se le impedirá el acceso a la autoridad política o a la influencia social.

Algunos son oligarcas hereditarios, otros se vuelven fabulosamente ricos en virtud de operar monopolios, otros se benefician del nepotismo y otros aprovechan sus conexiones en la red. Pero todos los oligarcas logran y luego mantienen su poder e influencia mediante la explotación. Ya sea esclavitud asalariada (o simplemente esclavitud), espionaje industrial, guerra legal, guerra, otras formas de violencia, apalancamiento de deuda, opresión económica, apropiación de tierras, robo o simplemente engaño, la oligarquía es una pandilla de barones ladrones.

La filantropía no tiene nada de malo en sí misma, pero los oligarcas la utilizan para manipular la sociedad a su favor, crear nuevos mercados para sí mismos y aumentar su autoridad política y/o social. En resumen, el oligarca se distingue de los ricos comunes y corrientes no sólo por la magnitud de su riqueza, sino, sobre todo por la manera egoísta y sin escrúpulos con que adquiere y abusa de la autoridad que le otorga su inmensa riqueza.

Nosotros, el pueblo, somos la fuente tanto de la riqueza de los oligarcas como de la autoridad política que atesoran. Si bien podemos obtener algún beneficio de las actividades de la oligarquía (como empleo o inversión en infraestructura, etc.), esta relación es mucho más beneficiosa para el oligarca que para nosotros. De lo contrario la oligarquía no se molestaría.

  • La definición de parásito es: organismo que vive sobre o dentro de otro y obtiene su alimento de él.

  • La definición de clase social es: grupo de personas dentro de una sociedad que poseen el mismo estatus socioeconómico.

El único equivalente socioeconómico de un oligarca es otro oligarca. El efecto colectivo de la oligarquía sobre la sociedad es parasitario.

La oligarquía es la clase parasitaria.


Introducción a la teoría de la élite

El término que comúnmente se nos da para referirnos a los oligarcas es “la élite”. El hecho de que usemos comúnmente este lenguaje para describir a la clase parasitaria es un claro ejemplo de ingeniería social. A menos que nos liberemos de las cadenas lingüísticas que atan nuestros pensamientos y controlan cómo hablamos sobre la oligarquía, seguiremos siendo gobernados por ellos, nos guste o no.

El concepto de “élite” proviene en gran medida de la “teoría de las élites”, una rama de la ciencia política que surgió a fines del siglo XIX y principios del XX. La teoría de las élites intenta explicar por qué la sociedad está dividida entre la gran masa del pueblo y una minoría gobernante que siempre detenta el poder.

La teoría de las élites supuestamente proporciona una justificación científica para explicar por qué, sin importar dónde o cuándo miremos, una pequeña camarilla controla casi todos los recursos y posee un poder financiero, económico y político abrumador, que luego utiliza para gobernar. A lo largo de la historia, esta dinámica de poder perjudicial ha sido reconocida en ocasiones por la gente (que generalmente se opuso a ella una vez que se dio cuenta de ella), pero más frecuentemente no. En gran medida la aceptamos como si fuera una especie de aspecto inherente a la sociedad.

En términos generales, la teoría de las élites ha reeditado ideas que tienen miles de años de antigüedad. Como campo académico la teoría de las élites aún no ha aportado nada nuevo. Revela que todas las formas de gobierno son esencialmente oligarquías, pero la mayoría de los historiadores políticos ya lo sabían. Lo único que hace la “teoría de las élites” es reforzar muchos de los disparates que se espera que aceptemos.

En la teoría de las élites, la palabra “élite” es un término polisémico que puede significar “aristocracia” en el sentido clásico. Proviene del francés “aristocracie”, que significa “gobierno de los mejores ciudadanos” y del griego “ aristokratia”, que significa “gobierno de los mejores”.

Para evitar elogiar demasiado a los oligarcas, otros teóricos de la élite también utilizan el término “élite” para referirse a una “clase dirigente”, sin el sentido de “aristocracia”. La etimología de la palabra “élite” es del francés “élite”, que significa “seleccionar, escoger”, derivado del latín eligere, que significa “elegir”.

La teoría de la élite percibe a la “élite” como los mejores entre nosotros, que lideran por mérito o como la clase gobernante o “clase política” que a veces elegimos. La interpretación de la clase política se deriva del trabajo de Gaetano Mosca (1858 – 1941), quien señaló que los oligarcas a menudo obtenían el poder mediante la coerción y la violencia, pero estaban particularmente bien organizados y, por lo tanto, con el control de casi todos los recursos, gobernaban.

De cualquier manera hay una sugerencia de que los oligarcas se benefician de algún tipo de meritocracia. El uso de “meritocracia” se remonta a Platón (c. 424/423 – 348/347 a. C.) y ahora se usa para denotar, según el Oxford English Dictionary, “una clase gobernante o influyente de personas educadas o capaces” o “gobierno o posesión del poder por personas seleccionadas según el mérito”. El oligarca es el mejor entre nosotros o un miembro poderoso de una camarilla bien organizada. O eso dicen los teóricos de la élite y las publicaciones que sirven a los oligarcas.

En la actualidad la palabra “meritocracia” fue popularizada por el sociólogo Michael Dunlop Young (1915-2002). La utilizó como una parodia irónica, advirtiendo a la gente que seleccionar “líderes” en función de su estatus social y calificaciones educativas formales era una forma segura de terminar con un gobierno completamente malo. El hecho de que “meritocracia” haya llegado a significar algo “bueno” lo decepcionó hasta el día de su muerte.

El problema con la aceptación común de la palabra “élite”, basada en la “teoría de la élite”, es que sugiere una inevitabilidad. Como si las cosas fueran así, como si un grupo de oligarcas (llámense nobleza negra, partes interesadas, banqueros o como sea) nos dirigiera inevitablemente. Es como siempre ha sido, así que acostúmbrense. ¡Resistirse es inútil!

A Vilfredo Pareto Pareto (1848-1923) se le atribuye haber acuñado el término “la élite”. Él propuso su teoría de la “circulación de la élite”, que postulaba que el conflicto entre “élites” a menudo hace que un grupo sustituya a otro en la cima de la estructura social jerárquica. El otro aspecto de la “circulación” era que los individuos entran y salen de los círculos de la élite.

Pareto señaló que las élites eran seres humanos capaces de hacer el bien pero también de cometer grandes males, aunque sostenía que gobernaban como resultado de sus habilidades distinguidas y virtudes excepcionales.

