Volviendo a la literatura te propongo "Thibaud de la Jacquière", de Charles Nodier: —Hermoso caballero, ¿cómo queréis que pasemos nuestra velada? Se me ocurre una idea: ahí hay un gran espejo. Hagamos muecas como solía hacer en el castillo de Sombre. Me divertía mucho viendo que mi aya estaba hecha de forma diferente a mí; ahora quiero saber si estoy hecha de forma diferente a vos.
La elección de Charles Nodier es fascinante. Con este
fragmento de Thibaud de la Jacquière, nos situamos en
la esencia misma del romanticismo francés más oscuro y fantástico,
aquel que, a diferencia del idealismo alemán, se deleita en la
transgresión, el humor negro y la irrupción de lo grotesco en la
cotidianeidad cortesana.
Nodier es, en muchos sentidos, el
puente hacia esa literatura de lo fantástico donde el espejo
—tradicional símbolo de vanidad y búsqueda de identidad— se
convierte aquí en el umbral del horror.
El juego de la
identidad y el engaño
Lo que hace que este pasaje sea
particularmente perturbador no es solo la aparición de Belcebú,
sino la desarticulación de la expectativa erótica.
La mirada
inquisidora: La escena comienza con un aire de juego cortesano, una
especie de curiosidad casi infantil por parte de Ordaline sobre la
anatomía comparada. Esa "curiosidad" es la trampa
perfecta. El espejo funciona como un dispositivo de desnudamiento que
no solo revela el cuerpo, sino que prepara al lector para el cambio
de registro narrativo.
La caída de la máscara: El horror en
Nodier es a menudo una cuestión de forma. Al pasar del "moaré
de Venecia" a la "forma horrorosa y desconocida",
Nodier nos recuerda la fragilidad de la apariencia humana. La belleza
es apenas una capa, una convención que el demonio puede adoptar con
absoluta facilidad.
El giro irónico: La revelación final es
tan abrupta como necesaria. El hecho de que el demonio se identifique
como Belcebú, tras haber participado en un ritual de seducción, le
otorga a la escena un matiz de crueldad satírica. No estamos ante
una posesión solemne, sino ante una burla hacia la vanidad de
Thibaud.
La conexión con tus intereses
Resulta
inevitable trazar un paralelo con esa literatura de horror clásico
que sueles frecuentar. Mientras que en Ambrose Bierce el
horror suele ser un choque con lo absoluto o lo inefable (la muerte,
el vacío), y en Lovecraft es una náusea cósmica ante seres
fuera de nuestra dimensión, en Nodier el horror tiene un
componente profundamente teatral y mundano.
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