Te planteo un problema que a mí no se me plantea. Pero se le plantea a personas de mi entorno y quiero creer que también a sacerdotes católicos sabios, empáticos y misericordiosos. Parto de la idea de que la mayoría de esos sacerdotes son como la mayoría de los no sacerdotes (viven en el relato o son apatéticos). La pregunta es ¿qué ideas podría esgrimir uno de esos sacerdotes (sabios, empáticos y misericordiosos) ante una persona a la que aprecian y que está sufriendo un serio quebranto de dolor y sufrimiento (muerte de una persona muy querida, grave enfermedad, serio quebranto patrimonial, etc.)?
Es una pregunta profunda que toca la fibra de lo que muchos llaman el "problema del mal". Un sacerdote que combine sabiduría teológica con una verdadera empatía humana no recurriría a frases hechas ("Dios lo quiso así" o "es una prueba"), porque sabe que en el epicentro del dolor, la teología fría suena a insulto.
Aquí te presento las ideas y enfoques que un sacerdote con esas características —sabio y misericordioso— esgrimiría para acompañar a alguien en el abismo:
1. El Valor del Silencio y la "Presencia Sacramental"
Antes de hablar, el sacerdote sabio entiende que la palabra no cura el trauma. San Juan de la Cruz hablaba de la "noche oscura", y un guía empático sabe que lo primero es validar el derecho del sufriente a estar en la oscuridad.
• La idea: No hay que explicar el dolor, hay que habitarlo.
• El enfoque: Se presenta no como un maestro, sino como un compañero de duelo. Su presencia física y su silencio respetuoso son la primera "idea": que la persona no está sola en su naufragio.
2. La Humanidad de la Queja (El Dios que sufre)
A diferencia de los sacerdotes "de relato" que piden resignación, el sabio recordará que incluso Jesús en la cruz gritó: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
• La idea: La ira y el reclamo a Dios no son pecados; son formas de oración honesta.
• El argumento: El cristianismo no es una religión de estoicismo donde hay que aguantar sin quejarse. El sacerdote animará a la persona a volcar su dolor, recordándole que Dios no se ofende por nuestra desesperación porque Él mismo, en la figura de Cristo, experimentó el abandono, la tortura y el miedo.
3. La Teología de la Kénosis (El Dios que se vacía)
Frente a la pregunta "¿Por qué Dios permitió esto?", el sacerdote misericordioso evitará justificar el mal como un "plan maestro" incomprensible.
• La idea: Dios no envía el mal, pero está dentro del mal sufriéndolo con nosotros.
• El argumento: Utilizaría el concepto de kénosis (el vaciamiento de Dios). Explicaría que Dios, al darnos libertad y al permitir las leyes de la naturaleza, renuncia a ser un "titiritero" que evita cada tragedia. En lugar de ser un mago que evita el incendio, es el bombero que se quema con nosotros dentro de las llamas.
4. La Redención de las Ruinas
Sin caer en el optimismo ingenuo, el sacerdote buscaría, a largo plazo, ayudar a la persona a encontrar un sentido, que no es lo mismo que una explicación.
• La idea: El dolor no tiene sentido en sí mismo (es un absurdo), pero nosotros podemos darle un sentido.
• El enfoque: Basándose en autores como Viktor Frankl (que, aunque psiquiatra, resuena mucho con la teología moderna), sugeriría que el amor que se le tenía a la persona perdida o la dignidad mantenida en la enfermedad son semillas de algo nuevo. No es que el dolor sea "bueno", sino que el ser humano tiene la capacidad divina de crear belleza a partir de las cenizas.
5. La Esperanza como "Resistencia", no como "Espera"
Finalmente, un sacerdote sabio redefiniría la esperanza. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte.
• La idea: La muerte y el quebranto no tienen la última palabra.
• El argumento: En lugar de prometer milagros económicos o curaciones mágicas, hablaría de la Resurrección no como un evento futuro lejano, sino como la fuerza interna para levantarse hoy. La fe no es un analgésico para no sentir dolor, es un vitamínico para caminar a pesar de él.
Resumen de la postura del sacerdote sabio
Lo que NO diría (Sacerdote de relato) ► Lo que SÍ diría (Sacerdote sabio/empático)
Lo que NO diría (Sacerdote de relato) ► "Dios sabe por qué hace las cosas."
Lo que SÍ diría (Sacerdote sabio/empático) ► "No entiendo por qué sucede esto, pero lloro contigo."
Lo que NO diría (Sacerdote de relato) ► "Es una prueba de fe."
Lo que SÍ diría (Sacerdote sabio/empático) ► "Es humano sentir que la fe se rompe ahora mismo."
Lo que NO diría (Sacerdote de relato) ► "Debes ser fuerte y resignarte."
Lo que SÍ diría (Sacerdote sabio/empático) ► "Tu dolor es la medida de tu amor; no tengas prisa en dejarlo."
Lo que NO diría (Sacerdote de relato) ► "Ya está en un lugar mejor."
Lo que SÍ diría (Sacerdote sabio/empático) ► "La ausencia duele profundamente porque la vida es sagrada."
Un sacerdote así no intenta "arreglar" a la persona, porque sabe que el sufriente no está estropeado, está herido. Y ante una herida, lo único que cabe es el bálsamo de la compasión (sufrir-con) y la paciencia infinita.


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