Wikipedia, que es útil para nombres, fechas e historias oficiales pero poco más, afirma que el filósofo estadounidense C. Wright Mills (1916-1962), que escribió sobre la “élite del poder”, es la persona adecuada a la que acudir si se desea entender todo lo que hay que saber sobre la élite. Al tratarse de Wikipedia, esa opinión, presentada como una especie de hecho, es errónea.

Mills sostuvo que las “élites del poder” surgen por sí solas. Son una consecuencia inevitable de la sociedad burocrática y tecnológica moderna, que necesariamente coloca la autoridad en manos de quienes dirigen sus instituciones. Si la élite, con su control de los recursos, no dirigiera esas instituciones, Mills afirmó que no funcionarían.

Mills rechazó el concepto de “clase política” de Mosca. En cambio, “la élite” difundió, como sugirió Pareto, y surgió de las organizaciones corporativas que dominaban la economía estadounidense para convertirse en los “ricos corporativos”.

Mills propuso un modelo “tripartito” de la sociedad estadounidense, dividido en líneas generales entre la “élite del poder”, los “líderes de opinión” y el público. Esto resultó un tanto chocante para los estadounidenses de la década de 1950, que consideraban a Estados Unidos como una “meritocracia igualitaria”.

Mills afirmó que el gobierno, los líderes locales y los grupos de interés formaban los “líderes de opinión” y que el público estaba formado por proles impotentes e ignorantes que, sin saberlo, dependían por completo de la élite en el poder para su supervivencia económica. El público imaginaba erróneamente que los líderes de opinión tomaban las decisiones, mientras que, como demostró Mills, la “élite del poder” dominaba las instituciones de la economía (corporaciones), el ejército y el gobierno. La clase parasitaria compartía una perspectiva común y eran los verdaderos tomadores de decisiones.

Pero, en opinión de Mills, no había ninguna “conspiración” que descubrir. La élite del poder controlaba los recursos, la economía y las vidas de la gente común. Al igual que Pareto, reconoció que podían tomar decisiones tanto beneficiosas como desastrosas, pero que ésta era simplemente una función necesaria e inevitable de una sociedad jerárquica, según dijo.

En resumen, la postura de Mills sobre la “teoría de la élite” estaba en consonancia con su trayectoria general. Siempre es favorable a quienes les gusta que se los considere “la élite”, incluso cuando los critica. Alguien tiene que estar a cargo y, según casi todos los teóricos de la élite, es “la élite”.

Robert Michels (1876–1936) dijo que las exigencias técnicas de la sociedad hacían que el liderazgo oligarca fuera indispensable para la supervivencia de una organización. Al igual que Mills, Mosca y Pareto, etc., Michels creía que los oligarcas consiguieron su estatus porque poseían conocimientos, habilidades y riqueza superiores. Michels añadió que esto les permitía no sólo controlar sus propias redes de complicidad, sino también a los grupos disidentes.

Mientras que Mosca consideraba que las habilidades organizativas de la élite eran una herramienta que les permitía formar la “clase política”, Michels identificó las mismas habilidades como clave para transformar la estructura política en una oligarquía. En esencia, sostenía, los partidos políticos estaban gobernados por oligarcas que tenían todo el poder y determinaban todas las políticas. Esto dejaba a los miembros y a los activistas de base del partido en una situación desesperada, imaginando erróneamente que tenían algún tipo de influencia sobre la dirección del partido.


Nada nuevo

La ampliamente consistente “teoría de la élite” (que sostiene que una sociedad se gestiona mejor si es gestionada por un pequeño subconjunto de sus miembros constituyentes y que de alguna manera esta supuesta inevitabilidad es evidencia de meritocracia) se remonta a los “Guardianes” de la “República” de Platón.

Platón creía que había tres aspectos en la naturaleza del hombre: apetito, espíritu y razón.

Estos elementos del “alma” o “psique” están en constante cambio dentro de todos nosotros y son dominantes o subordinados. Por lo tanto, pensaba Platón, la sociedad humana estaba dividida en una estructura “tripartita”: los artesanos (productores), los auxiliares (militares) y los guardianes (gobernantes).

Así ordenados, todos podemos callarnos, trabajar hasta caer rendidos, morir en guerras o, en el caso de los gobernantes (Guardianes), ordenar a la gente que trabaje hasta caer rendidos y muera en guerras. Miles de años después de la muerte de Platón, el principal teórico de la élite, C. Wright Mills, propondría más o menos la misma teoría.

Platón, que era un aristócrata de una familia de gobernantes (guardianes) extremadamente rica y poderosa, pensaba que los guardianes (gobernantes) eran tan especiales (dotados de sabiduría, intelecto y virtud moral) que necesitaban recibir la mejor educación, inmensas ventajas y mucho tiempo para convertirse en gobernantes filósofos, tal como Platón y sus compañeros.

Si bien los teóricos de las élites del siglo XIX y principios del XX se centraban predominantemente en oligarquías gobernantes confinadas en estados nacionales, hoy vivimos en un mundo globalizado (al parecer) y la gobernanza global está muy presente. La oligarquía se ha internacionalizado. En verdad, siempre lo fue.

David Rothkopf, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores (por lo que no hay ningún conflicto de intereses), escribió un libro entero sobre la clase parasitaria global (los oligarcas), pero los llamó, como era de esperar, “la superclase”. Su opinión estaba muy en consonancia con la “teoría de la élite”.

La “superclase” puede mover miles de millones y dar forma a los mercados globales, es dueña de la industria del lobby y la patrona de carreras políticas en todo el mundo, con facilidad para “influir” y controlar las políticas gubernamentales e intergubernamentales. Pero, una vez más, la llamada “superclase” es el producto ineludible de la meritocracia, afirmó Rothkopf.

Según Rothkopf, estas personas sumamente motivadas y con conocimientos, cuyo número no supera los 6.000 o 7.000, poseen un poder global real. Aunque a menudo actúan en conjunto, son “líderes globales” porque resulta que lo son. No hay necesidad de pensar conspirativamente, dijo. Parece que nunca la hay.

Si la teoría de Platón tuviera algún mérito, se podría esperar que aproximadamente un tercio de la población estuviera formada por gobernantes. Sin embargo, a pesar de que la teoría de las élites no ha añadido nada a las ideas de Platón, según David Rothkopf, solo alrededor del 0,000000875% de nosotros terminamos siendo “guardianes” filósofos.

Se nos dice que esto es simplemente la consecuencia inevitable de la meritocracia. No existe tal cosa como la conspiración.

