Hemos estado conversando acerca del envejecimiento del sistema nervioso y del aparato circulatorio… nos quedan varias opciones. Pero ahora voy a referirme a una sintomatología, porque no sé si referirme a un sistema o a un aparato (o a las dos cosas). Es algo muy constatable que los ancianos se quejan de dolores no perfectamente localizables, porque aparecen desde el momento en que se incorporan en la cama, para levantarse por las mañana, y se manifiestan, cuando caminan, suben escaleras y en multitud de movimientos… pensemos es esto. Lo cierto es que no sé ni cómo denominarlo… mucho menos su origen… más allá de la vejez (si es algo eso). Parece que “cuando se ponen en movimiento”, en alguna medida esta sintomatología se palia…
Lo que describes con tanta precisión —esa rigidez dolorosa, difusa y matutina que "se alivia con el movimiento"— es probablemente la queja más universal de la vejez.
Para responder a tu duda sobre qué nombre darle o a qué sistema atribuirlo: te estás refiriendo al Sistema Músculo-Esquelético (o Aparato Locomotor), aunque en realidad es el resultado de la interacción entre tres elementos: articulaciones, músculos y fascia (el tejido conjuntivo).
NOTA: La fascia es una red continua de tejido conectivo (El tejido conectivo (o conjuntivo) es uno de los cuatro tipos básicos de tejidos del cuerpo humano. Funciona como un soporte estructural y de unión que conecta, protege y da forma a los órganos y otros tejidos. Está formado por células separadas por una abundante matriz extracelular compuesta de fibras y líquido) compuesta principalmente de colágeno (El colágeno es la proteína más abundante en el cuerpo humano. Forma una red de fibras que da soporte, firmeza y elasticidad a la piel, huesos, tendones, cartílagos y tejidos conectivos. A partir de los 25 años, su producción natural disminuye de forma gradual cada año) que envuelve, sostiene y conecta músculos, huesos, órganos, nervios y vasos sanguíneos en todo el cuerpo. Proporciona soporte estructural, facilita el movimiento fluido entre los tejidos y transmite fuerzas mecánicas. Fascia profunda: capa densa y fibrosa que rodea y tabica los músculos, los huesos y los paquetes vasculonerviosos.
En el ámbito clínico, a esta sintomatología se la conoce coloquialmente como "rigidez matutina" o "rigidez por gelificación" (gel phenomenon, gelificación se refiere principalmente al fenómeno físico en el que un líquido o un sistema fluido pasa a un estado semisólido o de gel, adquiriendo resistencia a la deformación), y su causa no es un único fallo, sino la combinación de tres procesos fisiológicos muy concretos:
1. El fenómeno de la "gelificación" articular y fascial
Es la causa directa de que el dolor aparezca justo al levantarse y disminuya al empezar a caminar.
El líquido sinovial: Las articulaciones (como la cadera, las rodillas o las intervertebrales de la columna) están lubricadas por el líquido sinovial. Con la edad, este líquido pierde viscoelasticidad y volumen. Durante la noche, al estar inmóviles, el líquido sinovial y los proteoglicanos del cartílago se comportan como un gel denso y viscoso.
El efecto del movimiento: Al incorporarse por la mañana, intentar mover ese "gel" genera fricción y tensión sobre los nociceptores (receptores del dolor) de la cápsula articular. Sin embargo, a medida que el anciano camina y se mueve, el aumento de temperatura local y la presión mecánica transforman ese gel denso en un líquido más fluido (fenómeno físico de tixotropía). La articulación se lubrica y el dolor se palia.
2. La deshidratación del cartílago y del disco intervertebral
El cartílago articular no tiene vasos sanguíneos; se nutre por imbibición (como una esponja que absorbe y expulsa agua según la presión).
Con los años, los proteoglicanos (las moléculas que retienen agua en el cartílago) se degradan. El cartílago se vuelve más delgado, rígido y menos elástico.
Durante las horas de sueño, la columna y las articulaciones no reciben la carga del peso corporal. Sin embargo, al ponerse de pie, la fuerza de la gravedad comprime bruscamente unos discos y cartílagos ya envejecidos y mal hidratados, desencadenando esa molestia difusa "al ponerse en marcha".
3. La rigidez miofascial y la Sarcopenia
No solo duelen las articulaciones; el tejido muscular y conjuntivo también cambia:
La fascia: La red de tejido conectivo que envuelve todos los músculos se vuelve más rígida y menos deslizable debido a la acumulación de colágeno entrecruzado [cross-linking, por glicación. NOTA: La glicación es un proceso químico natural y lento en el que los azúcares de la sangre se unen a las proteínas o lípidos del cuerpo sin la intervención de enzimas. Esto crea moléculas dañinas llamadas AGEs (Advanced Glycation End Products, productos finales de glicación avanzada) que endurecen y rompen fibras como el colágeno y la elastina].
Entumecimiento muscular: Al perder masa muscular (sarcopenia) y disminuir el flujo sanguíneo basal en reposo, el músculo mayor necesita más tiempo para "calentarse", recibir oxígeno y coordinar la contracción. Levantarse de la cama o subir escaleras exige una fuerza relativa mucho mayor para un músculo envejecido que para uno joven.
¿Por qué es un dolor "difuso y difícil de localizar"?
El dolor articular inflamatorio agudo (como un golpe o una artritis severa) suele ser punzante y bien localizado. En cambio, en este dolor del envejecimiento intervienen:
Receptores de estiramiento profundos: Proceden de la fascia y las cápsulas articulares, cuya representación en el cerebro es más imprecisa.
Procesamiento de la médula espinal: Como vimos al hablar del sistema nervioso periférico, la pérdida de densidad de ciertas fibras nerviosas sensitivas hace que la localización del estímulo sea menos nítida, percibiéndose como una "molestia generalizada en la espalda, caderas y piernas".
La paradoja del movimiento: Este cuadro explica por qué el sedentarismo es el peor enemigo del anciano. El reposo prolongado "oxida" las articulaciones al densificar el líquido sinovial y acortar la fascia; el movimiento —incluso ligero y progresivo— es el único mecanismo biológico capaz de redistribuir el lubricante articular, elevar la temperatura muscular y "desgelificar" el aparato locomotor.

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