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sábado, 15 de octubre de 2016

Marc Angenot “El siglo de las religiones seculares: esbozo de historia conceptual” IV


http://marcangenot.com/.../Le_siecle_des_religions_politiques.pdf

La sacralización de la política, producto la propia secularización

La manera de construir el concepto es, por tanto, inseparable de la forma en que nos acercamos al gran paradigma acerca de la "lógica" evolucionista de la civilización occidental y los orígenes de la modernidad, paradigma en el que se enfrentan concepciones diferentes de la secularización y la desacralización. Dentro del dominio francófono habrá que volver al final de este ensayo a la síntesis de Marcel Gauchet, El desencantamiento del mundo: una historia política de la religión, historia de las metamorfosis de los divino cristiano en la «Era de las ideologías» y confrontarla con las tesis en sentido contrario de Régis Debray, que sostiene la ecuación LO POLÍTICO = LO RELIGIOSO, que recupera el paradigma de la Religio perennis, de la perennidad transhistórica del hecho religioso y de una antropología de la «incompletitud» humana. La idea de “religión secular” o “religión política” está en el corazón de una tesis típicamente antimoderna, que fue sostenida primero y principalmente por pensadores cristianos, recelosos respecto a la descristianización en curso y sus «efectos perversos». La tesis afirma que una sociedad que rechaza la trascendencia está condenada a elaborar religiones seculares que conducen al totalitarismo y el terror. El filósofo Waldemar Gurian, judío ruso convertido al catolicismo, procede en los años 1930 a teorizar esta noción de “totalitarismo”, colocando en el centro de este nuevo sistema de dominación a un grupo de ideólogos poseídos de una fe absoluta, la “religión totalitaria”: el Estado todopoderoso no sería un fin, sino un medio de realizar un proyecto quimérico, inhumano e inviable.26 Gurian no tuvo que ir demasiado lejos en busca de inspiración. Hay que recordar que esa fue ya la tesis de Dostoievski. En Los endemoniados Chatov y Piotr Verjovenski se postran a los pies de Stavroguin, el Hombre nuevo: el ateísmo conduce a la idolatría y la servidumbre voluntaria. La tesis de la aparición de religiones políticas que dinamizan la tiranía totalitaria ha facilitado a continuación el acercamiento entre las ideologías totalitarias en conflicto durante los años 1930; ha permitido a estos pensadores “espiritualistas” –en oposición frontal con el maniqueísmo “antifascista” de la izquierda– una aproximación sistemática entre la URSS y la Alemania nazi. No obstante la contigüidad ha inspirado también a pensadores liberales. Franz Borkenau en El enemigo totalitario27 presenta al comunismo y el nazismo como dos formas, aparentemente en conflicto pero fundamentalmente semejantes, de creencia escatológica y milenarista. Frederick Voigt, periodista del Manchester Guardian, publica en 1838 un ensayo de actualidad titulado Unto Caesar que se inicia con las palabras siguientes: «Nos hemos referido al marxismo y el nacionalsocialismo como religiones seculares. No son doctrinas opuestas sino fundamentalmente semejantes, tanto en sentido religioso como secular».28 Eric Voegelin en su Las religiones políticas, de 1939 –obra de la que se hablará a continuación más extensamente, puesto que desempeña un papel fundamental–  considera esencialmente idénticos al nazismo y el bolchevismo, tanto en sus doctrinas como en sus prácticas despóticas e inhumanas. Así pues no son sólo pensadores espiritualistas los que convergen en este concepto emergente e intentan convertirlo en un instrumento interpretativo, sino también demócratas racionalista. Así la idea de las religiones políticas como causa de la desgracia de los tiempos no podía dejar de seducir a un filósofo antirreligioso como Bertrand Russell: lo confirmaba en la tesis del carácter pernicioso de toda religión. «Creo que las grandes religiones del mundo -budismo, hinduismo, cristianismo, Islam y comunismo – son tan falsas como dañinas«Lo considero [al hecho religioso] como una enfermedad nacida del miedo y una fuente de profundo sufrimiento para la raza humana29 Desde 1920 Bertrand Russell apuntaba a la semejanza entre el bolchevismo y el Islam.30 (Ya anteriormente Alexis de Tocqueville había descubierto un parecido semejante entre el jacobinismo y el Islam). «El bolchevismo no es meramente una doctrina política; también es una religión con dogmas elaborados y escrituras inspiradas».31 Y extraía la conclusión de que si los comunistas se convertían todos en fanáticos religiosos, como se estaba viendo en aquel momento, mientras que los defensores del capitalismo seguían siendo racionales y escépticos, la victoria del bolchevismo serían inevitable.32 Russell no fue el único entre los racionalistas que dijo estas cosas. John M. Keynes escribió en 1925: «Como en el caso de las otras religiones nacientes el leninismo no deriva su poder de las multitudes, sino de un pequeño número de conversos entusiastas cuyo celo e intolerancia proporcionan a cada uno la fuerza de un centenar de indiferentes... Decir que el leninismo es la fe de una minoría de fanáticos perseguidos que se multiplican, dirigidos por hipócritas, es ni más ni menos que decir que se trata de una religión... Al igual que otras religiones nuevas, persiguen sin justicia ni piedad a los que se les resisten activamente33 En Francia Julien Benda denuncia en 1929 a estos “intelectuales/clérigos” del siglo que se han puesto al servicio de absolutos terrestres34: “El Estado, la Patria, la Clase son hoy francamente Dios; incluso se puede decir que para muchos (y bastantes se vanaglorian de ello) estos son el único Dios. La Humanidad, por su práctica actual de las pasiones políticas, pone de manifiesto que se vuelve más realista, más exclusivamente y más religiosamente realista de lo que jamás ha sido”. Así finaliza el capítulo segundo de La traición de los intelectuales.

Notas

26 Gurian distingue radicalement les mouvements et régimes totalitaires des régimes autoritaires ou tyrannies «classiques» comme ceux de Franco ou de Mussolini: ceux-ci n’ont précisément pas essayé de remplacer le christianisme par «une religion nouvelle».

27 London: Faber, 1939.

28 Frederick A. Voigt, Unto Caesar. London: Constable, 1938. Trad. Rendez à César. Paris: Calmann-Lévy, 1939, 37.

29 Bertrand Russell, Why I am not a Christian.[Causerie du 6 mars 1927] — And Other Essays on Religion and Related Subjects. Ed. with an Appendix on the Bertrand Russell Case by Paul Edwards. London: Allen & Unwin, 1957, xi et 18.

30 Russell, The Practice and Theory of Bolshevism. London: Allen & Unwin, 1920. Rééd. New York: Simon & Schuster, 1964

31 ibid., 8.

32 Ibid.

33 Écrit de 1925 repris dans Essays in Persuasion, New York, 1965, 4.


34 La trahison des clercs. Paris: Grasset, 1927.

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