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Entendiendo a la clase parasitaria

Si realmente queremos entender a la clase parasitaria, podemos empezar retrocediendo unos dos mil quinientos años, hasta el filósofo y erudito griego Aristóteles (c. 384-322 a. C.).

Aristóteles, discípulo de Platón, describió las formas “verdaderas” de gobierno como la “monarquía” (el gobierno de uno solo), la “aristocracia” (el gobierno de unos pocos) y la “política” (el gobierno de muchos). Cada una de ellas podía gobernar eficazmente en pos del “interés común”, afirmó, pero también afirmó que cada una podía ser “pervertida” por el “interés privado”.

Una monarquía podía pervertirse y convertirse en una “tiranía” (que Aristóteles consideraba la peor forma posible de gobierno), una aristocracia podía degenerar en una “oligarquía” (oligarchia) y el sistema político podía corromperse lo suficiente como para degenerar en una “democracia”.

Aristóteles sugirió que el gobierno solía estar pervertido por el “interés privado”, por lo que lo más probable era que fuera una oligarquía o una democracia.

La distribución de la riqueza, y más importante aún, el poder político que ésta podía comprar, era clave para el concepto de Aristóteles de oligarquías y democracias:

La verdadera diferencia entre democracia y oligarquía es la pobreza y la riqueza. Allí donde los hombres gobiernan en virtud de su riqueza, sean pocos o muchos, hay una oligarquía, y allí donde gobiernan los pobres, hay una democracia.

Añadió: La oligarquía es cuando los hombres propietarios tienen el gobierno en sus manos; la democracia es lo opuesto, cuando los indigentes, y no los hombres propietarios, son los gobernantes.

La aparente noción de “democracia” de Aristóteles (recopilada, por cierto, a partir de los restos de su trabajo sobre la Constitución ateniense) no era democracia en absoluto. Era algo más cercano a la “democracia representativa”, que se parece más al gobierno de la turba.

Incluso sin la influencia de los “oligarcas”, el gobierno de las turbas es precisamente lo que obtenemos de nuestros delirios modernos sobre la “democracia”. Cuando un grupo suficientemente grande de nosotros “elige” a nuestra pandilla favorita, ellos hacen la ley. Supuestamente lo hacen en nombre de la multitud gobernante. Luego imponen “la voluntad del pueblo” con amenazas de violencia contra cualquiera que no la cumpla.


Gobierno de las turbas

Para comprender qué es la verdadera “democracia”, a diferencia de la interpretación errónea aristotélica, que es lo que imaginamos que es, debemos remontarnos más de 150 años antes de Aristóteles, al reformista político griego Clístenes (c. 570–508 a. C.), quien estableció una genuina “demokratia”.

La democracia (demokratia), a diferencia de la “democracia representativa”, significa un gobierno con juicio con jurado, en el que jurados elegidos al azar entre el pueblo son a la vez la legislatura suprema y el árbitro final de la justicia, al aplicar la ley natural. La demokratia es genuinamente el gobierno del “pueblo”, no de políticos, jueces u “oligarcas”.

Me estoy desviando del tema, pero el punto es que, si bien Aristóteles hizo muchas observaciones reveladoras sobre los sistemas políticos, estaba criticando un tipo de “democracia” similar a la que tenemos que soportar hoy, no la “verdadera” demokratia.


Si avanzamos un siglo más o menos desde Aristóteles hasta el historiador griego Polibio (c. 200-118 a. C.), que luchó con las contradicciones que se encuentran en la “Política” de Aristóteles, obtenemos una visión muy sombría del ejercicio del poder. Polibio afirmó que el poder otorgado por la riqueza corrompe todos los sistemas políticos. De manera similar a la teoría de la circulación de las élite de Vilfredo Pareto, esto conduce a la revolución de las estructuras políticas.

Las monarquías se convierten en tiranías que gobiernan por la fuerza y ​​no por la razón. Esto lleva a las aristocracias a tomar el poder, que luego se corrompen y se vuelven injustas. Así surgen las democracias, pero también ellas son pervertidas por la riqueza y se convierten en “democracias extremas” dirigidas por demagogos. En última instancia se crea un nuevo tipo de monarquía: el Tercer Reich, por ejemplo.

La historia política, la teoría de las élites y la ciencia política revelan que los oligarcas nos gobiernan. No “elegimos” a ninguno de ellos, nunca lo hemos hecho y la idea de que alguno de nosotros haya vivido alguna vez en una democracia real es una ficción.

Hace más de 2.500 años se planteó la pregunta: ¿debería el poder de un grupo privilegiado de personas superar con creces su tamaño como porcentaje de la población? La respuesta más o menos inmediata, de Platón y otros, fue un rotundo “sí”. Desde entonces, según la academia “convencional” y un grupo de comentaristas especialmente seleccionados, con excepción de los marxistas y los anarquistas, la pregunta nunca ha vuelto a plantearse.

El marxismo y, en particular, el anarquismo son tabú y eso tiene su razón de ser. Lo que nos queda ha dejado de ser una simple afirmación normativa para pasar a ser argumentos empíricos. Todas esas reflexiones teóricas se basan en la presunción fundamental de que las estructuras jerárquicas son una necesidad ineludible de la sociedad humana y que éstas deben conducir “inevitablemente” a oligarquías.

Nada de esto es un hecho irrebatible. Todo es simplemente una opinión que, casualmente, sirve a los intereses de los oligarcas que han financiado el mundo académico durante milenios.

Etienne de La Boétie (1530–1563) señaló que el poder político no es producto de la meritocracia, sino que suele ser el resultado de algún tipo de conquista, ya sea a manos de una potencia extranjera, un golpe interno o mediante el uso de “medidas políticas de emergencia” en respuesta a alguna crisis percibida. Se recurre constantemente a la fuerza, que invariablemente da como resultado la centralización del poder en un grupo selecto o un “líder”.

Aceptamos este despotismo, no porque no nos guste la idea de la libertad, sino porque nos hemos acostumbrado a ser gobernados y esperamos serlo.

En la vida solo hay dos certezas, ¿no? ¡La muerte y los impuestos!

Pero una de ellas no es en absoluto cierta. Simplemente creemos que es así porque quienes siempre nos han cobrado impuestos nos han enseñado a creerlo. La Boétie señaló que ellos han manipulado nuestro consentimiento.

Esta obediencia permite a nuestros gobernantes utilizar con mayor facilidad la retórica para convencernos de que aceptemos todo tipo de parodias. Etienne de La Boétie observó: Los gobernantes [...] nunca emprenden una política injusta, incluso una de cierta importancia, sin precederla de algún bonito discurso sobre el bienestar público y el bien común.

El economista francés Claude-Frédéric Bastiat (1801-1850) se preguntó si el orden social sugerido era en realidad algún tipo de orden, preguntando: “¿No es cierto que lo más notable en la sociedad es la ausencia de todo orden?”.

Antes de la pseudopandemia, las corporaciones farmacéuticas de los oligarcas, promovidas por los gobiernos como nuestras salvadoras en la llamada crisis que las organizaciones de los oligarcas y las instituciones académicas declararon, fueron todas declaradas culpables de fraude médico, científico y financiero. Esas sentencias no tuvieron ningún impacto sobre ellas. Cuando recibieron instrucciones del gobierno y de los medios de comunicación propiedad de los oligarcas, la gente hizo cola para que les inyectaran las pociones experimentales de los oligarcas, elaboradas por algunas de las organizaciones más poco fiables del planeta.

El sistema monetario y financiero internacional está supervisado por un banco (Banco de Pagos Internacionales, Bank for International Settlements, BIS) que, según se sabe, blanqueó el oro nazi robado a los judíos durante el Holocausto. Los criminales de guerra, que mintieron para engañar tanto al público como a las legislaturas, con el fin de apoyar guerras ilegales ,que mataron a millones de personas, suelen pronunciar discursos bien recibidos en eventos de gala y son a menudo agasajados por los medios de comunicación de los oligarcas mientras continúan brindándonos sus “consejos”.

Los oligarcas, que dirigen este sistema global, inician guerras, prestan el dinero (que han conseguido de la nada) a las naciones combatientes y luego se lanzan sobre las consecuencias (con sus corporaciones bancarias y sus “planes de reestructuración de la deuda”) para acaparar todos los activos restantes por unos céntimos. Después obligan a los mismos países a gastar el dinero que les prestaron en contratos de reconstrucción ridículamente caros, permitiendo así que sus corporaciones de ingeniería se beneficien de la reconstrucción de la nación que destruyeron con sus corporaciones armamentísticas.

¿Qué clase de orden es ése? ¿Dónde está el supuesto imperio de la ley?


¿Oligarquía inevitable?

Aristóteles consideraba que una norma jurídica era una “virtud”. Para que tuviera valor, pensaba que debía ser moral, capaz de administrar justicia equitativa a todos. También debía ser flexible y capaz de adaptarse a circunstancias cambiantes: Hay dos partes del buen gobierno: una es la obediencia real de los ciudadanos a las leyes, la otra parte es la bondad de las leyes que obedecen.

Al igual que Aristóteles, Bastiat reconoció que la ley significa más que palabras escritas en trozos de papel. Sin embargo, cuestionó la suposición de que, sin la ley de gobierno, la humanidad comenzaría a violarse, saquearse y matarse entre sí sin control: La resistencia a tales actos se manifestaría de hecho incluso si faltaran leyes específicas contra ellos [...] esta resistencia es una ley general de la humanidad [...] Hay una gran distancia entre un orden social fundado en las leyes generales de la humanidad y un orden artificial, inventado, que no tenga en cuenta esas leyes o las niegue o las desprecie; un orden, en una palabra, como el que algunas de nuestras escuelas de pensamiento modernas pretenden imponernos.

Estas “leyes generales de la humanidad” forman la base de nuestras interacciones sociales. Se trata de la Ley Natural que todos obedecemos de manera innata, independientemente de las leyes adicionales “inventadas”, escritas por los gobiernos en nombre de los oligarcas.

Lysander Spooner (1808 – 1887) explicó por qué la Ley Natural es todo lo que necesitamos para vivir en paz: A lo largo de todos los tiempos, hasta donde nos informa la historia, dondequiera que la humanidad ha intentado vivir en paz con los demás, tanto los instintos naturales como la sabiduría colectiva de la raza humana han reconocido y prescrito, como condición indispensable, la obediencia a esta única obligación universal: a saber, que cada uno debe vivir siendo honesto con los demás. La antigua máxima resume el deber legal de un hombre hacia sus semejantes en esto simplemente: “Ser honesto, no dañar a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde”. Toda esta máxima se expresa realmente en una sola palabra: vivir honestamente, ya que vivir honestamente es no dañar a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde.

Basta con observar los acontecimientos mundiales para comprender que el gobierno de los oligarcas no genera ni paz ni justicia. Es un “orden social” inútil que, si es que existe, nadie necesita. Es un supuesto “orden” del que sólo se benefician los oligarcas.

También podemos estudiar los principios de la Ley Natural para darnos cuenta de que las leyes escritas del gobierno, que forman el llamado “sistema legal”, no se ocupan de la justicia moral. Simplemente protegen los intereses de los oligarcas y se utilizan para subyugarnos (guerra legal). Pero ya tenemos la Ley Natural y no necesitamos esas “reglas”.

Sabemos también que lo que llamamos “democracia” no es demokratia. Es perfectamente posible que creemos un “orden social” en el que impere la ley natural, administrada por nosotros, recurriendo al juicio por jurado cuando sea necesario.

¿Dónde está entonces la supuesta necesidad de que gobiernen los oligarcas? Los teóricos de la élite sostienen que las organizaciones a gran escala no funcionarán a menos que los oligarcas no les proporcionen los recursos que necesitan. Esto es un completo disparate.

El filósofo escocés de la ley natural Adam Smith (1723-1790) explicó en “ La riqueza de las naciones” cómo el deseo humano de servir a su propio interés, frente a la competencia de los demás, condujo a una estructura económica que no necesitaba que se le impusiera ningún orden. La naturaleza humana era la “mano invisible” que creaba el orden espontáneo en los mercados libres.

Adam Ferguson (1723-1816), filósofo de la Ilustración escocesa y compañero de Smith, señaló que el orden espontáneo era “el resultado de la acción humana, pero no del diseño humano”. Más tarde, el economista Friedrich Hayek (F. A. Hayak, 1899-1992), basándose en la idea del orden espontáneo, exploró la posibilidad de que la fijación de precios en un mercado libre competitivo sea un medio de comunicación.

El precio “señalaba” tanto al productor como al consumidor los cambios en los costos subyacentes de los materiales y la producción. Sin que los oligarcas interfirieran en el proceso, esto permitió que los seres humanos cooperaran y produjeran los sistemas altamente complejos que conocemos hoy, sin ningún control por parte de una oligarquía superflua.

El orden espontáneo es una realidad, como lo ejemplifica el maravilloso ensayo de 1958 “I Pencil” de Leonard E. Read (1898–1983), que más tarde elogió el economista Milton Friedman (1912–2006).

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En “I Pencil”, Read analizó cómo se fabrica el humilde lápiz. El proceso de fabricación requiere una vasta red global. Sin embargo, en ninguna parte de esta extensa cadena de suministro internacional se obliga a nadie a hacer nada.

Desde la perspectiva en primera persona del lápiz, Read escribió: Ni el trabajador del yacimiento petrolífero, ni el químico, ni el que extrae grafito o arcilla, ni el que maneja o fabrica los barcos, trenes o camiones, ni el que maneja la máquina que hace el moleteado de mi trozo de metal, ni el presidente de la compañía realizan su singular tarea porque me quieren [...] Su motivación es otra… no soy yo. Tal vez sea algo así: cada uno de esos millones de personas ve que puede así intercambiar su minúsculo conocimiento por los bienes y servicios que necesita o quiere. [...] Hay un hecho aún más asombroso: la ausencia de una mente maestra, de alguien que dicte o dirija por la fuerza estas innumerables acciones que me traen al ser. No se puede encontrar ni rastro de una persona así. En cambio, encontramos a la Mano Invisible en acción.

Así es como funciona la mayor parte de nuestra “economía global”. A quienes, como los teóricos de la élite y los oligarcas, dicen que el orden espontáneo es imposible, les podemos decir con seguridad: sabemos que funciona porque lo utilizamos todos los días. Así es como funcionan ya la mayoría de las interacciones humanas.

¿Qué es, entonces, esa ridícula idea de que necesitamos un grupo de barones ladrones violentos que acaparen todos los recursos para poder controlar cuándo y dónde se nos permite usarlos? ¿En qué planeta es “inevitable” que una pequeña camarilla de gobernantes totalmente autoproclamados tenga que comandar no sólo la economía del planeta y su sistema monetario, sino también sus redes de distribución y procesos políticos?

Imaginemos la explosión de la innovación tecnológica si la investigación y el desarrollo no estuvieran controlados por los oligarcas. Pensemos en los avances genuinos en medicina y atención sanitaria si los oligarcas no fueran dueños de todo el sector y no lo manejaran para sus propios fines. Pensemos en las soluciones que encontraríamos a los numerosos problemas que enfrentamos si los académicos, científicos, ingenieros, filósofos, arquitectos, profesores, constructores, periodistas y todos los demás en la sociedad tuvieran libertad para explorar sus intereses, sus pasiones y sus talentos sin tener que trabajar en pos de una agenda artificial creada para servir a las ambiciones de la clase parasitaria.

A pesar de todo lo que nos han hecho y siguen haciéndonos, no tenemos derecho a dañar a los oligarcas. Allí donde se han cometido delitos, ellos deben enfrentarse a la justicia, igual que el resto de nosotros. Pero esa justicia debe ser mejor que cualquier justicia que pudiéramos esperar de ellos. De lo contrario, ¿qué hemos logrado?

La mayor mentira que hemos aceptado es que los oligarcas son especiales, que pertenecen a la “élite”. No lo son, son simplemente seres humanos exactamente iguales al resto de nosotros, con las mismas cualidades y defectos.

Aristóteles y Polibio comprendieron que el problema es, y siempre ha sido, que la gran riqueza empodera políticamente a las personas. Cuando las personas inmensamente ricas actúan en su propio interés, ¿cuál es su propósito? No puede ser simplemente acumular más riqueza. ¿Por qué quieres más de algo que ya tienes en excesiva abundancia?

Los intereses personales de los oligarcas se benefician al ampliar su poder. Esto no es un argumento contra la riqueza, sino contra un sistema político dirigido por aquellos cuyo objetivo principal es controlar y explotar a todos los demás.

Colectivamente, somos igualmente responsables de la opresión que sufrimos a manos de los oligarcas. Les hemos permitido pasivamente gobernar tras bambalinas sabiendo perfectamente que estaban allí.

No podemos eximirnos de nuestra responsabilidad por lo que han hecho. Tampoco podemos eludir la responsabilidad de poner fin al sistema pernicioso de la clase parasitaria, como tampoco podemos exculparnos de nuestro deber de construir algo mejor.

Estructura social global

 


(Cf.C. Wright Mills, Iain Davis…)

Élite del poder (± uno por mil del uno por mil, Wall Street, City of London…)

Líderes de opinión (manufacturan el consentimiento)

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Líderes de opinión [generan narrativas y sentimientos/emociones]

  • Industria de la “Educación”

  • Industria de la “Información”

  • Industria del Entretenimiento

  • Política como espectáculo

  • Religión como espectáculo

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Ultima Ratio

  • Política como ejercicio del poder

  • Judicatura

  • Encargados de hacer efectivos los impuestos y confiscaciones

  • Instituciones armadas

  • Cárceles

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Los líderes de opinión generan y difunden narrativas

  • guerra psicológica

  • guerra cognitiva

  • disinformation

  • misinformation

  • propaganda

  • mentiras

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Los líderes de opinión generan y promueve sentimientos/emociones

  • odio

  • miedo

  • confusión

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Industria de la educación

  • infantil

  • primaria

  • secundaria

  • universitaria (grados, posgrados, doctorados, másteres)

  • enseñanzas de régimen especial

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Industria de la información

  • Prensa escrita

  • Radio

  • Televisión

  • Internet

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Industria del entretenimiento

  • Cine

  • Series

  • Espectáculos en general

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Política como espectáculo

  • Partidos políticos

  • Sindicatos

  • Mítines

  • Mensajes emitidos en cualquier soporte

  • Procesos electorales

  • Manifestaciones

  • Huelgas

…

Religión como espectáculo

  • Ceremonias

  • Procesiones

  • Desfiles

  • Festividades

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martes, 10 de diciembre de 2024

Whitney Webb El ARN de la vacuna Omicron de Moderna es fabricado por una empresa vinculada a la CIA 19 de agosto de 2022

 

 https://en.reseauinternational.net/larn-du-booster-omicron-de-moderna-est-fabrique-par-une-societe-liee-a-la-cia/ 

Desde finales del año pasado, el ARN mensajero de las vacunas COVID-19 de Moderna, incluido su refuerzo para Omicron recientemente reformulado, ha sido fabricado exclusivamente por una empresa poco conocida con importantes vínculos con la inteligencia estadounidense. El Reino Unido es el primer país en aprobar la versión reformulada de Moderna de la vacuna.

A principios de esta semana, el Reino Unido se convirtió en el primer país en aprobar la versión reformulada de Moderna de su vacuna COVID-19, que afirma proporcionar protección tanto contra la forma original del virus como contra la variante Omicron, mucho menos letal pero más transmisible. El producto ha sido aprobado por la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido (MHRA) con el apoyo de la Comisión de Medicamentos Humanos del gobierno británico.

Descrita por las autoridades británicas como una “herramienta afinada” en la campaña de vacunación continua del país, la vacuna reformulada combina la vacuna COVID-19 previamente aprobada con una “vacuna candidata” dirigida a la variante Omicron BA.1. Esa vacuna candidata nunca se aprobó antes y no ha sido objeto de un estudio independiente. La MHRA aprobó la vacuna basándose en un único e incompleto ensayo en humanos realizado por Moderna. La empresa promocionó los datos incompletos de ese ensayo en comunicados de prensa de la empresa en junio y julio. El estudio aún no se ha publicado en una revista médica ni se ha sometido a una revisión por pares. Ninguna agencia reguladora, incluida la MHRA, ha expresado su preocupación por el historial de Moderna de participar en actividades sospechosas y probablemente ilegales en anteriores ensayos de productos, incluidos los de su vacuna original COVID-19.

La aprobación se produce poco antes de que varios países occidentales, entre ellos el Reino Unido, planeen llevar a cabo una campaña masiva de refuerzo de la vacuna COVID-19 este otoño. Moderna también ha señalado que la aprobación de su vacuna de refuerzo Omicron está pendiente en los EEUU, la UE, Australia y Canadá, países que también tienen previstas campañas de vacunación de otoño centradas en la COVID-19. El director general de la empresa, Stéphane Bancel, ha calificado la vacuna reformulada como “nuestro principal candidato para un refuerzo en otoño de 2022”.

Sin embargo, a diferencia de la vacuna COVID-19 original de la empresa, el material genético o ARN mensajero (ARNm) para esta nueva vacuna, incluido el material genético recién formulado destinado a proporcionar protección contra la variante Omicron, no está siendo fabricado por Moderna, sino por una empresa relativamente nueva que apenas ha recibido atención de los medios de comunicación, a pesar de sus vínculos manifiestos con la inteligencia estadounidense. El pasado mes de septiembre se anunció discretamente que una empresa llamada National Resilience (a menudo denominada simplemente Resilience) comenzaría a fabricar el ARNm de los productos de la vacuna COVID-19 de Moderna. Según los términos del acuerdo plurianual, “Resilience producirá ARNm para la vacuna Moderna COVID-19 en sus instalaciones de Mississauga, Ontario, para su distribución en todo el mundo”.

‘Reinventando la biofabricación’

National Resilience se fundó hace relativamente poco, en noviembre de 2020, y se describe a sí misma como “una empresa de fabricación y tecnología dedicada a ampliar el acceso a medicamentos complejos y a proteger las cadenas de suministro biofarmacéuticas contra las interrupciones.” Desde entonces ha estado construyendo “una red sostenible de soluciones de fabricación de alta tecnología, de extremo a extremo, con el objetivo de garantizar que los medicamentos de hoy y de mañana puedan fabricarse de forma rápida, segura y a escala.” Además, planea “reinventar la biofabricación” y “democratizar el acceso a los medicamentos”, en concreto a las terapias génicas, las vacunas experimentales y otros “medicamentos del mañana”.

Para lograr estos objetivos, la empresa anunció que “invertirá activamente en el desarrollo de nuevas y potentes tecnologías para fabricar medicamentos complejos que están definiendo el futuro de la terapéutica, incluidas las terapias celulares y genéticas, los vectores virales, las vacunas y las proteínas”. Se fundó con la intención, según se informa, de “construir un mejor sistema de fabricación de medicamentos complejos para luchar contra enfermedades mortales”, como forma de mejorar la “preparación para la pandemia” después de la crisis.

La empresa comercializó inicialmente sus capacidades de fabricación como “la plataforma Resilience”, y ofrece principalmente “Modalidades de ARN”, incluyendo el desarrollo de ARN para vacunas, edición de genes y terapéutica… y “Producción de virus”, incluyendo vectores virales, virus oncolíticos (es decir, un virus diseñado para atacar preferentemente a las células cancerosas), virus para su uso en el desarrollo de vacunas y virus editados genéticamente para fines no especificados. Cabe señalar que, hasta la fecha, muchos experimentos controvertidos de “ganancia de función” han justificado la modificación de los virus para los mismos fines descritos por las capacidades de producción de virus de National Resilience. Además, National Resilience ofrece a su clientela formulaciones de productos y otras modalidades, como biológicos y terapias celulares, y el apartado “Virus Production” de su sitio web ha sido eliminado desde entonces.

National Resilience, al ser una empresa tan joven, tiene muy pocos clientes y hay poca información disponible públicamente sobre sus capacidades de fabricación, aparte del sitio web de la empresa. La empresa no adquirió su primera planta de fabricación comercial hasta marzo de 2021, situada en Boston, MA, y comprada a Sanofi, seguida poco después por la adquisición de otra planta independiente situada en Mississauga, Ontario, Canadá. Se anunciaron renovaciones para las plantas, pero se sabe poco de su progreso. Antes de las adquisiciones, la empresa había subarrendado una planta de la zona de la bahía en Fremont, California. Los periodistas se preguntaron entonces por qué una empresa con unos 700 empleados en ese momento había adquirido un total de 599.000 pies cuadrados de espacio de fabricación, después de haber salido a la luz menos de 6 meses antes.

En abril de 2021 National Resilience adquirió Ology Bioservices Inc., que había recibido un contrato de 37 millones de dólares del ejército estadounidense en noviembre anterior para desarrollar un tratamiento avanzado de anticuerpos monoclonales contra el COVID-19. Esta adquisición también proporcionó a National Resilience su primer laboratorio de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3) y la capacidad de fabricar terapias celulares y génicas, vacunas y vectores virales vivos y virus oncolíticos.

A pesar de estar en las primeras fases de desarrollo de sus “revolucionarias” capacidades de fabricación, National Resilience se asoció con el Gobierno de Canadá en julio del año pasado. En virtud de ese acuerdo, el gobierno canadiense tiene previsto invertir 199,2 millones de dólares canadienses (unos 154,9 millones de dólares USA) en la filial de National Resilience con sede en Ontario, Resilience Biotechnologies Inc. La mayor parte de esos fondos se destinará a la ampliación de las instalaciones de Ontario que Resilience adquirió el pasado mes de marzo y que ahora fabrica el ARNm de los productos COVID-19 de Moderna. El Ministro de Innovación, Ciencia e Industria de Canadá, François-Philippe Champagne, afirmó en su momento que la inversión “crearía una futura preparación para pandemias” y ayudaría a “hacer crecer el ecosistema de ciencias de la vida de Canadá como motor de nuestra recuperación económica”. Más recientemente, en 2022, la empresa ha anunciado algunos nuevos clientes: Takeda, Opus Genetics y el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Según los directivos de National Resilience, las ambiciones de la empresa parecen ir mucho más allá de la fabricación de ARN y virus. Por ejemplo, el director general de Resilience, Rahul Singhvi, ha afirmado que la empresa pretende construir “el ecosistema de fabricación biofarmacéutica más avanzado del mundo”. Sin embargo Singhvi se ha negado a ofrecer muchos detalles en lo que respecta a la forma exacta en que la empresa planea convertirse en la compañía de biomanufactura más selecta del planeta.

En una entrevista concedida a The San Francisco Business Times, Singhvi afirma que Resilience pretende llenar sus enormes plantas de fabricación con “tecnologías y personas que puedan establecer y aplicar nuevos estándares de fabricación de terapias celulares y genéticas, así como de tratamientos basados en el ARN”. Antes de Resilience, Singhvi fue director general de NovaVax y socio operativo de Flagship Pioneering, que desempeñó un papel importante en la creación y el auge de Moderna.

Singhvi ha insistido además en que National Resilience “no es una empresa terapéutica, no es una empresa contratista y no es una empresa de herramientas” y que, en cambio, tiene como objetivo “impulsar la producción utilizando las nuevas modalidades terapéuticas”, como los tratamientos basados en el ARN, que se han normalizado en la era de la COVID-19. Mientras que los fabricantes por contrato “son como las cocinas, con ollas y sartenes listas para cualquier receta”, “lo que nosotros intentamos es arreglar las recetas”, ha explicado Singhvi. Uno de los miembros del consejo de administración de Resilience, el antiguo comisario de la FDA y miembro del consejo de Pfizer, Scott Gottlieb, ha descrito la empresa como el equivalente a Amazon Web Services para la industria biotecnológica.

Esencialmente Resilience se presenta como una empresa que ofrece soluciones que permitirán producir medicamentos “futuristas”, incluidas las vacunas de ARNm, de forma más rápida y eficiente, con el objetivo aparente de monopolizar ciertas partes del proceso de biomanufactura. También parece estar preparada para convertirse en el fabricante preferido de vacunas de ARNm y terapias experimentales en caso de una futura pandemia, que algunos “filántropos” de la salud pública como Bill Gates han dicho que es inminente.

Tal vez la ambición más notable de la empresa esté relacionada con sus afirmaciones de que apoyan a los clientes a través del proceso de regulación gubernamental. Dado el énfasis de la empresa en la rápida producción en masa de terapias genéticas experimentales, su intención declarada de conseguir que los productos médicos “futuristas” que fabrica lleguen al mercado lo más rápidamente posible, parece estar en desacuerdo con los procesos regulatorios más lentos y tradicionales. De hecho, se podría argumentar fácilmente que las aprobaciones de vacunas de ARNm por primera vez en la historia de la humanidad, durante la crisis del COVID-19, sólo fueron posibles gracias a la gran relajación de los procedimientos reglamentarios y las pruebas de seguridad debido a la percepción de la urgencia de la situación.

Resilience parece querer que ese fenómeno se repita. Como ya se ha mencionado, la empresa afirma que permite establecer y aplicar “nuevos estándares para la fabricación de terapias celulares y genéticas” y también dice que planea convertirse en un “portador de estándares tecnológicos que ayude a que las terapias lleguen al mercado de forma más eficiente.” Anteriormente ofrecía en su página web “apoyo regulatorio” y “consultoría de estrategia” a los clientes, lo que sugiere que trataría de mediar entre los clientes y los reguladores gubernamentales para cumplir su objetivo de que los productos que fabrica lleguen al mercado más rápidamente. Además, tras su lanzamiento, la empresa afirmó que planeaba obtener “capacidades reguladoras” no especificadas. De ser así, es ciertamente notable que antiguos altos funcionarios de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) formen parte del consejo de administración de la empresa o, como se señalará en breve, hayan desempeñado un papel importante en su creación.

Las personas que están detrás de Resilience

Resilience fue cofundada por el inversor de capital riesgo en biotecnología Robert Nelsen, conocido por escuchar “los primeros susurros de la ciencia, incluso cuando los datos son demasiado tempranos para casi todo el mundo”. Robert Nelsen fue uno de los primeros inversores en Illumina, un gigante del hardware y el software de secuenciación genética con sede en California, que se cree que domina actualmente el campo de la genómica. Como se mencionó en una investigación anterior de Unlimited Hangout, Illumina está estrechamente vinculada al equivalente del DARPA del Wellcome Trust, conocido como Wellcome Leap, que también se centra en “medicamentos” futuristas y transhumanistas. Robert Nelsen es ahora presidente de la junta directiva de National Resilience, que es un “quién es quién” de grandes actores del Estado de Seguridad Nacional de Estados Unidos, de la Gran Farmacia y de la “filantropía” relacionada con la farmacia.

Sin embargo, aunque a Robert Nelsen se le ha atribuido gran parte del mérito de la creación de Resilience, en una entrevista reveló que la idea de la empresa había surgido en realidad de otra persona: Luciana Borio. En julio del año pasado Robert Nelsen reveló que fue mientras hablaba con Borio sobre “su trabajo dirigiendo la preparación para la pandemia en el NSC [Consejo de Seguridad Nacional]” lo que lo había “ayudado a lanzar la empresa de fabricación de productos biológicos de Robert Nelsen, Resilience, de 800 millones de dólares”.

En el momento de su conversación, Borio era el vicepresidenta de In-Q-tel, el brazo de capital riesgo de la CIA que se ha utilizado desde su creación, a principios de la década del 2000, para fundar una serie de empresas, muchas de las cuales actúan como fachadas de la Agencia. Antes de In-Q-Tel se desempeñó como directora de preparación médica y de biodefensa en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración de Trump y anteriormente había sido la jefa científica interina de la FDA de 2015 a 2017.

En la actualidad, Borio es investigadora principal de salud global en el Consejo de Relaciones Exteriores, consultora de Goldman Sachs, miembro de la alianza de vacunas CEPI, financiada por Bill Gates, y socia de la empresa de capital riesgo de Robert Nelsen, ARCH Venture Partners, que financia Resilience. ARCH, de Robert Nelsen, financió anteriormente a Nanosys, la empresa del controvertido científico Charles Lieber. En la época en que mantuvo la conversación con Robert Nelsen, que condujo a la creación de Resilience, Borio estaba coescribiendo un documento político para el Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins que recomendaba vincular el estado de vacunación contra la COVID-19 con los programas de cupones de alimentos y las ayudas al alquiler como posible medio para coaccionar a determinadas poblaciones a tomar la vacuna experimental.

Borio no es la única conexión de Resilience con In-Q-Tel, ya que el director general de In-Q-Tel, Chris Darby, forma parte del consejo de administración de la empresa. Darby también forma parte del consejo de administración de la CIA Officers Memorial Foundation. Darby también fue recientemente miembro de la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial (NSCAI), en la que miembros del ejército, la comunidad de inteligencia y las principales empresas de Silicon Valley defendieron la necesidad de reducir el uso de “sistemas heredados” en favor de alternativas centradas en la IA, como un imperativo de seguridad nacional. Entre esos “sistemas heredados” identificados por el NSCAI se encontraban las visitas al médico en persona e incluso recibir atención médica de un médico humano, en contraposición a un “médico” de IA. El NSCAI también abogó por la eliminación de las “barreras normativas” que impiden que estas nuevas tecnologías sustituyan a los “sistemas heredados.”

Otro miembro notable de la junta, al hablar de los vínculos de inteligencia de Resilience, es Drew Oetting. Oetting trabaja para Cerberus Capital Management, la empresa dirigida por Steve Feinberg, que anteriormente dirigió la Junta Asesora de Inteligencia del Presidente bajo la administración Trump. Cerberus es, en particular, la empresa matriz de DynCorp, un controvertido contratista de seguridad nacional estadounidense vinculado a numerosos escándalos, incluidos los relacionados con el tráfico sexual en zonas de conflicto. Oetting también forma parte de la ONG Thorn, vinculada a la CIA y aparentemente centrada en la lucha contra el tráfico de niños, que fue objeto de una investigación anterior de Unlimited Hangout.

Oetting es también cofundador de 8VC, una empresa de capital riesgo que es uno de los principales inversores en Resilience. El otro cofundador de 8VC es Joe Lonsdale y Oetting “comenzó su carrera” como jefe de personal de Lonsdale. Lonsdale es el cofundador, junto con Peter Thiel y Alex Karp, de Palantir, una empresa de fachada de la CIA y contratista de inteligencia que es el sucesor del controvertido programa de vigilancia masiva y minería de datos de DARPA (Total Information Awareness, TIA). Además Oetting trabajó anteriormente para el fondo de inversión de Bill Gates.

También cabe destacar la presencia de Joseph Robert Kerrey, ex senador de EEUU por Nebraska y antiguo miembro de la Comisión del 11-S (que se vio afectada por el conflicto de intereses) en el consejo de administración de Resilience. Kerrey es actualmente director general de Allen & Co., una empresa de banca de inversión de Nueva York, que organiza un “campamento de verano para multimillonarios” anual desde 1983. Allen & Co. ha sido durante mucho tiempo un actor importante en las redes en las que se cruzan el crimen organizado y la inteligencia y se menciona repetidamente a lo largo de mi próximo libro Una nación bajo chantaje. Por ejemplo, Charles y Herbert Allen, que dirigieron la empresa durante décadas, tuvieron considerables relaciones comerciales con capos del crimen organizado y testaferros de notorios gánsteres, como Meyer Lansky, especialmente en las Bahamas. También fueron socios comerciales de los mentores de Leslie Wexner, A. Alfred Taubman y Max Fisher, así como socios de Earl Brian, uno de los arquitectos del escándalo del software PROMIS, en el que el crimen organizado y las redes de inteligencia cooperaron para robar y luego comprometer el software PROMIS con fines de chantaje y recopilación clandestina de información. Allen & Co. fue uno de los principales inversores en los intereses comerciales de Earl Brian en la industria tecnológica, que éste utilizó en sus intentos de llevar a la quiebra a los desarrolladores de PROMIS, Inslaw Inc., y de comercializar versiones de PROMIS que habían sido comprometidas, primero por la inteligencia israelí y, posteriormente, por la CIA.

Además de estas personas vinculadas a los servicios de inteligencia, el resto de la junta directiva de Resilience incluye a la ex directora general de la Fundación Bill y Melinda Gates, Susan Desmond-Hellmann; al ex comisionado de la FDA y miembro de la junta directiva de Pfizer, Scott Gottlieb; a dos ex ejecutivos de Johnson & Johnson; al ex presidente y director general de la filial norteamericana de Teva Pharmaceuticals, George Barrett; al profesor de CalTech y miembro de la junta directiva de Alphabet (es decir, Google) e Illumina, Frances Arnold; el ex ejecutivo de Genentech y Merck, Patrick Yang, y al director general de Resilience, Rahul Singhvi.

Impulsar o no impulsar

Resulta ciertamente revelador que Moderna, normalmente ávida de publicidad, haya hablado tan poco de su asociación con Resilience y que ésta, a pesar de sus ambiciosos planes, también haya evitado la atención de los medios de comunicación. Teniendo en cuenta la historia de Moderna y las conexiones de Resilience, puede haber más en esta asociación de lo que parece y los ciudadanos preocupados harían bien en seguir de cerca a Resilience, sus asociaciones y los productos que fabrica.

Dado que ahora vivimos en un mundo en el que las decisiones reguladoras de los gobiernos sobre la aprobación de medicamentos están cada vez más influenciadas por los comunicados de prensa de las empresas y los procedimientos reguladores normales se han quedado en el camino por ser demasiado “lentos”, es probable que haya poco escrutinio del material genético que Resilience produce para los “medicamentos del mañana”. Esto parece ser ya cierto en el caso de la vacuna COVID-19, recientemente retocada, de Moderna, ya que no se ha realizado ningún examen independiente de la nueva secuencia genética del ARNm utilizado en el candidato a vacuna específica de Omicron ni de sus efectos en el cuerpo humano a corto, medio o largo plazo. Para quienes se muestren escépticos ante el papel desmesurado que están desempeñando las empresas vinculadas a la inteligencia en el intento de “revolución” tecnológica en el ámbito médico, lo mejor es considerar el papel de Resilience en la próxima campaña de vacunación de otoño y en futuros escenarios de pandemia y salud pública antes de probar sus productos “futuristas”.